“No soy de aquí ni de allá”, de Octavio Paz a los postpachucos 

Realizan un festival cultural sobre la identidad de los migrantes en conexión con las impresiones que hizo el poeta y ensayista mexicano sobre pachucos y chicanos. 

Música, documentales, comida, películas y poesía, fue un mundo de cultura lo que se vivió en el Consulado de Méxio este fin de semana. (Fotos: Jorge Morales)
Música, documentales, comida, películas y poesía, fue un mundo de cultura lo que se vivió en el Consulado de Méxio este fin de semana. (Fotos: Jorge Morales)
Foto: Impremedia / La Opinión

Los dos años de infancia que Octavio Paz vivió en Los Ángeles, entre 1920 y 1922, lo habrían marcado de por vida en el laberinto de su identidad como mexicano tras sufrir la discriminación que suelen padecer los inmigrantes en Estados Unidos.

Durante esa breve estancia se sintió fuera de lugar, pero al regresar a su país se topó con un rechazo similar porque sus compañeros de escuela lo tachaban de gringo.

“La experiencia de Los Ángeles y la de México me apesadumbraron durante muchos años… y me decía: sí, yo no soy de aquí ni de allá. Entonces, ¿de dónde soy? Yo me sentía mexicano, pero ellos no me dejaban serlo”, escribió Octavio Paz en su libro El peregrino en su patria.

Esos acontecimientos de su niñez habrían sido el inicio del camino hacia El laberinto de la soledad, un ensayo sobre la identidad mexicana, una de sus grandes obras literarias publicada en 1950 que lo llevaron a convertirse en uno de los escritores más influyentes del siglo XX y obtener en 1990 el Premio Nobel de Literatura.

A partir de las reflexiones que hizo Octavio Paz sobre los mexicoamericanos de los años 40 conocidos como pachucos -un grupo social que se transformaría a lo que actualmente son los chicanos-, este fin de semana se llevó a cabo un encuentro cultural en el Consulado de México en Los Ángeles para analizar sobre ese conflicto de identidad que suelen experimentar los migrantes, el “no soy de aquí ni de allá”.

“Es un pretexto para promover la literatura, el idioma español, las lenguas indígenas, la cultura de los migrantes”, dijo Enrique Márquez, director de diplomacia cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

Panel de reflexión: Octavio Paz y los Postpachucos. (Foto/Jorge Morales)

“Así como Octavio Paz, muchos migrantes de la actualidad son víctimas de discriminación y tienen conflictos de identidad, como los tuvieron los pachucos, que eran rebeldes, y también los tienen los chicanos, que son los postpachucos, pero con mayor conciencia política”, mencionó.

El festival cultural incluyó paneles de análisis y muestras de películas relacionadas con el fenómeno de la migración, además de que se inauguraron las muestras fotográficas de Manuel Ramos, un reflejo histórico

el movimiento cristero en México, y de Leopoldo Peña, quien capta en sus imágenes la esencia hispana del Este de Los Ángeles.

También se llevaron a cabo presentaciones de bandas musicales que destacaron la cultura rítmica de algunos pueblos indígenas mexicanos con presencia en California.

La cuchara de Octavio Paz en Los Ángeles

Octavio Paz cuenta el capítulo de su vida en Los Ángeles con una anécdota sobre una cuchara durante su primer día de clases, cuando en 1920 llegó a esta ciudad para reunirse con su padre que estaba exiliado por ser militante del movimiento zapatista durante la época de la Revolución Mexicana.

“Tenía seis años y no hablaba una sola palabra de inglés… Era una escuela angloamericana y sólo dos de los alumnos eran de origen mexicano, aunque nacidos en Los Ángeles. Aterrorizado por mi incapacidad para comprender lo que se me decía, me refugié en el silencio.

Al cabo de una eternidad llegó la hora del recreo y del lunch. Al sentarme a la mesa descubrí con pánico que me faltaba una cuchara; preferí no decir nada y quedarme sin comer. Una de las profesoras, al ver intacto mi plato, me preguntó con señas la razón. Musité: cuchara, señalando la de mi compañero más cercano. Alguien repitió en voz alta: ¡cuchara! Carcajadas y algarabía: ¡cuchara, cuchara! Comenzaron las deformaciones verbales y el coro de las risotadas”.

Funcionarios de Los Ángeles posan al lado del muralista Héctor Arias (playera azul)

Al salir de clases, según el relato publicado en El peregrino en su patria, la burla por la cuchara terminó a golpes con uno de los niños que protagonizaban el bullying, lo que ameritó un regaño del que no entendió ni jota y una suspensión escolar.

“No volví a la escuela durante quince días; después, poco a poco, todo se normalizó: ellos olvidaron la palabra cuchara y yo aprendí a decir spoon”.