Víctima de violencia doméstica escapa de Guatemala y es secuestrada en Mexico; ahora solicita asilo en Estados Unidos

Aumentan las peticiones de asilo político en EEUU; sin embargo, muchos no califican

Vilma L. , una inmigrante de Guatemala está pidiendo asilo político en los Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).
Vilma L. , una inmigrante de Guatemala está pidiendo asilo político en los Estados Unidos. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martinez / La Opinión

A Vilma, casi todos los días, el padre de sus tres hijos la tupía a cintarazos al llegar del trabajo. Pero no solo eso, la encerraba bajo llave y no la dejaba salir. En febrero, ella solicitó asilo político en Estados Unidos con base en la violencia doméstica que sufrió en Guatemala.

Su petición se da en momentos en que las solicitudes de asilo en los puertos de entrad, han aumentado en 121% en el año fiscal 2018.

Fue su propia suegra la que le aconsejó que dejará a su hijo y se escapara.

“¡Váyase! ¡La va a matar!, me advirtió. Ella misma le tenía miedo a su hijo”, narra.

“Ya llevaba 17 años en ese ciclo de violencia. Buscaba la manera de salir, pero no podía. ‘¿Por qué se aguanta tanto’?, me decía la gente. Mis padres no me apoyaban. A donde me fuera, él iba por mi”, dice.

“’Por qué no nos separamos’, le decía. Él no quería”, comenta.

Vilma solicitará formalmente el asilo político en febrero. (Araceli Martínez/La Opinión).
Vilma solicitará formalmente el asilo político en febrero. (Araceli Martínez/La Opinión).

Muchas veces, cuenta que el marido la mandó al hospital a causa de las golpizas que le propinaba.

Los vecinos y su familia intervenían y le quitaban de encima al hombre cuando escuchaban los gritos y golpes. Pero para evitar intervenciones, el marido mandó cercar la casa con una pared de ladrillos para que nadie pudiera evitar que la golpeara a su antojo.

La gota que derramó el vaso de agua fue cuando encontró al marido en su casa con otra mujer. “Yo lo empecé a grabar con mi teléfono. Me lo arrebató, lo quebró y con el mismo teléfono empezó a atacarme. Luego me encerró en un cuarto de viernes a martes”, dice.

La huida

Cuando la liberó de su encierro, Vilma planeó con una amiga su escape para venir a Estados Unidos. “Me advirtieron que el viaje era muy peligroso, que el trayecto por México, era muy duro”, recuerda.

Se animó cuando uno de sus hermanos que vive en California la apoyó para que saliera del país y se viniera a Estados Unidos.

Esta madre de 34 años decidió traer con ella a sus dos hijas más grandes, Kimberly de 15 años, y Jazmín de 11.

“A mi hija Anika, de 5 años, la dejé con mi suegra, precisamente por el miedo a los peligros que pudiera encontrar en el camino”, dice.

Al final solo pudo traer a su hija Jazmín de 11 años, ya que la mayor de 15 no quiso dejar a la hermana más chica sola.

Vilma añora mucho a sus dos hijas que dejó en Guatemala. (Araceli Martínez/La Opinión).
Vilma añora mucho a sus dos hijas que dejó en Guatemala. (Araceli Martínez/La Opinión).

“A escondidas de mi esposo, salimos el 6 de febrero de la aldea donde vivía”, dice.

Travesía de miedo

El viaje por México lo hizo en las llamadas “combis” y en “trailers”.

Dice que es una travesía riesgosa en todos los aspectos. “El trailero me quiso violar. Manejaba drogado. Se metía de todo. Mi hija y yo estábamos aterradas.  Nos queríamos dormir. Teníamos miedo que nos pusiera alguna droga en la comida o en el agua”, dice.

Platica que los “coyotes” dividen el grupo de inmigrantes con traileros quienes los transportan por la República Mexicana.

Después de 12 días de viaje, llegaron a la frontera mexicana por el lado de Texas, a una ciudad que no recuerda el nombre.

“Nos habían cobrado 20,000 dólares por traernos de Guatemala a California. Pero un hombre en la frontera nos encerró, y le exigió a mi hermano que le dieran 3,000 dólares más. Luego le pidió otros 600 dólares para dejarnos salir”, dice.

Tras varios días de secuestro, por fin las cruzaron en una balsa por el Río Grande.

El abogado en migración de CHIRLA, Richard Lucero platica con Vilma sobre su caso de asilo. (Araceli Martínez/La Opinión).
El abogado en migración de CHIRLA, Richard Lucero platica con Vilma sobre su caso de asilo. (Araceli Martínez/La Opinión).

Detenida por la migra

“Los coyotes nos abandonaron a nuestra suerte en ese tramo. Nos dijeron que nos fuéramos por la montaña caminando a gatas para que no nos detectaran los drones, pero cuando se aparecieron dos coyotes, animales de verdad, mi hija se asustó y gritó muy fuerte. Se hizo un escándalo y en 15 minutos cayeron los agentes de la Patrulla Fronteriza.

