Trump elogia “revolucionario” acuerdo comercial, pero oposición piensa bloquearlo

Superadas las trabas para lograr el "NAFTA 2.0", la Administración Trump afrontará su próxima prueba para la aprobación en el Congreso en 2019 del nuevo pacto comercial entre EEUU, México y Canadá, rebautizado por su sigla en inglés como "USCMA"
Trump elogia “revolucionario” acuerdo comercial, pero oposición piensa bloquearlo
Firma del USMCA, el Presidente Donald J. Trump, el expresidente mexicano Enrique Peña Nieto y el primer ministro canadiense Justin Trudeau, 30 de noviembre de 2018 en Buenos Aires. (Official White House Photo by Shealah Craighead)
Foto: Shealah Craighead/Casa Blanca

WASHINGTON— El presidente Donald Trump se congratuló este viernes por la firma de un “revolucionario” acuerdo comercial entre EEUU, México y Canadá para crear más y mejores empleos en Norteamérica e incrementar las exportaciones, pero líderes de la oposición demócrata y algunos republicanos han prometido bloquearlo.

Trump suscribió hoy el nuevo “Acuerdo EEUU, México, Canadá” (USMCA), que reemplaza y modifica el “Tratado de Libre Comercio de América del Norte” (TLCAN, o NAFTA en inglés) de 1994, y se logró después de 15 meses de agrias negociaciones.

Trump ganó la presidencia en noviembre de 2016 en parte por un mensaje de populismo económico, que continuó repitiendo al asumir el poder, convencido de que otros países “han tomado ventaja” de Estados Unidos en detrimento de las empresas y trabajadores estadounidenses.

Por ello, al firmar el acuerdo en Buenos Aires (Argentina), al margen de la cumbre del “G-20”, Trump calificó el nuevo acuerdo como “un logro verdaderamente revolucionario”.

“El USMCA es el acuerdo comercial más grande, más significativo, moderno y equilibrado en la historia. Todos nuestros países de beneficiarán enormemente”, dijo Trump.

“En EEUU, el nuevo pacto comercial apoyará empleos manufactureros altamente remunerados y promoverá más acceso a las exportaciones estadounidenses en un amplio gama de sectores, incluyendo nuestras industrias agrícola, manufacturera y de servicios”, aseguró.

Dirigiéndose al saliente presidente de México, Enrique Peña Nieto, Trump destacó que la firma del acuerdo era un momento oportuno para su gobierno, que mañana entregará las riendas al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

“Este es tu último día en el poder. Es un día muy propicio cuando puedes firmar algo tan importante. Esta es una forma realmente increíble de terminar una presidencia; eso no ocurre con frecuencia”, observó Trump.

Sentado a su izquierda, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, mantuvo un tono cortés al firmar el documento que, contrastando el superlativo usado por Trump, simplemente llamó un “nuevo NAFTA”.

De hecho, Trudeau aprovechó la ceremonia para señalar que el anuncio de que General Motors cerrará fábricas y despedirá a miles de trabajadores en EEUU y Canadá es “un duro golpe” para ambos países.

“No nos equivoquemos: defenderemos a nuestros trabajadores y lucharemos por sus familias y sus comunidades”, prometió Trudeau.

El cierre de esas fábricas, anunciado en vísperas de la época navideña, también generó malestar en la Administración Trump, que ha prometido la creación de “muchos trabajos” en la industria automovilística, no despidos.

El acuerdo fue firmado por los tres mandatarios durante una ceremonia organizada por la Casa Blanca en un hotel de Buenos Aires, y tras la cual ninguno tomó preguntas de la prensa.

¿Trabas en el Congreso?

Trump aseguró que el acuerdo de 1,812 páginas tiene amplio apoyo en el Congreso, por lo que no anticipa “mucho problema” para su ratificación el  próximo año.

El acuerdo regirá el intercambio comercial de poco más de 1,2 billones entre los tres países de Norteamérica y muchos de los demócratas, que retomarán el control de la Cámara de Representantes en enero próximo, no están contentos con el pacto.

