Aumenta el uso de drogas psiquiátricas en las cárceles de California

El número de reclusos en California que reciben medicinas psiquiátricas aumentó 25% en cinco años
Aumenta el uso de drogas psiquiátricas en las cárceles de California
Imagen de las celdas en la cárcel central de hombres del condado de Los Ángeles.

El número de reclusos en las cárceles de California que toman medicamentos psiquiátricos aumentó aproximadamente 25% en cinco años, y ahora representa a alrededor de un quinto de la población carcelaria de los 58 condados, según un nuevo análisis de datos estatales.

El aumento podría reflejar el creciente número de presos con condiciones mentales, aunque también podría derivarse de una mejor identificación de las personas que necesitan tratamiento, dicen investigadores de California Health Policy Strategies (CHPS), una firma de consultoría con sede en Sacramento.

En medio de una escasez severa de camas psiquiátricas y tratamiento comunitario, en el estado y en toda la nación, las
cárceles se han convertido en repositorios de personas en medio de agudas crisis de salud mental.

El número de personas con condiciones mentales en cárceles y prisiones a través de Estados Unidos es “astronómico”, dijo  Michael Romano, director del Three Strikes and Justice Advocacy Project en Stanford Law School, quien no participó en la investigación. “En muchos sentidos, todo el sistema judicial está abrumado por la enfermedad mental”.

El problema se agrava

En California, el problema se agravó en las cárceles de los condados cuando comenzaron a recibir un flujo de presos de prisiones estatales, como resultado de una orden judicial federal para aliviar el hacinamiento en las prisiones. En 2011, la Corte Suprema de Estados Unidos ordenó a California que redujera la población de presos encerrados en instituciones estatales debido a la sobrepoblación, que se vincula a la mala atención médica y de salud mental y que constituye, según el juicio de la corte, un castigo cruel e inusual.

 

La farmacia de la cárcel central de hombres del condado de Los Ángeles. (Heidi de Marco/KHN)

Tres años más tarde, una propuesta estatal reclasificó algunos delitos graves como ofensas menores, por lo cual los inculpados fueron a las cárceles del condado en lugar de a las prisiones estatales.

El nuevo análisis, basado en datos de encuestas de 45 de los 58 condados de California, abre una ventana para ver cómo el estado está lidiando con esta afluencia de reclusos. “Creemos que ésta es la primera parte de una discusión más sistemática sobre lo que está sucediendo en las cárceles y en la comunidad en general con respecto a la salud mental”, dijo David Panush, coautor del informe de CHPS, financiado en parte por la California Health Care
Foundation. (California Healthline es una publicación editorial independiente de California Health Care Foundation).

En todo California y en todo el país, muchas más personas con enfermedades mentales están alojadas en cárceles y prisiones que en hospitales psiquiátricos. Eso plantea desafíos bien documentados: la capacitación insuficiente del personal y el tratamiento de los pacientes han contribuido a los suicidios de reclusos, la automutilación, la violencia y otros problemas.

Una queja entre los defensores de los pacientes con trastornos mentales ha sido el acceso deficiente a las recetas psiquiátricas para tratar afecciones como la esquizofrenia y el trastorno bipolar. Los medicamentos incluyen antipsicóticos, antidepresivos, drogas contra la ansiedad y otros.

Funcionarios de cárceles en California dicen que están tratando de identificar mejor a los reclusos que podrían beneficiarse de estas drogas. Las cifras sugieren que puede estar funcionando. De acuerdo con el análisis, un promedio de 13,776 reclusos en los 45 condados de California tomaba medicamentos psicotrópicos en 2016-2017, frente a los 10,999 de hace cinco años. Pero la proporción de reclusos que toman medicamentos psicotrópicos varía ampliamente
según el condado, del 8% en Glenn al 32% en Sonoma y Napa, según el análisis. El informe se basa en datos de la Junta de Correcciones Estatales y Comunitarias, una agencia estatal independiente.

Los Ángeles

En el condado de Los Ángeles, cuyas cárceles han sido descritas como la institución mental más grande del país, alrededor del 30% de los 18,000 reclusos padecen enfermedades mentales y la mayoría de los diagnosticados toman medicamentos, dijo Joseph Ortego, jefe de psiquiatras de los servicios de salud correccional en el condado de Los Ángeles.

Aunque algunos todavía se pierden en el proceso del triaje, dijo, las cárceles del condado han mejorado la identificación y el tratamiento de los reclusos – y han ampliado la dotación de personal como parte de un acuerdo de 2015 con el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El departamento había alegado que la atención de salud mental y la prevención del suicidio en las cárceles eran inadecuadas.

