La tecnología que permite asegurarnos de que el pescado que comemos es seguro

Una nueva tecnología permite establecer una completa cadena de datos desde el lugar de origen del producto hasta nuestro plato. ¿Cómo funciona?

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Crédito: Getty Images

Se ha convertido en una nueva y horrible norma.

Nuestra vida marina está siendo asfixiada por un campo de minas de plástico en nuestros océanos, y las imágenes muestran la cruda realidad.

Un pez arcoíris con un caleidoscopio de trozos de plástico en su hígado. Un pez mahi-mahi con tapones de plástico en el estómago. O los mejillones y las almejas, considerados los filtros del mar, que albergan microplásticos invisibles a simple vista.

Nuestra primera reacción a esta noticia es a menudo de disgusto.

Pero este reflejo rápidamente da paso a un pensamiento más aleccionador: el impacto a largo plazo de las ocho millones de toneladas métricas de contaminación plástica que entran a nuestro océano cada año.

No solo prueba nuestras malas acciones ecológicas, sino también amenaza con envenenarnos en algo en donde realmente somos vulnerables: nuestra comida.

El panorama de tal futuro impacta en cómo compramos alimentos.

El año pasado, una encuesta entre compradores europeos realizada por la firma de investigación McKinsey & Company confirmó una tendencia de hace tiempo: la calidad de los alimentos sigue siendo más importante que el precio.

En otras palabras, los compradores se preocupan mucho por consumir alimentos seguros y lo demuestran con sus billeteras.

El problema es que nuestra moderna red industrial de alimentos nos separa de cualquier conocimiento del origen de nuestra comida. En un extraño giro del destino, nos hemos convertido en un mundo sobresaturado por la información.

Eso está a punto de cambiar.

El “historial” del pescado

La nueva tecnología ahora está cerrando esta brecha de información y devolviendo el poder del conocimiento a los consumidores.

Al catalogar el largo camino de la cadena de suministro, se expondrá el nebuloso mundo de la red mundial de alimentos.

Una bandeja con pescado

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Los compradores pronto podrán conocer el “historial” de los peces que van a comer.

Los compradores pronto podrán seguir el “historial” de un pescado: la foto del producto original, el lugar de captura, el peso inicial, el tipo de especie, los detalles del barco y la tripulación pesquera, los detalles del agua de captura y más.

Los alimentos que se venden en este sistema estarán más detallados que la mayoría de los productos en línea que compramos.

Los primeros productos pesqueros producidos y rastreados de manera transparente, desde el océano hasta el punto de venta, llegarán a los supermercados de Nueva Zelanda y la Unión Europea este año, dice Alfred Cook, gerente de programas de la World Wildlife Foundation (WWF), que trabaja en el proyecto.

El adelanto se produce a partir de un programa piloto que comenzó en junio de 2017 con el apoyo de WWF y que espera que la transparencia también evite que lleguen a nuestra mesa los peces capturados a través del trabajo esclavizado.

Dos hombres en labores con pescados

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Saber cómo fue manejado el pescado desde el océano hasta el mercado podrá ser una realidad.

Para asegurarse de que nadie esté comprando peces cargados de plástico, la información de geolocalización mostrará que la captura estuvo lejos de las costas pobladas.

Y se pueden cargar certificaciones de inspección para demostrar que el producto pasó los controles de calidad.

El blockchain como solución

Desde los días del auge y caída de bitcoin en 2017 2018, la tecnología blockchain, la base detrás de las criptomonedas, ha generado mucha expectación sobre dónde puede ser usada.

Unir los silos de las cadenas modernas de suministro de alimentos es uno de los mejores ejemplos de un problema del mundo real que solo puede resolver el blockchain (cadena de bloques, en inglés).

La infraestructura tecnológica para este proyecto ha existido durante varios años, y es probable que ya la hayas experimentado.

Mediante el uso de tecnologías de identificación automatizadas, como etiquetas de identificación por radiofrecuencia y códigos de barras 2D, los minoristas de alimentos proporcionaron datos instantáneos sobre el origen del producto a los consumidores a través de aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Un paquete de pescado

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Las etiquetas podrán ofrecer la información del producto a través de los teléfonos inteligentes.

Pero hasta ahora han faltado datos completos de nuestra procedencia alimentaria.

Nuestras modernas cadenas de suministro han tenido demasiadas partes móviles aisladas.

“Se dedica una enorme cantidad de tiempo a conciliar información entre las organizaciones porque todos mantienen su propia base de datos”, apunta Tyler Mulvihill, cofundador de Viant, la compañía con sede en Nueva York que construye el software blockchain.

¿Por qué esta tecnología es necesaria?

“La trazabilidad de extremo a extremo es extremadamente difícil de hacer sin blockchain porque tiene sistemas de datos aislados y si una de esas cadenas se rompe, todo el sistema se descompone”, responde Mulvihill.

Sin embargo, levantar conscientemente el velo del funcionamiento interno de una empresa no será una decisión sensata para muchos directores ejecutivos.

El mundo de los negocios modernos no incentiva una mayor transparencia, y cambiar la vieja forma de hacer las cosas puede llevar mucho tiempo.

Un hombre en labores de pesca

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Los pescados se etiquetarán geográficamente para mostrar que se capturaron lejos de las líneas costeras contaminadas con plástico.

Solo piensa en cualquier empresa integrada verticalmente: transmitir a la competencia los detalles más íntimos de su producto revelará información a los competidores directos. Esa a menudo no es la opción más sabia.

Las campañas de marketing presionarán por un cambio, por supuesto, a medida que los compradores comiencen a buscar de forma natural más transparencia con sus alimentos.

Sin embargo, si bien el futuro hará que un mayor número de compañías conecte los registros disponibles para el público, se debe decir que esta tecnología está aquí para resolver un “problema del primer mundo”.

“La idea de saber de dónde proviene su comida es un privilegio de quienes están más o menos seguros económicamente”, señala Robyn Metcalfe, director de la organización Food+City en la Universidad de Texas en Austin.

“Muchos habitantes de las ciudades necesitan alimentos de forma más básica y, por lo tanto, no tienen ningún interés básico en saber de dónde vienen. Si solo estamos hablando de quienes tienen seguridad alimentaria, por supuesto que hay tecnologías para las que tienen el tiempo y los recursos para disfrutar”.

Un móvil apunta a varios productos

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La tecnología para verificar el origen de los alimentos se hará más popular cuando los consumidores presionen por más transparencia.

Las aplicaciones que ofrecen información sobre alimentos abundarán, predice, y continuarán haciéndose más sofisticadas cada día.

“Interactuar con tu comida se convertirá en un objetivo”, continúa Metcalfe.

“Esta conexión no significa necesariamente que las personas tendrán más poder; puede ser que saber más acerca de tu comida sea una comodidad y, en algunos casos, una forma de entretenimiento”.

En un mundo donde los hábitats de nuestros productos del mar están cada vez más amenazados, estas tecnologías podrían convertirse en un requisito obligatorio para los compradores preocupados por la calidad.

Pero un mar de nueva información no es garantía de un cambio evolutivo, como muchas de las tecnologías emergentes nos han enseñado, y estos avances siempre dependerán de qué tan bien estemos educados para usarlas.


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