La comunidad latina de la tercera edad, víctima de la depresión

Estudio revela que la falta de información que les aclare su realidad; el poco acceso a la salud, la carencia de médicos que hablen español y cuestiones culturales intensifican el problema
La comunidad latina de la tercera edad, víctima de la depresión
En el programa PACE de AltaMed las peresonas hablan su idioma y culturalmente se siente entendidos. (Agustín Durán)
Foto: Agustín Durán / Impremedia

Desde que murió su hija Clara, la señora Gladys participa poco en las celebraciones de la familia, constantemente está enferma y su apariencia parece muy frágil. Ella dice que todo está bien, que son los achaques de la edad y se rehúsa ir a ver a un terapista ya que afirma que ella “no está loca” y que la tristeza o falta de ganas de hacer algo son puras imaginaciones de sus hijos.

Lo cierto es que han pasado 14 años desde que murió Clara, pero al ver a Gladys pareciera que su hija falleció ayer, aunque la señora, inmigrante de Guadalajara, lo niegue y diga “ya se me pasará”.

“Ella dice que todo es normal. Todos los problemas de salud los achaca a la edad”, expresa Josefina, su hija mayor. Prefieren el anonimato, porque esos temas solo se hablan en familia: “no son para andarlos ventilando en público”.

Un estudio realizado por la doctora María P. Aranda del Instituto del Envejecimiento Edward R. Roybal en la Universidad del Sur de California (USC), indica que un 30% de los pacientes mayores de 55 años, inmigrantes y latinos, en citas con sus doctores de medicina general muestran síntomas de depresión. Pero no lo saben, se niegan a aceptarlo y cuando lo aceptan, encontrar un terapista que hable español no les es nada fácil.

El terapeuta Alfonso Sánchez habla en español con sus pacientes.

El estudio nombrado El rol de la cultura y el lenguaje en el cuidado de la depresión; experiencias entre   latinos o latinas de edad y los proveedores de salud, también encontró altas tasas de hispanos con afecciones médicas crónicas y discapacidades funcionales, comparadas con otras razas o grupos étnicos.

La depresión no tratada durante la tercera edad, puede llevar al deterioro de la salud en general, empeoramiento de una discapacidad de enfermedades, lo que incluye el suicidio. Además, a un costo más caro de la atención médica. Actualmente, solo uno de cada 10 adultos mayores con depresión recibe atención adecuada, menciona el reporte.

Aranda, quien dirigió el estudio con 259 personas latinas, en su mayoría con el español como su primera lengua, indicó que la depresión clínica es un desorden psiquiátrico que se manifiesta con diferentes indicadores como la falta de ánimo, problemas con la concentración, falta de energía, poca motivación de vivir, trastornos para dormir, falta de apetito y niveles de autoestima bajos, entre otros.

La doctora, quien recientemente presentó sus resultados en la conferencia anual de Gerontología en Austin, Texas, indicó que estos problemas están más presentes en la comunidad latina de la tercera edad, porque culturalmente este grupo no está acostumbrado a tratarse psicológicamente. Existe una connotación negativa de las enfermedades mentales. En otras palabras, quién visita al terapeuta, muy probablemente debe estar ‘loco’, dicen, y ellos no quieren que se les perciba de esa forma.

Vilma Turcios dijo que reconocer el problema de la depresión y atender a un terapeuta le ha ayudado mucho a seguir adelante.

Otros aspectos que afectan al problema de la depresión clínica de este grupo es el acceso a los programas de salud; así que no es raro encontrar a muchos en esta edad sin seguro médico, Particularmente por lo económico o estado legal, pero principalmente porque no hay aceptación en la comunidad latina de este tipo de enfermedades.

No obstante, un elemento que agudiza esa condición de salud es la carencia de médicos que se puedan comunicar en el idioma español, dijo la doctora, ya que son muy pocos quienes dominan la lengua. Y entre quienes sí la hablan, muchos desconocen la cultura mexicana o latina, algo necesario para poder entender los aspectos sociales que pudieran causar la depresión clínica.