Así, el pacto, que ha despertado escepticismo entre demócratas y un puñado de republicanos en ambas cámaras del Congreso por considerar que limita la competitividad, afrontará trabas para su ratificación el próximo año.

En declaraciones a este diario, el senador demócrata por Vermont,  Patrick Leahy, aconsejó un estudio “exhaustivo” del acuerdo, vaticinó otras evaluaciones del pacto, y consideró que un análisis independiente de la Comisión de Comercio Internacional de EEUU, previsto para marzo próximo, explicará el alcance de “USMCA” y su impacto en la economía

Su colega, el senador independiente por Vermont, Bernie Sanders, lanzó su campaña para la nominación presidencial demócrata en 2016 enarbolando la defensa de las clases media y trabajadora y promovió una reforma drástica del NAFTA.

Ahora, en las redes sociales, Sanders dijo que un “NAFTA renegociado debe dejar de exportar empleos estadounidenses, frenar la espiral descendiente (mediante la desregulación), proteger el medio ambiente y reducir el indignante alto precio de las medicinas”.

“El NAFTA 2.0 de Trump no reúne esas normas y yo me opondré enérgicamente al acuerdo en su versión actual”, amenazó.

También la senadora demócrata por Massachusetts, Elizabeth Warren, cuyo nombre suena como posible candidata presidencial en 2020, dijo en víspera de la firma del acuerdo que éste no garantiza suficientes protecciones laborales, por lo que votará en su contra.

En su versión actual, el acuerdo “no frenará los serios y continuos daños que NAFTA causa a los trabajadores estadounidenses; no frenará la exportación de empleos, no aumentará los salarios, ni creará empleos”, advirtió Warren, al delinear su visión de  una política exterior adecuada en un evento en American University.

Pero la Casa Blanca destacó en una “hoja de datos” que el nuevo acuerdo trilateral creará incentivos “por miles de millones de dólares” para la industria automovilística; aumentará el acceso de productos agrícolas estadounidenses en la región; establecerá nuevas protecciones de propiedad intelectual, y creará oportunidades para las pequeñas y medianas empresas de EEUU.

Por su parte, la Oficina del Representante de Comercio Exterior (USTR) destaca en su página web un desglosado de los beneficios del acuerdo para cada estado.

Nuevo nombre, pocos cambios

Aunque la Administración Trump ha vendido el nuevo acuerdo como algo “revolucionario”, más allá de ser una importante victoria política, el documento en realidad no hace tantos cambios radicales en la política comercial de EEUU.

El acuerdo, por ejemplo, deja en pie los subsidios para los productos agrícolas de EEUU, aunque sí permite una mayor liberalización del sector lácteo canadiense, un asunto que en su momento levantó ampollas y dificultó las negociaciones anunciadas en mayo de 2017.

Una de las secciones que más críticas ha generado es la relacionada con las reglas de origen. El pacto exige que el 75% de los automóviles sea fabricado en Norteamérica, y que buena parte de éstos provengan de fábricas donde los trabajadores ganan al menos $16 la hora.

Para efectos prácticos, sin embargo, esos reglamentos aumentarán los costos de producción y provocarán un alza en los precios al consumidor, advierten expertos.

En paralelo al acuerdo, la Administración Trump también ha dejado en pie aranceles punitivos a la importación de acero y aluminio de México y Canadá, con el manifiesto objetivo de proteger al mercado nacional.

Sin embargo, los expertos aseguran que esos aranceles, aparte de crear fricciones con Canadá y México, encarecerán los equipos, productos y maquinarias que utilizan insumos de acero y aluminio, y en efecto serán un impuesto adicional para los consumidores.

Por ello, no sorprende que grupos de los sectores agrícola e industrial mantienen una campaña de presión para que EEUU elimine esos aranceles, en unos momentos en que la Administración Trump sopesa imponer aranceles también en automóviles importados.