Dos soluciones para acabar con el acoso sexual en el trabajo

Se necesitan más mujeres en las empresas y más en puestos directivos

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Dos soluciones para acabar con el acoso sexual en el trabajo
El movimiento #MeToo (#YoTambién) muestra lo extendido del acoso sexual./Shutterstock

Sally Krawcheck, llegó a puestos de gestión en dos grandes bancos, Citi y Bank of America. Recientemente contó en el podcast Marketplace además de su newsletter en Ellevest, la empresa de planificación financiera para mujeres que fundó, cómo sintió el acoso sexual desde que empezó a trabajar.

Uno de sus primeros días en Wall Street, se encontró en su mesa fotocopias de genitales masculinos, algo que habla no solo del ambiente de acoso sino también de la inmadurez de quienes lo hicieron.

Cuando ya tuvo un alto puesto otro hombre dentro de la industria, pero no en su empresa, se sobrepasó con ella, le dió un beso sin su consentimiento y le hizo proposiciones sexuales en un ambiente profesional.

Cuando tiempo más tarde el presidente de su empresa dijo que iba a contratar a este hombre, ella fue a hablar a su despacho para advertirle de la actitud del individuo. Krawcheck dijo que si le contrataba “presentaría mi renuncia y diría por qué. Porque sería un depredador en la empresa”, explicó a su jefe. El hombre, no identificado, no fue contratado.

Estas y otras historias no dejan de oírse estos días después de que se destaparan los casos de acoso sexual del famoso productor Harvey Weinstein a mujeres con alto perfil en la industria del entretenimiento. También se ha conocido a otras mujeres que vieron como sus carreras se acababan antes de nacer, por el desproporcionado y vengativo efecto del abuso de poder de Weinstein.

Las noticias de Hollywood han destapado más casos en la industria del entretenimiento, los medios de comunicación, el arte y la política, además de recordar el problema en el mundo de las finanzas y lo crónico que es en el de la alta tecnología.

Son casos que dan idea de lo arraigado y expandido de la situación que sufren, sobre todo, las mujeres que están hablando ya con menos miedo de las distintas maneras en que existe el acoso y la discriminación laboral.

Lamentablemente no es un problema nuevo. En los años setenta tras una demanda de una empleada de la EPA por acoso se consideró que este era una violación de los derechos civiles pues era una forma de discriminación por razón de género. El caso de las denuncias al entonces candidato a juez del Tribunal Supremo por parte de Anita Hill, dio relevancia a estos casos en los noventa.

Las empresas crearon cursos para encauzarlo y programas para gestionar las quejas.

Pese a ello las acusaciones de acoso en la Comisión de Igualdad de Oportunidad en el Empleo (EEOC, en sus siglas en inglés) se duplicaron entre la década de los noventa a 2000 y han seguido subiendo.

Ahora que parece que este comportamiento empieza a tener repercusiones para sus perpetradores la pregunta es ¿cómo acabar con ello?

Los profesores de sociología Frank Dobbin y Alexandra Kalev de las universidades de Harvard y Tel Aviv, respectivamente, publicaron en Harvard Business Review este mes que la solución está en “contratar y promocionar a más mujeres”.

Con ello, explican ambos profesores “se acaba con las dos raíces del acoso”.

Dobbin y Kalev explican que el acoso encuentra un terreno fértil en los lugares de trabajo donde los hombres dominan la gestión y las mujeres tienen poco poder y en organizaciones donde hay pocas mujeres que tengan empleos clave.

Según lo que han observado estos profesores, cuando hay muchos hombres en posición de gerencia “hay un ambiente de mayor tolerancia o incluso existe la expectativa de un trato sexualizado de los empleados, que puede dar lugar a una cultura de la complicidad”.

Para estos expertos, reducir el diferencial de poder puede ayudar “no solo porque es más infrecuente que las mujeres acosen sino porque además su presencia en la gestión puede cambiar la cultura del lugar de trabajo”.

Melinda Gates, co presidenta de la Fundación Bill & Melinda Gates, decía recientemente a The New Yorker que la asimetría en el poder “permite el abuso”.

Pero, además, no es una cuestión de autoridad y jerarquía que se solucione promocionando mujeres, sino también de números. Las mujeres bombero, policía, en la construcción en la industria de las tecnologías, publicidad, periodismo e incluso la academia “son frecuentemente acosadas porque son minoría”, explican.

La solución es que no sean minoría. Hay que contratar a más.

Los otros efectos

Según los profesores de sociología Frank Dobbin y Alexandra Kalev,

  • Las mujeres suelen abandonar los puestos de trabajo en los que hay acoso sexual y no se hace nada para combatirlo
  • Los hombres que tienden a acosar ven reforzada su actitud después de los entrenamientos contra ello
  • Al menos a un tercio de las mujeres que denuncian ante la EEOC se les rebaja la categoría salarial, se les traslada a otros trabajos, se las echa o se les sigue acosando en distintas maneras.
  • Cuando se establecen procedimientos para quejas cae el número de mujeres negras, latinas o asiáticas empleadas. No es el caso de las blancas porque suelen estar en posiciones senior.
  • Los acuerdos multimillonarios por casos de acoso no detienen el comportamiento del acosador.