Cuando las abuelas vuelven a ser madres

Una inmigrante mexicana narra cómo se convirtió en madre por segunda vez al fallecer su hija y hacerse cargo de sus nietas

Cuando las abuelas vuelven a ser madres
Alma Ramirez sostiene una fotografía de su hija, junto a sus nietas Alina y Aaliyah. / foto: Aurelia Ventura.
Foto: Aurelia Ventura / Impremedia/La Opinión

Alma Rosa Ramírez nunca pensó que después de haber criado y sacado adelante a sus tres hijos, en la tercera edad se convertiría en madre de nuevo. La muerte de Alma Rosa, su hija menor y su única hija mujer, hace un año, la forzó de golpe a ser la madre de sus tres nietas.

“Un mes antes de morir, cuando mi hija ya estaba desahuciada, me hizo prometerle que cuidaría a sus hijas. Tú eres la más indicada, me dijo. Yo le dije que se fuera tranquila”, recuerda.

A sus 67 años, Alma Rosa Ramírez se convirtió en madre de sus tres nietas: Alina de 12 años, Yanellie de 11 años y Aaliyah de 7 años. Como ella, muchas mujeres en plena madurez, se ven obligadas a convertirse en madres de sus nietos debido a la muerte o encarcelamiento de sus hijos, y otros problemas que impiden que sus padres se hagan cargo de los menores.

A Alma Rosa Ramirez, sus nietas Alina, Yanellie y Aaliyah Gonzalez le dan mucha fuerza. (Aurelia Ventura/La Opinion)

“Mi hija falleció el 23 de marzo de 2018 a los 39 años de edad. Dos años antes le habían diagnosticado un cáncer avanzado de cuello uterino”, dice Alma Rosa, una inmigrante de Mérida, México.

Antes de que su hija enfermara, Alma Rosa se dedicaba a atender una guardería en su propia casa en el sur de Los Ángeles.

“Como mi hija trabajaba de lunes a viernes, yo crié a mis nietas en mi guardería. Alguna vez le llegué a decir a mi hija que me dejara a las niñas un fin de semana. ¡No son tu hijas! me decía. Y yo la entendía porque ella quería disfrutarlas el fin de semana”, platica.

Alma Rosa González con sus hijas Alina, Yanellie y Aaliyah Gonzalez. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Alma Rosa comparte la crianza de sus nietas con el padre de ellas. “Las niñas están conmigo toda la semana, y el fin de semana se van con su papá. Él las quiere mucho y está dedicado a ellas. Pero trabaja mucho durante la semana y no las puede atender”, cuenta.

“Cuando ellas se van el fin de semana, la casa es un silencio”, dice.

Esta abuela y madre, confía que el primer año de la partida de su hija ha sido duro. “Perder a un hijo es el peor dolor que se pueda vivir. Me duele no tenerla”, expresa enjugándose las lágrimas. Pero sostiene que criar a sus nietas, la ha ayudado a dejar partir a su hija.

A diferencia de los años cuando crió a sus tres hijos, dos varones que ahora tienen 44 y 42 años y a su hija Alma Rosa, tenía que trabajar y el tiempo para estar con ellos era limitado.

Alma Rosa Ramírez con sus nietas Alina de 12 años y Aaliyah González de 7 años. (Aurelia Ventura/La Opinion)
Alma Ramirez ayuda con sus tareas a sus nietas with Alina de 12 y Aaliyah Gonzalez de 7 años. (Aurelia Ventura/La Opinion)

“Ahora ya no trabajo y tengo todo el tiempo para cuidar a mis nietas, prepararles su comida, llevarlas a la escuela y atenderlas”, expresa.

Sin embargo, dice que los tiempos actuales son muy diferentes a los que les tocaron a ella como madre. “En esa época no había celulares ni toda la tecnología que ahora los menores tienen a su alcance. A veces batallo con ellas porque yo quiero enseñarlas a que tienen que hacer cosas en la casa, barrer, lavar y otras tareas, pero ellas quieren estar en el celular o en la computadora. Esos son mis desafíos”, platica.

Pero a la vez, platica que las niñas le han enseñado a usar el celular y cosas de la tecnología que no existían en su generación. “Estoy muy contenta con ellas porque ya no estoy sola y me hacen compañía. Ellas son muy queridas y consentidas por todos”, comenta.

Alma Rosa Ramírez con su hija fallecida Alma Rosa y sus nietas Alina, Yanellie y Aaliyah. (Aurelia Ventura/La Opinion)

Alma Rosa revela que se siente muy bendecida de haberse quedado con sus nietas. “Ellas me han dado mucha fuerza para superar la pérdida de mi hija. Y también me pregunto a dónde habrían ido a parar si yo no hubiera estado para hacerme cargo de ellas. No sé dónde estarían sufriendo”, dice.

Esta madre y abuela sostiene que solo le pide a Dios que le dé vida y salud para cuidar y educar a sus tres nietas. “Me gusta cuidar mi alimentación y me fascina mucho bailar danzón”, dice sonriente.

Alina y Aliyaah, las dos nietas presentes en la entrevista con La Opinión, no dejaban de abrazar a la abuela mientras ella platicaba lo que ha sido volver a ser madre teniéndolas bajo su cuidado.

Alma Rosa dice que disfruta mucho al cumplir la promesa que le hizo a su hija de cuidar de sus hijas.

“Ella me pidió que las enseñara a trabajar. Y si no quieren, le decía. ‘Tienen que aprender y debes enseñarlas’, me insistía. Mi hija estudió contabilidad y era muy trabajadora”, sostiene esta abuela a quien la maternidad le llegó de vuelta sin esperarlo en la tercera edad.