¿Es posible que la escuela se convierte en una barrera para latinos en Estados Unidos?

El sistema educativo de este país es, en muchas ocasiones, tan complejo y competitivo que los hispanos que llegan no saben cómo orientar a sus hijos
¿Es posible que la escuela se convierte en una barrera para latinos en Estados Unidos?
"Si el sistema escolar no representa las características de los alumnos hispanos ni atiende sus necesidades no van a llegar a ocupar trabajos con buenos sueldos" Lewin.
Foto: J. Emilio Flores / La Opinión

Inician una vida en una cultura diferente, otro idioma, con costumbres lejanas a las suyas y ven en la educación el modo de garantizar un futuro mejor para sus hijos, pero entonces las escuelas y universidades se convierten en una barrera en lugar de un impulso para las familias latinas en EE.UU.

El sistema educativo de este país es, en muchas ocasiones, tan complejo y competitivo que los hispanos que llegan no saben cómo orientar a sus hijos para que puedan completar con éxito sus estudios y aprovechar todas las oportunidades que puedan llevarlos a un mañana más prometedor.

“En 2026 los latinos van a constituir el 29% de los estudiantes en las escuelas”, explica Nancy Lewin, quien dirige la Asociación que agrupa a los Superintendentes Latinos de centros educativos.

“Pero si el sistema escolar no consigue representar las características de los alumnos hispanos ni atender a sus necesidades -razona-, entonces nunca van a llegar a ocupar trabajos con buenos sueldos y altos niveles formativos”.

Lewin ha dirigido durante 23 años escuelas e institutos, ha impartido clases en la universidad y puesto en marcha programas de integración en centros urbanos y rurales del país.

Habla con pasión del poder de la educación para ofrecer oportunidades, pues en su caso significó absolutamente todo: es la menor entre doce hermanos de una familia de inmigrantes de origen mexicano y superó con trabajo todos los escalones que la distanciaban de los alumnos con más facilidades.

Una de las primeras barreras con las que muchas familias latinas se topan es el idioma, narra Lewin, llegando a situaciones en las que “los padres encuentran dificultades para inscribir a sus alumnos porque no hay planes de ayuda ni orientación”.

La educadora recuerda la situación que vivió cuando comenzó a trabajar en una escuela: llegó una mujer hispana que quería apuntar a su sobrino, recién aterrizado, pero desconocía los procesos y documentos necesarios, elaborados en inglés, y nadie se ofreció a ayudarla.

“Vuelva usted el lunes con todo lo necesario”, le dijeron.

A Lewin le pareció una “injusticia”.

“Entonces me metí en la conversación y dije que contase con mi ayuda, que si tenía que ir la casa por papeles yo la esperaría pero que el niño se matriculaba hoy”, recuerda.

Sin embargo no todas las familias se encuentran con alguien como Lewin en ese momento inicial, ni tampoco cuando sienten que no pueden ayudar a sus hijos en las tareas o aconsejarles para tomar decisiones en el complicado itinerario educativo del país.

“Según la calificación de la escuela intermedia puedes acceder a universidades mejores o peores, pero si los estudiantes latinos encuentran tantas dificultades, parten de condiciones económicas peores y no hay ningún programa que solucione esto… Seguirán privados de acceder a otros ámbitos”, concluye.

Y la comunidad latina cada vez crece más en EE.UU., pues constituyen el 20% de la población y en estados como California son el grupo de habitantes más numeroso.

Incluso estas circunstancias, de por sí complejas, pueden ser peores en el caso de que el alumno tenga necesidades especiales.

María Castro es la madre una niña con diversidad funcional, Gabriela, su escuela no dispone de un programa específico para este tipo de alumnado y sigue el itinerario formativo común.

“Lo de mi hija es bastante severo y ella sí necesita algo un poco diferente”, explica, “aunque la escuela ha puesto maestros que la ayudan… Tiene también déficit de atención y yo sigo pensando que necesita una clase más pequeña”.

Para brindar lo mejor para su hija, María recibe asistencia de organizaciones como “Community Schools”, que llevan recursos a los centros para familias con la misma condición.

“Yo trato de agarrar mucha información de donde pueda”, dice.

Cuando María conoció el programa, disponible en cuatro escuelas en el área metropolitana de Washington, no dudó en aplicar.

“Hasta entonces, durante seis cursos, ha sido muy difícil como hispana no poder ayudar a mi hija en sus tareas”, relata, “tal vez hablo un poco de inglés pero no lo domino y ellos colaboran mucho”.

Así, su hija ha superado esa barrera a la que tantos se enfrentan.

“Ya no me envían notas diciendo que no ha hecho sus deberes y ahora forma parte de un grupo”, cuenta María antes de describir con ilusión el desfile escolar de la Herencia Hispana en el que Gabriela participó con su traje de “china poblana”.