Editorial: La credibilidad del Presidente

Con la situación mundial tan delicada, la desconfianza hacia Trump empeora las cosas para Estados Unidos
Sigue a La Opinión en Facebook
Editorial: La credibilidad del Presidente
El presidente Trump.
Foto: Olivier Douliery-Pool/Getty Images

La falta de credibilidad del Presidente Donald Trump es un problema muy serio para los republicanos y los estadounidenses. Gobernar es muy difícil cuando no se tienen aliados, y es muy complicado tener aliados cuando no se puede establecer un mínimo de confianza.

No se puede decir que el neoyorquino llegó a la Casa Blanca con un gran caudal de confianza general. Los sondeos de opinión señalaban antes de la elección que el temperamento -con todo lo que eso abarca- era su debilidad.

Ya en el gobierno, durante esos 200 días, mostró en repetidas ocasiones su tendencia a la exageración, numerosas inconsistencias en su manera de pensar y, por qué no decirlo directamente, una afinidad a la mentira en cuanto a describir hechos que no son así y que nunca lo fueron.

Ese el resultado de una operación presidencial de las comunicaciones ocupada en explicar y defender las declaraciones y las tormentas que desde Twitter desencadena el Jefe de Estado, queriendo ajustar a quienes lo critican.

Si esta situación es un desgaste de energía en la Casa Blanca, en el Congreso es una moderada tranquilidad para la oposición demócrata y una pesadilla para la conducción republicana.

Trump fue electo por su postura de ser un neófito político, que a regañadientes de la estructura partidaria, ganó la nominación y la presidencia.

Ya en el poder, con una mayoría en el Congreso, el trabajo del presidente era crear alianzas trabajando con los legisladores. Hoy hay una cantidad significativa de gente que desconfía del mandatario.

El entusiasmo que dejó la exultante celebración en la Casa Blanca al aprobarse una ley de salud en la Cámara de Representantes, pasó a sentirse como traición cuando más tarde el Presidente le dijo a los senadores que esa misma ley era “mezquina”.

Hay un sector de la base política de Trump que le es incondicional, la que todavía cree que lo más valioso de Trump es decir lo que piensa sin tapujos. Hay otros que no son tanto. Ese es un dato que los legisladores toman como debilidad para no temer tanto al Presidente.

La buena noticia es que hay una creciente cantidad de legisladores republicanos, conservadores y moderados, que están reconociendo que Trump es un ególatra sin más ideología que él mismo. El mejor favor que le pueden hacer a su partido es despegarse del mandatario.

Eso puede ayudar a la credibilidad republicana, pero no a la del presidente. Ese un problema monumental, especialmente cuando la situación mundial es tan delicada.

Hoy las tensiones con Corea del Norte son motivo de preocupación por las noticias, pero aún más por la profunda desconfianza hacia Trump de que diga la verdad en una crisis.