Según algunos expertos, es probable que no se receten los medicamentos psiquiátricos lo suficiente en las cárceles. “Se necesitan suficientes profesionales de salud mental para tratar a la gran cantidad de personas con enfermedades mentales en las cárceles”, dijo H. Richard Lamb, profesor emérito de psiquiatría de la Facultad de Medicina de USC.

Estos medicamentos se encuentran entre las partes más críticas del tratamiento psiquiátrico, y “probablemente no sean suficientes”.

Sin embargo, algunos defensores de las personas con enfermedades mentales advierten que a veces las drogas se recetan de manera inapropiada. Ron Honberg, asesor principal de políticas de la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales, dijo que porque las cárceles tienen recursos limitados para el tratamiento, es posible que en algunos casos los funcionarios administran medicamentos psiquiátricos “para mantener a las personas calmas y serenas”.

Zima Creason, presidenta y directora ejecutiva de Mental Health America of California, dijo que los medicamentos, aunque necesarios a veces, no son un sustituto por la atención integral para los reclusos.

“Es lamentable, pero simplemente les tiran un montón de pastillas porque no hay nada más”, dijo. Las cárceles también
necesitan proporcionar terapia individual y grupal, más tiempo fuera de las celdas y suficiente tiempo de recreación, agregó. “La cárcel no es el lugar propicio para una recuperación real”, dijo. “Nunca vamos a reducir los números a menos que proporcionemos un entorno terapéutico”.

Al igual que las personas afuera, los reclusos pueden estar sujetos a tratamiento involuntario de drogas, pero solo si un tribunal lo considera apropiado, dijeron las autoridades.

Los medicamentos son importantes, pero no son “la respuesta a todo”, dijo Ortego, del condado de Los Ángeles. “Todavía tenemos que ser éticos y apropiados y hacer lo correcto para el paciente, y no solo medicarlo”. Dijo que el condado también ofrece atención hospitalaria y ambulatoria individualizada, así como grupos de tratamiento y educación. Pero remarcó que las cárceles no tienen suficientes patios para hacer ejercicio, o espacios para terapia.

Otros funcionarios de la cárcel del condado, incluido Alfred Joshua, director médico del Departamento del Sheriff en el condado de San Diego, dijeron que la afluencia de reclusos con trastornos mentales y la creciente necesidad de drogas psicotrópicas se debe a la falta de recursos para los pacientes viviendo en la comunidad. “Cuando se exacerba la enfermedad mental, muchas veces entran en contacto con la policía”, dijo.

Rebecca Cervenak, abogada de Disability Rights California, que ha investigado en repetidas ocasiones las condiciones carcelarias, dijo que se necesita más inversión en los programas para referir a los delincuentes a tratamiento en lugar de enviarlos a la cárcel.

Algunos de los cargos más comunes por los cuales las personas con trastornos mentales terminan en la cárcel son los delitos de drogas y las violaciones a la libertad condicional. A los que a menudo no tienen hogar se los acusa ​​de mendigar, orinar en público y delitos relacionados. Los reclusos con enfermedades mentales también suelen permanecer encarcelados durante más tiempo que otros, en parte debido a la dificultad para seguir las reglas y para hacer frente al entorno atestado o caótico.

Reos en una cárcel de California.

 

Un caso

Edward Vega, de 47 años, estaba tomando medicamentos para su trastorno bipolar y esquizofrenia, pero se había agotado cuando fue arrestado en agosto de 2017 bajo sospecha de posesión de drogas.

Fue condenado y pasó cinco meses en la cárcel del condado de San Diego. Cuando llegó a la cárcel, no podía calmar las voces en su cabeza y sentía que estaba perdiendo el control, contó. “Sabía que si no tenía mi medicación, iba a lastimar a alguien”, dijo Vega.

Una semana después de su arresto, agredió a otro preso y terminó en aislamiento, lo que solo lo hizo sentirse peor, contó Vega.

Finalmente, dijo, un médico recetó medicamentos que lo ayudaron.

Ahora, tres meses después de su liberación, casi ha vuelto a la normalidad. “La medicación no ha eliminado totalmente las voces, pero puedo diferenciar la realidad de la ficción”, dijo Vega.

Además de tratar de mejorar el tratamiento dentro de las cárceles, los funcionarios del condado de Los Ángeles y San Diego dicen que están trabajando más codo a codo con las organizaciones comunitarias para garantizar que los reclusos con enfermedades mentales reciban los servicios que necesitan después de su liberación.

Vega dijo que un grupo comunitario local, Neighborhood House Association, ayudó en su caso, asegurándose que obtuviera medicamentos y otro tratamiento. “Sin la medicación, probablemente estaría de nuevo en la cárcel”, dijo.

Esta historia fue producida por Kaiser Health News, un programa editorial independiente de Kaiser Family Foundation.