A Vilma y a su hija las pusieron en detención en unas celdas que llamó “hieleras” por el frío que se siente debido a lo elevado que ponen el aire acondicionado.

“Me preguntaron por qué había entrado a los Estados Unidos. Le expliqué porque había huido de Guatemala. Me dijeron que si tenía alguien en el país. ‘A mi hermano’, les dije. ‘¿Sabes su número de teléfono?’ Me lo sabía de memoria y se los di”, recuerda

Esta madre guatemalteca corrió con suerte. Solo duró un par de día en manos de la Patrulla Fronteriza y el Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE). “Solo por un día me separaron de mi hija. Pero estábamos en un lugar donde nos podíamos ver de lejos, aunque no tocar”, dice.

El 24 de febrero de este año, ICE le puso en el tobillo una pulsera para monitorearla electrónicamente, y la subió en un autobús que salió de Houston, Texas con rumbo a Los Ángeles, California donde se reunió con su hermano.

Vilma contó su historia sin parar de llorar. Por momentos, le costaba articular palabra. Por miedo a que su esposo pueda leer su historia, pidió proteger su identidad, y no revelar su nombre completo.

Mientras mira el árbol navideño,Vilma anhela poder conseguir el asilo político. (Araceli Martínez/La Opinión).
Mientras mira el árbol navideño,Vilma anhela poder conseguir el asilo político. (Araceli Martínez/La Opinión).

Sus sueños

“Mi hija y yo estamos muy bien viviendo en la casa de mi hermano. Ella va en quinto grado en la escuela. Y nos sentimos tranquilas. Aunque en ocasiones, imagino que todavía estoy en Guatemala y tengo que regresar rápido a mi casa para que no se enoje mi esposo. Mi hermano dice que estoy traumada”, cuenta.

En Guatemala, esta madre tenía un salón de belleza. “Mi sueño es poder tener mi propio negocio o trabajar en un salón de belleza aquí”, dice.

Y aunque se siente feliz de estar a salvo de su marido, reconoce que la entristece mucho no poder estar cerca de sus dos hijas que se quedaron en Guatemala.

“No siempre hablo con ellas porque mi esposo nos las deja. Pero yo sé que ellas están bien. Mi suegra las adora. Y a ellas, mi esposo las trata bien”, dice.

Cuatro meses después de traer la pulsera de GPS en el tobillo, ICE se la removió.

Un caso complicado

Richard Lucero, abogado en migración y jefe del equipo de defensa de deportación de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA), dice que el 8 de febrero van a tener una audiencia con el juez para presentar la solicitud de asilo para Vilma.

“Esperamos que en 180 días le den un permiso de trabajo. Ella podrá trabajar mientras espera que se defina su caso. Esperaríamos un año y medio para tener una respuesta”, indica.

El caso de Vilma es complicado porque las víctimas de violencia doméstica ya no califican para el asilo político, dice el experto.

El abogado en migración de CHIRLA, Richard Lucero escucha las preocupaciones de Vilma, una madre salvadoreña que escapó de Guatemala a causa de la violencia doméstica que ejercía su esposo en su contra. (Araceli Martínez/La Opinión).
El abogado en migración de CHIRLA, Richard Lucero escucha las preocupaciones de Vilma, una madre salvadoreña que escapó de Guatemala a causa de la violencia doméstica que ejercía su esposo en su contra. (Araceli Martínez/La Opinión).

En junio, el entonces fiscal general Jeff Sessions decidió por sí mismo que las víctimas de violencia doméstica que solicitan asilo, ya no califican.

“Determinó que la violencia doméstica es un problema privado de dos personas”, indica Lucero.

Sin embargo, sostiene que la esperanza en casos como el de Vilma, de personas que no pueden regresar a sus países por razones de violencia doméstica, es que haya un cambio de presidente.

“Esperaríamos entonces que se vuelva a incluir la violencia doméstica como una protección para recibir el asilo político”, explica.

La decisión del procurador de la nación afecta a miles de solicitantes de asilo en todo el país que son víctimas de violencia doméstica en sus países de origen.

Aumentan las peticiones de asilo

La oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de Estados Unidos reveló esta semana estadísticas que ponen al descubierto el incremento en las solicitudes de asilo politico, tanto de parte de quienes lo solicitan en los puertos de entrada o de aquellos que ingresan sin documentos y luego hacen la petición.

En el año fiscal 2018, el CBP reportó un total de 92,959 solicitudes de asilo. Esto representa un aumento del 67%  en todos los puertos comparado con el año fiscal 2017, y un dramático giro de las estadísticas entre los años 2000-2013, cuando menos del 1% eran iniciadas en la frontera.

“Estas cifras reflejan un aumento dramático, lo que está afectando la seguridad de la frontera, la aplicación de leyes de inmigración y otros recursos federales”, dijo el comisionado Kevin K. McAleenan.

“Como la mayoría de estos reclamos no tendrán éxito cuando sean juzgados por un tribunal de inmigración, necesitamos que el Congreso actúe para abordar estas vulnerabilidades en nuestro sistema de inmigración que continúan impactando negativamente los esfuerzos de seguridad fronteriza”, dijo.