Siria: ¿Cómo se lucha contra el coronavirus en medio de una guerra civil?

Uno de los últimos países afectados por la pandemia

Personal sanitario desinfecta un campamento de desplazados por la guerra.
Personal sanitario desinfecta un campamento de desplazados por la guerra.
Foto: YAHYA NEMAH / EFE

Una nación rota por una guerra civil debe hacer frente a otro actor devastador: el coronavirus.

Tras reconocer el primer caso de COVID-19, Siria ha decidido blindarse para evitar que el nuevo coronavirus, que ha dejado más de una decena de miles de muertos en el mundo, asuele a una población que sufre una guerra que ha dejado una frágil infraestructura incapaz de enfrentarse a esta pandemia.

Desde este martes hasta nuevo aviso Siria ha cerrado todas las fronteras que controla para evitar la entrada de personas desde el Líbano, incluso de sus propios nacionales, tras anunciar ayer el primer contagio, aunque organizaciones no gubernamentales han advertido de que los infectados podrían ser más en el país.

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La administración kurdosiria, que escapa al control de Damasco, ha aplicado desde hoy un toque de queda durante quince días, mientras que la población en la provincia de Idlib, último bastión opositor, tiene que sobrevivir en medio de un frágil alto el fuego.

“Juntos contra el coronavirus”, ese es el eslogan que el Gobierno sirio proclama desde hoy y después de que el ministro de Sanidad, Nizar Yazigi, reconociera ayer a la televisión estatal que había un caso de coronavirus en una “persona” de unos veinte años que había llegado de fuera de Siria y que no presentó ningún síntoma al entrar al país, sin dar más detalles.

Siria es uno de los últimos países en el planeta que se suma a la pandemia del COVID-19, al menos oficialmente.

Pero la ONG Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha informado de hasta 15 casos en la provincia de Deir al Zur, de los cuales 11 proceden de Irán, uno de los países más afectados por la pandemia, así como de 4 iraquíes pertenecientes a milicias proiraníes.

Omar Abu Layla, director de la red de activistas de Deir al Zur 24, aseguró en su cuenta de Twitter que en el hospital nacional de la provincia de Latakia, feudo del presidente Bachar al Asad, había “decenas de miembros del régimen” sirio infectados por el coronavirus.

Ayer el activista se preguntó: “¿Qué hay de los tours diarios de Irán a Siria? ¿Y las milicias iraquíes?”.

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Tanto milicianos iraquíes como iraníes, aliados del Gobierno, tienen acceso libre por la frontera oriental en Al Bukamal desde Irak.

Por otro lado, la autoridad kurdosiria ha asegurado hoy que no hay casos registrados en los territorios que controla, en el norte y noreste de Siria, aunque ha decretado un toque de queda durante quince días para evitar “esta gran amenaza”.

La decisión se produce después de que miles de personas salieran a las calles durante estos días para celebrar la fiesta tradicional kurda Newroz, que marca el equinoccio de la primavera.

¿Lavarse las manos en una guerra?

En el noreste de Siria se ha interrumpido hoy el suministro de agua de la estación de Allouk, en la provincia de Al Hasaka, según la ONU y la agencia oficial de noticias siria, SANA.

“La interrupción del suministro de agua durante los esfuerzos actuales para frenar la propagación de la enfermedad por coronavirus pone a los niños y las familias en un riesgo inaceptable. Lavarse las manos con jabón es fundamental en la lucha contra el COVID-19″, indicó en un comunicado el representante de Unicef para Siria, Fran Equiza.

Un voluntario desinfecta en Idlib. EFE/EPA/YAHYA NEMAH

La Organización Mundial de la Salud para Siria ha advertido de que el riesgo de que la pandemia se propague en el país árabe es “muy alto” y las áreas más susceptibles son Damasco y la provincia de Rif Damasco, las áreas más pobladas y donde suele haber más concentraciones.

La ONU ha recordado que para muchos lavarse las manos es todo “un lujo”.

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Eso ocurre en la provincia de Idlib, donde casi un millón de personas abandonaron sus hogares desde el 1 de diciembre pasado por la ofensiva lanzada por el Ejército contra el último bastión opositor del país, en el que tampoco hay registro de casos.

Pese a que está en vigor un alto el fuego que ha frenado los bombardeos desde hace más de dos semanas, los desplazados continúan viviendo en campamentos y asentamientos informales, incluso bajo los árboles.

La Defensa Civil siria, conocida como los “cascos blancos”, y otras ONG, como Violet, han desplegado equipos de activistas para proveer de equipamiento a los hospitales que siguen en pie en la zona y concienciar a la población sobre los riesgos de esta pandemia.