En 2017, el Instituto de Políticas Públicas de California (PPIC, por sus siglas en inglés) indicó que el 34% del total (5,401,149) de personas de la tercera edad en el estado habían nacido fuera del país; o sea, 1,836,390 no tenían al inglés como su primera lengua.

Por su parte, el libro ‘Envejecer en América’ de Robert Scardamalia, publicado en el 2014 (p.155), subraya que, en California, el 15.7% de la población mayor de 65 años habla español, o sea, poco más de 800,000 de los 1,102,819 abuelos hispanos en el estado.

Vilma Turcios perdió a dos hijos en El Salvador a finales de los 70, a consecuencia de la guerra. Aunque pasó 20 años buscándolos, nunca los pudo encontrar.

Desde entonces, la ahora migrante, ha sufrido de depresión, pero no fue hasta hace unos años que finalmente pudo encontrar un programa que la ayudara a salir adelante.

“A mí Alfonso (su doctor) me ha ayudado mucho. Me escucha en español y me da mucha confianza de compartirle mis cosas. Él me da salidas para saber cómo lidiar con mi problema”, dijo Vilma, quien visita dos o tres veces a la semana el programa PACE de AltaMed en el centro de Los Ángeles.

Esta inmigrante, ya de 80 años de edad, indicó que mucha gente con la que tiene relación piensa que la depresión es locura o que es cosa del diablo. “Yo no. Yo he llegado a entender que la depresión es una enfermedad muy peligrosa”.

El doctor Alfonso Sánchez expresó que la población monolingüe de habla hispana tiene dificultades para aceptar que están enfermos de depresión debido a las creencias de que solo las personas ‘locas’ van al psicólogo.

Cuando la resistencia del paciente es fuerte, dice, le recomienda hablar con un pastor o sacerdote. Luego regresan a buscarlo y entienden que lo que padecen es común en muchas personas. Que no tienen que sufrir situaciones extremas para acudir a un terapeuta.

Cuando el paciente obtiene resultados en su tratamiento, lo comparte con su familia y amigos, situación que da más confianza a otras personas.

No todo es el estrés ni la edad

La profesora Aranda indicó que, para algunas personas, el hecho de desarrollar algún tipo de depresión clínica no siempre es producido por el estrés como muy a menudo se adjudica. Puede ser algo genético, cambios cerebrales a causa de la demencia senil o una transición importante en la vida. Un accidente, la pérdida de un ser querido, o hasta un cambio en el trabajo pueden producir o intensificar los problemas.

Erróneamente, en muchas ocasiones los problemas o síntomas se adjudican a la edad y a todo se le echa la culpa a la vejez. Eso no es cierto. De ahí la importancia de hablar con un médico regularmente para conseguir ayuda, tomar algún medicamento antidepresivo o registrarse en un programa especial de consejería emocional.

Algunos personas tratan de esconder los síntomas de depresión con actitudes opuestas. Al mismo tiempo, otros de la tercera edad que se deprimen tanto que no quieren salir de su casa y siempre tienen alguna justificación para permanecer en su hogar. Estas personas físicamente no parecen enfermas, pero el hecho de estar solos y encerrados por largos períodos de tiempo, podría llevar a la depresión.

Posibles soluciones

Independientemente del nivel de depresión, dijo la doctora Aranda, es importante siempre ver a un médico de cabecera. Este puede detectar los síntomas antes de que se agudicen. Aseguró que actualmente los antidepresivos ayudan mucho y que en muchas ocasiones ella ha visto cambios positivos y significativos gracias a estos medicamentos.

Otras posibles soluciones, concluyó, es que es necesario realizar una campaña de comunicación donde se hable de lo común que puede ser la depresión clínica para que las personas entiendan que visitar a un terapeuta puede ser una opción y que no necesariamente es para casos extremos. Y aumentar el número de profesionales bilingües, asegurando que todos los seguros médicos cuenten con un sistema accesible y bilingüe para la comunidad de habla hispana.

“This article was written with the support of a journalism fellowship from The Gerontological Society of America, Journalists Network on Generations and the Silver Century Foundation.”