Inmigrante se reencuentra con su madre 23 años después

Padres de Oaxaca, Guadalajara, Puebla y México se reunieron con sus hijos en California a quienes no veían por décadas debido a la falta de papeles
Inmigrante se reencuentra con su madre 23 años después
Después de tantos años, Eustolia Villamil Rosete no podía creer que estaba otra vez con sus hijos Rufino y Clara.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Rufino Bravo sentía que iba a estallar de felicidad cuando se encontró con su madre a quien no había visto durante más de 23 años.

“Fue muy bonito. Sentía que el corazón se me iba a salir. Me dio mucho sentimiento”, dice Rufino de 45 años de edad.

Lo más sorprendente fue que su madre no lo reconocía cuando se vieron. “Mamá, ¡es Rufi!”, le tuvo que decir otra de sus hijas.

Rufino cuenta que cuando dejó a su madre en México para venir a los Estados Unidos en busca de una mejor vida, ella estaba joven y fuerte. “Andaba en los 40, ahora tiene más de 70 años. La encontré muy chiquita y no puede caminar bien porque tiene tornillos en sus piernas”, dice conmovido.

El encuentro de Rufino y sus hermanas con su madre Eustolia Villamil Rosete de 75 años fue posible gracias a la Federación CBO Comunitaria, fundada por su presidente Roberto Bravo.

Eustolia Villamil Rosete con sus hijos Clara Bravo Villamil y Rufino Bravo Villamil. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Eustolia fue parte de un grupo de 20 padres de los estados de Oaxaca, Guadalajara, Puebla y México que se reunieron con 17 familias que viven en California. Llegaron el 18 de mayo y regresan esta semana, entre el 3 y 5 de junio.

Rafaela Luna Mendoza, secretaria de eventos de la Federación CBO Comunitaria, dice que el grupo de padres vino con una visa de turista otorgada por diez años. “Solo que el permiso para permanecer en el país durante el primer viaje, es solo por dos semanas. Después ya pueden venir las veces que quieran”, explica.

La Federación CBO Comunitaria ha traído tres grupos en los dos últimos años, logrando que más de cien padres se reunieran con sus hijos.

“El concejal Gil Cedillo ha colaborado con el reencuentro familiar, dando cartas para que los padres las lleven a la embajada de EE UU a la hora de la entrevista para la visa de turista”, dice Rafaela.

“Es una felicidad enorme la que uno siente cuando se reencuentra con sus padres. No tiene precio volverlos a ver después de tantos años. ¡Es algo increíble¡ A veces pensamos que cuando los volvamos a ver, estarán como los dejamos. No tenemos en la mente que han envejecido. Es un impacto muy fuerte ver a nuestros padres ancianos”, dice Rafaela quien en noviembre pasado se reunió con sus padres Lucrecia Mendoza González de 76 años y su padre de 86 años, Ageo Luna Acevedo a quienes no había visto por 30 años.

Eustolia Villamil Rosete no veía a sus hijos Rufino y Clara por años. (Aurelia Ventura/La Opinión)

A diferencia de otras Federaciones y Casa de Inmigrantes, la Federación CBO Comunitaria no está patrocinada por ningún gobierno, por eso es que a los padres les cuesta el boleto de avión y el trámite de la visa.

“Hay una cantidad enorme de inmigrantes en los Estados Unidos que no han visto a sus hijos por décadas. Y algunas federaciones abusan cobrándoles grandes cantidades por reunificarlos”, señala Rafaela.

En su caso, sus padre pudieron venir gracias al Programa Raíces de Mi Casa es Puebla. “Yo no tuve que pagar nada, pero como la demanda es mucha y son cientos de clubes, a veces hay que esperar mucho tiempo por un lugar”, observa.

Sergio Rojas, vicepresidente de la Federación CBO Comunitaria, afirma que justamente al ver que Mi Casa es Puebla no se daba abasto con las solicitudes de reunificación, crearon esta organización para facilitar que más padres e hijos se reencontraran.

“La mayoría de los hijos que no han podido ver a sus padres no tienen papeles y no pueden viajar a México”, detalla.

Eustolia Villamil Rosete fue muy apapachada por sus hijos Clara Bravo Villamil y Rufino Bravo Villamil. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Felices por dos semanas

Eustolia no ocultaba su dicha. “Estoy feliz y contenta”, dice. En Estados Unidos, sus hijos le han dado diez nietos y tres bisnietos. “A algunos no los conocía”, externa.

Ella es de Santa Inés de Ahuatempan, uno de los 217 municipios del estado de Puebla. Se localiza a 100 kilómetros de la capital. Desde ahí se trasladó esta madre a la ciudad de México para tomar el avión que la trajo al reencuentro con los hijos que no había visto por décadas. Doña Eustolia tiene siete hijos, cinco de ellos viven en EEUU a quienes no había visto por años.

