Inmigrantes mutilados crean grupo de apoyo en L.A.

El caer de La Bestia no los frena; su primera reunión para la comunidad es hoy sábado
Inmigrantes mutilados crean grupo de apoyo en L.A.
Hernández y Murillo cuentan lo difícil que ha sido su vida luego de accidentarse en La Bestia camino a EEUU. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinion

Benito Murillo era panadero de profesión, pero la pobreza y la necesidad de mantener a sus tres hijos lo impulsaron a dejar su pueblo de El Progreso, en Honduras, y emprender un viaje hacia el Norte.

Y así, como muchos miles de inmigrantes centroamericanos, llegó a México, donde sin dudarlo mucho se subió al tren de carga —conocido como La Bestia— que lo llevaría hasta la frontera con Estados Unidos.

A sus 33 años ignoraba la tragedia que lo acechaba. Poco después de haber abordado, y cuando iban pasando el pueblo de Tonalá en Chiapas (México), Murillo cayó del tren.
“Estuve tirado ahí en la vía por unas seis horas hasta que alguien pasó y le habló a la Cruz Roja”, recordó este hombre quien ahora tiene 47 años. “El tren me mutiló mi brazo y mi pierna [izquierdos]”.

Al despertar a su terrible realidad creyó que su vida había terminado.

“Uno piensa en los hijos que se quedaron, uno piensa que ya no sirve para nada”, aseveró Murillo, quien estuvo 11 meses hospitalizado y después fue devuelto a su natal Honduras.

En su país vivió en carne propia la discriminación por su discapacidad. “No le dan a uno trabajo, lo único que miran son las muletas o la silla de ruedas”, recordó.

Esta impotencia de no poder hacer nada durante varios años lo motivó a intentar entrar a Estados Unidos nuevamente en 2017. Él sabía que aquí hay más oportunidades para personas con discapacidades.

El trayecto fue largo y pesado, contó. “Es mucho camino y para mí era difícil por que me canso con las muletas”, dijo el hondureño. “Sí, tenía miedo”.
Una vez en la garita fronteriza de Estados Unidos pidió asilo y tras cinco meses de permanecer en un centro de detención fue dejado en libertad para poder luchar por su caso.

(De izq. a der.) El inmigrante hondureño José Luis Hernández, Dolores Hernández y Benito Murillo, hablan de la creación del grupo de apoyo. / Foto: Aurelia Ventura.

Una vez en la garita fronteriza de Estados Unidos pidió asilo y tras cinco meses de permanecer en un centro de detención fue dejado en libertad para poder luchar por su caso.
Una vez en Los Ángeles, se reunió con otro compatriota quien había pasado por la misma desgracia.

José Luis Hernández tenía 17 años cuando decidió emprender el viaje hacia el Norte para alejarse de la violencia y en busca de un mejor empleo. Sin embargo, al pasar por Chihuahua (México) se cayó del tren La Bestia.

“El tren mutiló mi pierna y brazo [derechos] y parte de mi mano [izquierda]”, dijo el centroamericano de 32 años. “Estuve dos años internado en México y después fui deportado a Honduras”.

Regresar a su país, cuenta, fue denigrante. No solamente había regresado de nuevo a la violencia y a la pobreza, sino que había sido mutilado.

“Extraño poder jugar futbol y la música. Yo tocaba la guitarra”, dijo Hernández, quien era pintor de casas.

Comienza su activismo

En su lucha por no dejarse vencer, en 2015 Hernández lideró un viaje hacia Estados Unidos con un grupo de 10 connacionales, todos mutilados, para llegar hasta la Casa Blanca. Murillo también fue parte de la caravana.

“Mi enfoque era llegar a Washington [D.C.] para hablar con el presidente [Barack] Obama y hacer algo por frenar la inmigración”, explicó Hernández. “Que vean la triste cara de la migración forzada”.

Al pasar de los años y tras compartir su historia con un sin número de personas, Hernández se dio cuenta que hay muchos más inmigrantes discapacitados que no reciben la ayuda necesaria. Tal vez por la falta de información o por la falta de documentos legales.

