Una carta al Papa de una víctima reaviva el escándalo Barros

Le fue entregada en 2015 a Francisco, que había defendido al obispo acusado de encubrimiento
Una carta al Papa de una víctima reaviva el escándalo Barros
Papa Francisco
Foto: EFE

Por Elisabetta Piqué

La revelación de una carta enviada al Papa volvió a complicar ayer al obispo de Osorno, Juan Barros, acusado de encubrimiento de abusos sexuales y desde hace una semana objeto de una investigación del Vaticano a cargo del arzobispo Charles Scicluna, uno de los máximos expertos del Vaticano en pedofilia.

La misiva, dirigida a Francisco, fue escrita en marzo de 2015 por Juan Carlos Cruz, una de las víctimas más conocidas del sacerdote chileno Fernando Karadima, condenado en 2011 por abusos sexuales.

El cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston y presidente de la Comisión para la Tutela de Menores (CTM), se la entregó en mano a Francisco en abril del mismo año, según aseguraron a la agencia AP el autor de la misiva y miembros de la CTM. La gran pregunta es si Francisco llegó a leerla.

En el texto, de ocho páginas, Cruz expresa su shock ante la designación en Osorno de Barros, sacerdote del grupo de Karadima, a quien acusa de haber encubierto sus abusos. “Santo Padre, me animé a escribirle esta carta porque estoy cansado de pelear, llorar y sufrir”, escribe Cruz, que detalla no solo el encubrimiento de Barros, sino el maltrato sufrido por parte de la cúpula eclesiástica chilena.

Barros “estaba cerca y a veces parado a nuestro lado cuando Karadima nos abusaba. Incluso, Santo Padre, era tocado en forma muy inapropiada por Karadima, le daba besos y golpecitos en los genitales y él le correspondía”, escribió Cruz.

“Sin embargo, ha mantenido una férrea defensa de Karadima”, denuncia.

La aparición de la misiva dejó en una posición incómoda a Francisco, que hace unas semanas, en la conferencia de prensa en el avión que lo trajo de regreso de América Latina, manifestó desconocer la existencia de “evidencias” del encubrimiento de Barros, a quien hasta ese momento defendió.

El caso Barros opacó su reciente visita a Chile, del 15 al 18 de enero. Allí no solo causó revuelo que este cuestionado obispo asistiera a las misas masivas oficiadas, sino que indignó que Francisco lo respaldara públicamente en Iquique, donde fue abordado por la prensa.

En la tradicional conferencia de prensa en pleno vuelo, al margen de insistir en la inocencia de Barros, el Papa reveló haber rechazado dos veces su renuncia.

Al mismo tiempo, sorprendió al pedirles perdón a las víctimas si las había herido con una frase poco feliz, en Iquique, cuando les exigió “pruebas”, en lugar de “evidencias”. Y se mostró totalmente desinformado en cuanto a la existencia de “evidencias” presentadas por víctimas como Juan Carlos Cruz.

“Yo no las he visto, no se han presentado”, dijo, ante la pregunta de una periodista. “Encubrir un abuso es abuso. Si honestamente creen que es así, aportar las evidencias rápido. Yo no creo que sea así, porque no hay evidencias. Pero tengo el corazón abierto”, agregó.

El martes último, en un giro de 180 grados con el cual demostró que ya no está tan seguro de la inocencia de Barros y que quiere realmente ir a fondo de una cuestión que afecta su credibilidad, Francisco anunció que enviará en misión especial al arzobispo Scicluna, para escuchar a las víctimas. La virtual marcha atrás del Papa causó alivio en sectores católicos chilenos, que comentaron que es “mejor tarde que nunca”.

Pero la salida a la luz, ayer, de la de carta que le fue entregada en 2015 por el cardenal O’Malley volvió a causar revuelo. El Papa, que recibe miles de cartas por día, ¿nunca llegó a leerla?

Encuentro con Erdogan

En otro orden, en medio de una capital blindada y protestas de grupos prokurdos, Francisco recibió ayer en el Vaticano al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. En un encuentro de 50 minutos, el Papa insistió sobre la necesidad de paz y justicia en Medio Oriente, donde la explosiva cuestión del estatus de Jerusalén fue uno de los temas abordados.

En este punto, los dos líderes comparten una posición común, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció su intención de trasladar allí su embajada.