Los Ángeles saboreó los sonidos del futbol y el manjar visual del palacio del LAFC

La apertura oficial del Estadio Banc of California fue una fiesta que promete repetirse muchas veces
Los Ángeles saboreó los sonidos del futbol y el manjar visual del palacio del LAFC
El ambiente no pudo ser mejor en el primer juego del LAFC en su nuevo estadio.
Foto: Ricardo López

Los Ángeles .- Tal vez nadie pueda recordar la última vez que un estadio profesional en la ciudad de Los Ángeles tuvo su gran apertura. Esto es porque fue hace 56 años, cuando Dodger Stadium abrió sus puertas.

Pero la fiesta inaugural del Estadio Banc of California fue a todas luces perfecta: una tarde gloriosa de primavera angelina, el ambiente inmejorable, un público ansioso por ver hacerse historia en la impecable cancha y un partido que, aunque poco espectacular, mantuvo a todos al filo de la butaca.

A los colores negro y oro que dominaron el escenario de 350 millones de dólares se les sumaron los sonidos del futbol, esos que convierten al deporte más popular del mundo en una celebración apasionada y a veces con corte religioso. Esto último comprobado el domingo si se estaba cerca de la barra “3252”, que tiene su propia tribuna detrás de la portería norte.

Este grupo estuvo atado al proyecto del LAFC desde hace tres años y medio. Esperó pacientemente al primer juego y sus integrantes no se quedaron con las ganas de gritarlo.

Esta es la ruidosa barra '3252', desde ya un emblema del LAFC.
Esta es la ruidosa barra ‘3252’, desde ya un emblema del LAFC.

Banderas de los países de los jugadores del club, humo negro y oro, y una fiesta contagiosa desde antes del primer silbatazo. Comportamiento ejemplar. No pareció haber un solo inconveniente.

Mientras las autoridades de la MLS proclamaban en las alturas que no hay un mejor estadio de futbol en el país –y ni siquiera en otro país para inmuebles del tamaño del Banc of California–, cada aficionado disfrutó del manjar visual.

Justo antes de que saltaran los equipos a la cancha, cuatro paracaidistas aterrizaron sobre el rectángulo verde. Unas llamaradas salían de los bloques gigantes en forma de letras (L, A, F, C) a la altura del medio campo, y con papel brillante que fue puesto sobre secciones alternadas de los graderíos, la afición le dio forma a un mosaico negro y oro.

El himno nacional no requirió de intérprete. La bandera de Estados Unidos fue extendida cerca de la tribuna de la porra fiel y sus integrantes soltaron eso que les sobra: pulmón, y entonces todo el estadio se enganchó. ¿Planificado o improvisado? No se supo, pero salió perfecto.

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Cuando el juego se acercaba al final y el gol no llegaba ya entrada la noche, a algunos aficionados se les ocurrió la idea de rescatar sus papeles dorados, y el estadio brilló otra vez, ahora por el reflejo de las lámparas, acompañado de un bullicio que era como un zumbido de abejas, mientras desde las alturas se observaban, sobre el techo del estadio, los espectaculares rascacielos del downtown.

Los rascacielos del centro de L.A. desde lo alto del Estadio Banc of California.
Los rascacielos del centro de L.A. desde lo alto del Estadio Banc of California.

El juego del futbol, en sí, llama. Cuando es en un gran escenario, cautiva. Los futbolistas lo saborearon también.

“Ya lo pueden ver: por dentro es el mejor estadio que he visto. Si tú estás afuera crees que es todo menos un estadio”, dijo Carlos Vela, la estrella mexicana del LAFC. “La afición estuvo increíble, cantando de principio hasta el final, obviamente ayudan un poco los mexicanos que estaban en la grada y siempre le ponemos un poquito más de ambiente”.

Augusto, como otros 20,000, se puso los colores negro y oro del LAFC.
Augusto, como otros 20,000, se puso los colores negro y oro del LAFC.

El contenido y portentoso grito de gol hizo explosión a los 93 minutos. Ganó el LAFC para que la fiesta pudiera darse por redonda. El primer capítulo de esta nueva era del deporte angelino ha comenzado con la promesa, y certeza, de muchas noches inolvidables.