“Es difícil para nosotros poder ir a organizaciones y que nos digan ‘sí, existen programas de ayuda pero usted necesita al menos cuatro años como residente legal’, cuenta Hernández.“Yo viví en carne propia eso y por eso queremos ver si podemos acceder a las
autoridades”.

Muchos de estos inmigrantes son trabajadores que tal vez cayeron de algún techo haciendo trabajos de construcción o de algún árbol mientras fungían como jardineros.

Hernández y aliados comenzaron el grupo de apoyo “Inmigrantes con discapacidades del Condado de Los Ángeles”. Su meta es mantener un espacio seguro para que personas con discapacidades físicas o mentales puedan acceder a los recursos necesarios para vivir una vida plena.

El grupo está integrado por representantes del campo religioso, organizaciones comunitarias e individuos que viven marginados a causa de una discapacidad. Entre las organizaciones destacan JOVENES Inc. y la Iglesia Histórica de la Epifanía bajo el liderazgo del padre Richard Estrada.

El grupo cuenta con el apoyo del padre Richard Estrada (c), líder de la Iglesia Histórica de la Epifanía. / Foto: Aurelia Ventura.

El padre Estrada dijo que conocer a este grupo de personas es ver la cara de la motivación y que sin importar su tragedia ellos tienen fe y luchan por salir adelante.

“Su historia da animo a otros inmigrantes que sufren por diferentes casos. Por ejemplo los trabajadores de aquí que se caen en sus trabajos, se quiebran la espalda y ya no pueden trabajar”, recalcó el padre Estrada. “A veces las aseguradoras les dan un poco de dinero pero ya nadie los vuelve a contratar”.

Con el afán de proveer ayuda y experiencia personal Dolores Hernández, de 57 años, se unió al grupo. Desde los 40 años ella sufre de reumatismo y su pierna derecha esta completamente debilitada, lo que la ha forzado a usar una silla de ruedas.

“Yo pasé por la experiencia de no saber que hacer en mis circunstancias pero hay mucha ayuda llamando al 211”, dijo Hernández de origen mexicano. “Ahora quiero ayudar a otras personas”.

Primera reunión este sábado

Hernández dijo que hoy sábado a partir de las 10 de la mañana darán a conocer oficialmente por primera vez el grupo de apoyo liderado por cinco miembros. Los participantes invitados tendrán la oportunidad de conocerse y saber un poco más acerca de la discapacidad de los presentes.

Hoy sábado es la primera reunión y hay otra el 25 de agosto. / Foto: Aurelia Ventura.

Esto también les ayudará mental y emocionalmente ya que los inmigrantes con discapacidades también enfrentan secuelas post-traumáticas como el miedo y la ansiedad, así como otros problemas de salud física y mental. La mayoría viven en el desamparo y bajo un estigma social.

“Queremos ayudar a crear un ambiente de confianza y evitar prejuicios, algo que permita a las personas a sacar lo que llevan dentro y recuperar la calma”, dijo el doctor Julio Celada, psicólogo y psiquiatra, quien ha decidido participar con el grupo.

“Lo más motivador de las personas sin extremidades es que se las ingenian para moverse. Esto las convierte en ejemplos para personas que tienen todo”, aseguró el doctor.

Hernández dijo que el objetivo del grupo eventualmente es poder comunicarse con autoridades locales y federales para pedir la ayuda necesaria para los discapacitados sin importar estatus legal.

“Quisimos hacer este grupo para ayudar a todos sin importar la nacionalidad, solo saber que lo que nos une es el mismo mal y queremos conocer nuestros derechos y hacer un llamado a las autoridades para ayuda”, dijo Hernández.

Los organizadores dijeron que adicionalmente el sábado 25 de agosto a partir de las 9 de la mañana se realizará una Feria de Recursos para los inmigrantes con discapacidades abierta al público y sobre todo a personas con discapacidades.

Ambos eventos se llevaran a cabo en y frente a la iglesia Epifanía localizada en 2808 Altura Street, Los Ángeles 90031.

Para más información llame al (213) 798-7070 o (830) 282-9251.