Editorial: Obsesión con supuesto fraude electoral

El presidente Donald Trump parece estar convencido que él hubiera ganado la mayoría del voto popular en la elección de no haber sido por el sufragio ilegal de por lo menos tres millones de indocumentados
Editorial: Obsesión con supuesto fraude electoral
US President Donald Trump arrives in the Rose Garden of the White House following the House of Representative vote on the health care bill on May 4, 2017 in Washington, DC. Following weeks of in-party feuding and mounting pressure from the White House, lawmakers voted 217 to 213 to pass a bill dismantling much of Barack Obama's Affordable Care Act and allowing US states to opt out of many of the law's key health benefit guarantees / AFP PHOTO / MANDEL NGAN (Photo credit should read MANDEL NGAN/AFP/Getty Images)
Foto: MANDEL NGAN/AFP/Getty Images

Un panel  para estudiar la integridad electoral no es en sí una mala idea. El problema es cuando su misión es alentar una fantasía presidencia. Para ellos se pone al frente a un individuo reconocido por la supresión de la participación del votante.

El presidente Donald Trump parece estar convencido, equivocadamente como en tantos otros temas, que él hubiera ganado la mayoría del voto popular en la elección de no haber sido por el sufragio ilegal de por lo menos tres millones de indocumentados.

El mandatario, como lo había anticipado, nombró la Comisión Presidencial sobre Integridad Electoral, en este caso para demostrar lo inexistente. A su cargo puso al secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, además del vicepresidente Mike Pence.

Kobach es el indicado para cumplir el deseo de Trump de unir los indocumentados a un supuesto fraude electoral en su contra. Es difícil hallar alguien que haya sido más controversial tanto en promover medidas antiinmigrantes como leyes para restringir la participación del votante.

Las credenciales de Kobach para este puesto es asegurar que hay 115 casos conocidos en Kansas de no ciudadanos que quisieron votar, que estos son “la punta del témpano” y que hay hasta 18,000 casos similares en la lista electoral o intentando registrarse para votar.

Este tipo de afirmaciones le hicieron ganar a Kobach en 2015 la autoridad para ser el único secretario de Estado de todo el país para llevar a juicio los casos de fraude electoral.

La realidad fue distinta a las palabras.

Kobach logró enjuiciar ocho personas entre 1,788,673 votantes, siete de ellos por votar en dos Estados distintos. Solo uno fue un residente legal peruano que fue descubierto al nacionalizarse estadounidense que había  votado antes.

El resultado de Kansas refleja la verdad de las denuncias del fraude.

Los casos son minúsculos como para ameritar la importancia que se le quiere dar. Lo confirma el banco de datos con más de 400 casos sobre fraude electoral del conservador de Heritage Foundation.

En varios Estados de mayoría republicana como Alabama, Carolina del Norte, Texas y Wisconsin se usa esta excusa para complicar el acceso a la urnas de las minorías, ayudados por un fallo de la Corte Suprema de Justicia.

La misión de la Comisión es estudiar las “vulnerabilidades” del sistema electoral. En el voto por correo es donde se produce la mayor cantidad de problemas. Eso también se refleja en el análisis del Heritage, pero no será investigado seriamente porque es la manera de votar preferida por los conservadores.

Los demócratas suelen respaldar el voto en las urnas elegido por las minorías y los más humildes, mientras que los republicanos quieren que el voto por correo sea el que tenga más peso.

La Comisión nació con el fin de promover una mentira: los indocumentados le costaron el voto popular a Trump. Aquí el fraude es el que se quiere cometer con su creación.