Inmigrante detenido narra su cautiverio en Theo Lacy

De acuerdo a su narrativa, no parecen haber mejorado las condiciones en ese centro de detención ; ICE dice cuidar de las personas que tienen en custodia
Inmigrante detenido narra su cautiverio en Theo Lacy
Siguen las quejas contra las instalación de Theo Lacy en el condado de Orange. (AFP PHOTO / Robyn Beck (Photo credit should read ROBYN BECK/AFP/Getty Images)

Francisco Javier Castillo Castillo, un inmigrante oxaqueño detenido en las instalaciones carcelarias Theo Lacy del condado de Orange desde enero, dice que ni a la peor persona, le desearía lo que vive en ese centro de detención para inmigrantes.

En una extensa carta enviada a La Opinión, narra lo que ha vivido desde su detención ocurrida en San Luis Obispo, el 31 de enero.

“Cuando nos detienen nos llevan a sus oficinas. Ahí nos intimidan y espantan para que firmemos la deportación lo más pronto posible”, dice.

“Antes de llegar al Centro de Detención Theo Lacy, tenemos que pasar por un proceso de tres días, donde nos trasladan de cárcel a cárcel. Estos días son los peores. Nos mantienen en cuartos fríos, sin bañarnos, incomunicados, y con la misma ropa. No sabemos si es de día o de noche”, dice.

Ya en Theo Lacy, pueden hablar con su familia. “Los que no tienen los números de teléfono, muchas veces son deportados”, cuenta.

“Cuando nos mandan a nuestro dormitorio, después de clasificarnos, nos dan dos sábanas, una cobija, dos pares de calcetines, camisas, boxers y unas chanclas que son insoportables para caminar”, dice.

Si se quejan por las cosas rotas o en mal estado que les dan, los amenazan con mandarlos a segregación y encerrarlos 23 horas al día.

Los dormitorios, dice, no están en condiciones para vivir. “Uno puede encontrar arañas, hormigas y cucarachas”, señala.

Pero eso no es todo, cuenta que en los baños muchas veces hay moho. “Nosotros tenemos que limpiarlos, pero nos dan herramientas quebradas que hacen imposible el trabajo”.

En Theo Lacy, Francisco dice que hay diferentes tipos de enfermedades como hepatitis y viruela que muchas veces causa que cierren el centro de detención. “Eso nos retrasa las cortes, no podemos tener visita, no llega tienda (comisaría) donde podemos comprar cosas”, comenta.

Confía que hay además muchas personas que no están bien de la cabeza y necesitan ser llevados a un hospital psiquiátrico. “Debe haber más programas para ellos, pero yo creo que este gobierno lo que quiere es deportarnos, no le importamos”.

Lo más grave, cuenta Francisco, es que los tratan como prisioneros. “Cuando vamos a la cafetería no tenemos que hablar. A veces nos esculcan para ver si escondemos comida. Usan fuerza excesiva contra nosotros como si estuviéramos cometiendo un crimen. Nos empujan contra las paredes como si nos fueran a arrestar. Nos gritan y regañan como si fuéramos pandilleros de un cartel”, señala.

 

El constante conteo de los inmigrantes detenidos es agobiante. “La primera cuenta es entre 4:30 y 5:00 de la mañana; de 5:30 a 6 de la mañana es el desayuno; y a las 7 de la mañana es el cambio de ropa. A las 10:00 de la mañana es la segunda cuenta; de 11:00 a 11:30 es el lonche; a las 2:00 de la tarde nos vuelven a contar; de 4:30 a 5:00 de la tarde es la cena; a las 8:30 de la noche otra vez nos cuentan; y a las 12:00 de la noche de nuevo, otra cuenta”.

Francisco dice que la comida que les dan al mediodía es siempre lo mismo. “Nos dan bologna (mortadela), galletas y una fruta. Muchas veces la bologna está podrida, caducada o con gusanos. Muchas personas se han enfermado”.

Lo único que les dan caliente es la cena y el desayuno, pero siempre los apuran para comer. “Quieren que comamos en tres o cuatro minutos. Muchas personas prefieren no ir, y comer algo que compraron en la tienda”, dice.

Esa tienda también es muy cara. “Gastamos como 60 dólares a la semana, o más”.

Detenido por nueve meses

Francisco dice que espera una audiencia en la corte para finales de octubre para ver si le aprueban su caso o lo deportan.

“Tengo tres aplicaciones pendientes, una cancelación para remover la deportación, otra por asilo y una más para una visa U porque fui víctima de un crimen”, explica.

Antes de ser detenido, vivía en San Luis Obispo con sus padres y hermanos. “Soy el segundo de siete hijos. Dos de mis hermanos tienen DACA – la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia – ,  y los demás son ciudadanos de los Estados Unidos”, dice.

Pero también revela que es padre de dos niños que nacieron en el país, Damián de 10 años y Gabriel de 9 años, que dependían económica y emocionalmente de él.

“En el año 2000 a la edad de 8 años, mis padres me trajeron de Oaxaca en busca de una mejor vida”, expone.

Y cuenta que tenía dos empleos en una compañía de pintura y en otra de limpieza de alfombras. “Esos dos trabajos me han ayudado a salir adelante, a mantener a mis dos hijos, y ayudar a mis padres”, dice.

Francisco fue detenido junto con un tío cuando salía para su trabajo en la limpieza de alfombras. Al tío lo dejaron salir libre hace un mes.

En su carta, reconoce que en 2017 se internó durante cinco meses en el centro de rehabilitación Middle House Recovery for Men, en San Luis Obispo para aprender a controlar su adicción al alcohol y ser responsable. “Tengo 18 meses limpio. Me reconcilié con Dios. Estaba yendo a los Alcohólicos Anónimos. Estaba cuidando a mis hijos tres o cuatro veces a la semana”, dice.

Acepta que tiene condenas previas relacionadas con el alcohol, por manejar ebrio y violencia doméstica. “He cambiado, y creo que merezco una oportunidad para sacar a mis hijos adelante y ser un buen ciudadano”, sostiene.

Abusos no son nuevos

En 2015, la organización Freedom for Immigrants presentó una demanda de parte de diez hombres detenidos en las instalaciones de Theo Lacy. La querella detallaba los abusos, los cuales incluían asalto físico.

El resultado fue una investigación federal de parte de la oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Las instalaciones fueron multadas por múltiples violaciones a los estándares federales, regaderas con moho, teléfonos inoperables, confinamiento en solitario, falta de un proceso apropiado de quejas, entre otras cosas.

Liz Martinez, vocera de Freedom for Immigrants dice que no están conscientes de que las cosas hayan mejorado en Theo Lacy. “La sheriff se ha resistido a trabajar para mejorar las condiciones y aumentar la transparencia”, dice.

Lo que sí consiguieron fue que la ley AB 103 detuviera la expansión de las cárceles junto con otras cárceles para inmigrantes en el estado.

Lorie Haley, portavoz de ICE, dijo que la agencia federal está firmemente comprometida con asegurar el bienestar de quienes están en custodia, lo que incluye darles cuidado de salud médico y mental apropiado.

“De acuerdo con ese compromiso, la agencia tiene cero tolerancia con cualquier clase de abuso o comportamiento inapropiado en sus instalaciones. La Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional y la Oficina de Responsabilidad Profesional de ICE, investigan todas las acusaciones de abuso y mala conducta, y toman acciones apropiadas cuando las acusaciones son validadas”, señaló.