“Mis hijos en Estados Unidos siempre han visto por mí. Todo el tiempo me están mandando dinero”, dice Eustolia.

Rufino platica que a pesar de los años sin verse y la distancia, han mantenido la comunicación con su madre. “Un día le habló y al otro no, pero siempre estamos platicando”, dice.

En Salinas, al norte de California tiene tres hijos que trabajan en el campo. De las dos semanas que el gobierno de Estados Unidos le dio de permiso para estar en el país, una semana pasó en Los Ángeles con sus dos hijos, Rufino y Clara Bravo, y otra en Salinas con el resto de sus vástagos.

Maria Petra Quiroz  y Francisco Vergara Sosa disfrutaron mucho a su hija Maribel Vergara Quiroz. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Clara Bravo llevaba 18 años de no ver a su progenitora. Cuando la vio después de tantos años, no podía creer que tenía en frente de ella a la autora de sus días. “Me le quedaba mirando, pero se me hacía difícil de creer. ¿Ella es mi madre? Me preguntaba. Es que no podía aceptar que estuviera tan acabada. Cuando la dejé estaba muy fuerte. Era muy diferente. Sí, sí es tu mamá, me dije a mi misma”, sostiene.

Después de pasar dos semanas en California con sus cinco hijos, Eustolia dice que se va feliz, porque sabe que con su visa de turista podrá regresar cuando quiera.

“La queremos mucho. Nomás que nos diga cuándo quiere regresar”, dice Clara.

Ella revela que trataron de traerla hace dos años, pero primero se cayó y tuvo que estar en reposo por un año. “Al principio, tampoco quería venir”, dice su hija. Eustolia dice que “tal vez por miedo”.

Incluso la primera vez que intentó solicitar una visa en la Embajada de Estados Unidos en México hace tres años se la negaron porque no cumplía con los requisitos. “La segunda vez que la solicité ya me tocó una empleada muy amable. Le dije, ni modo que una persona mayor con bastón como yo vaya a ir a trabajar a Estados Unidos. Yo no voy a trabajar, solo voy a ver a mis hijos”, dice.

Clara cuenta que al principio ella no creía en los programas de reunificación familiar, y que los padres pudieran venir de México a Estados Unidos.

“Cuando miré que vinieron unos tíos, dije, voy a intentar a ver qué pasa y sí se pudo”, dice entusiasmada.

Un reencuentro inolvidable

Maribel Vergara tenía los sentimientos a flor de piel por estar al lado de sus padres Francisco Vergara y María Petra Quiroz, después de no verlos por 18 años. Francisco, su padre tiene 67 años y su madre María, 62.

Ellos vinieron desde el poblado de Chiautla de Tapia, en Puebla, México para reunirse con ella y otras dos hijas más.

“Todo ha sido muy emotivo. Son muchos sentimientos encontrados los que he vivido al verlos, alegría y tristeza”, reconoce Maribel, una trabajadora de la limpieza en Los Ángeles.

Sus padres pasaron una semana con ella en su casa; y otra, con sus dos hermanas, Araceli y Erika en San Fernando y Victorville.

Francisco admite que le dieron ganas de llorar cuando vio a sus tres hijas quienes se dieron a la tarea de consentirlo por dos semanas. “Nos llevaron a pasear, a las playas y a Las Vegas. Me gustó mucho todo lo que vi, aunque aquí los cerros están muy pelones. En Puebla, tenemos cerros muy tupidos, boscosos, no se puede penetrar. Aquí es muy seco”, dice fascinado.

María Petra Quiroz Guzmán y Francisco Vergara Sosa son sus nietas Jaqueline Buendía de 7 años y Litzy Montiel, de 20. (Aurelia Ventura/La Opinión)

Su esposa María Petra dice que regresa a Puebla renovada.

“Me puso muy feliz ver a mis hijas y estar con ellas. Las vi muy bien”, dice. Y revela que siempre fue su sueño volver a verlas.

Dice que en este reencuentro, platicaron mucho y recordaron muchos momentos de cuando vivía junta toda la familia en el pueblo.

De sus siete hijos, seis mujeres, cinco viven en Estados Unidos, tres en el sur de California, una en Indiana y otra más en Chicago. A estos dos últimas no las pudo ver.

Don Francisco, quien a sus 67 años aún trabaja en la construcción, comenta que él se va feliz.

“Le pedí a mis yernos que se porte bien y traten bien a mis hijas. Y ya no sigo, porque me voy a poner a llorar”, dice mientras de los ojos de su hija Maribel, amenazan con salir las lágrimas ya que sus padres están a pocas horas de tomar el vuelo que los lleva de regreso a México.

Una de sus nietas, Lindsey, se acerca y les dice a los abuelos, que los quiere y extraña.