“No me pegues”, pide niño atrapado entre la pandemia y la violencia doméstica

Se incrementan los casos de violencia durante la cuarentena del COVID-19

Violencia familiar.
Violencia familiar.
Foto: Archivo / Shutterstock

MÉXICO – —¡Ya papá, ya papá! — gimió el niño—. ¡Me duele!

¡Cállate!— respondió el hombre.

— Déjalo— intervino la madre y se escucharon golpes, azotes.

— Tú a mi no me vas a pegar— reviró el marido.

Llanto. Gritos. Diálogos altisonantes a ratos incomprensibles hasta que se escuchó un portazo. Silencio, susurros y la voz de un niño asustado, ¿será el más chiquito o el de cinco años?  “Perdón, fue mi culpa, desobedecí a papá soy un tonto”.

Aquella mañana, mientras escuchaba la pelea de sus vecinos, Tania Marsilli pensó que se trataba de un episodio más de la mala relación de la pareja, pero cuando en el clímax de la riña incluyó a niños, tomó una decisión.

En parte fue presionada por sus propios hijos adolescentes, ¡qué miedo!, decían mientras escuchaban a  detalle las barbajanerías y reproches; los azotes de objetos, el crujir de los cuerpos. ¡Mamá haz algo!, solicitaron, finalmente. “Entonces llamé al 911”, cuenta Tania, , una editora de textos especializados radicada en la Ciudad de México, en entrevista con este diario.

El 911 es un número de emergencia enlazado a la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México que aún no desglosa las cifras más recientes de violencia doméstica en la capital mexicana, una de las urbes con mayor número de denuncias del país, pero algunas organizaciones no gubernamentales han lanzado una alerta ante el incremento por la mayor convivencia en casa.

Los protagonistas son, principalmente, hombres. Según la Red Nacional de Refugios  el número de llamadas y mensajes de mujeres pidiendo auxilio para enfrentar la ira de sus maridos subió de 60 a 160 diarios en la Ciudad de México desde que empezó la cuarentena por COVID-19.

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, en enero y febrero de este año se registraron en el país 40,910 llamadas al 911 por incidencias de violencia contra la mujer y 35,362 por violencia de pareja. Esto es: alrededor de 1,200 diarias por ambas quejas.

Wendy Figueroa, directora de la organización explica que la campaña internacional #quedateencasa para frenar el coronavirus ha obligado a las familias a convivir más en la vida doméstica a través del home office, los despidos o los ceses temporales y por ello “hay más conflictos”.

Los vecinos de Tania Marsilli constantemente peleaban, según podía escucharse a lo lejos, pero no con el nivel de agresión de aquella tarde que ella tuvo que llamar al número de emergencias a principios de marzo pasado.

El alza de denuncias por la violencia doméstica es un asunto internacional que preocupa a la Organización de las Naciones Unidas. En días recientes hizo un llamado a poner atención en los conflictos interfamiliares derivados de la convivencia forzada por el COVID-19. En el caso particular de México, le precede un periodo inmediato de aguda violencia de género con hasta10 muertes diarias de mujeres con algún tipo de ataque sexual.

Las razones 

Los Rodríguez estaban desayunando tranquilamente. La pareja se había desvelado por trabajar en sus respectivos asuntos. El, en un presupuesto de construcción como arquitecto; ella, actualizando su lista de clientes potenciales en la venta de bienes raíces. El niño de tres años seguía en la cuna, jugando con el biberón.

De pronto se escuchó un golpe estruendoso, seco. Pensaron que estaba temblando. El ruido venía de la cocina. Corrieron para ver lo que había ocurrido y ahí estaba el desastre: la alacena sobrecargada por las compras de pánico se vino abajo. Frascos hechos añicos con mermelada, mayonesa y café en el piso, a lado de granos de arroz y azúcar desperdigados.

—Te dije que no compráramos tanto, pero eres terca como una mula —dijo él.

Ella, cuenta, sintió como si la jalaran de los cabellos, “un coraje en el estómago” y ganas de darle un bofetón al niño que no paraba de llorar del susto. “Pero bien que te estás comiendo todo, pendejo— reviró — ¡a ver si ya cocinas un poco más!”.

— A mi no me vas a pendejear —respondió él con un empujón a su mujer, quien tenía la taza de café del desayuno en la mano y, por instinto de supervivencia (o no sabe bien por qué) se lo lanzó a la cara. El hombre sacó la caja de leche del refrigerador e hizo lo mismo. Ella agarró una escoba y le dio con el palo en un muslo y, en revancha él le dio, uno, dos…

“En una de esas me dio en la mejilla y, al sangrar tuve que parar la pelea para irme a lavar”, recuerda ella, quien optó por no denunciar: “Nunca habíamos peleado hasta lastimarnos físicamente, nos llegamos a decir cosas pero no a ese extremo”.

Las organizaciones de mujeres temen que la violencia contra la mujer en medio de la pandemia, se esté extendiendo de manera silenciosa debido a la falta de denuncias por diversas razones: los juzgados están cerrados, ellas tienen miedo de salir de sus casas y, de cierto modo, están conscientes de que el hacinamiento contribuye a exagerar la cultura machista.

“Hay un convencimiento entre muchos hombres mexicanos de que son superior a las mujeres y a ellas les dejan, además de sus propios trabajos, la responsabilidad de llevar la casa y los cuidados de los hijos y eso genera irritabilidad en ellas”, advirtió Lucía Lagunes, directora de la agencia municación e Información de la Mujer.

“Ocurre en todas las clases sociales, igual puede pensar un obrero o un intelectual; un rico o un pobre y a  esto se suma la negligencia de las autoridades de justicia que no han estado a la altura de la paridad de género para castigar como se debe el delito (en México hay una cifra de impunidad del 99%, según reconoce el gobierno actual)”.

Los vecinos de Tania Marsilli son un matrimonio común de la clase media alta mexicana donde la madre se queda en casa mientras los niños son pequeños y el padre sale a trabajar en un empleo bien remunerado o en una  empresa propia.

Niko Nogués, fundador de la organización civil De Machos a hombres que busca redefinir las masculinidades, observa que esta agresividad en el hogar en tiempos de Covid, está relacionada“al estereotipo de una masculinidad más hegemónica y más tóxica, donde ellos están acostumbrado a liderar espacios públicos.

“El encierro por la cuarentena lo sacó de ese entorno. De pronto te ves relegado a un espacio donde esa capacidad de liderazgo no la puedes poner en práctica; no puedes liberar mucho, no puedes controlar, no sabes qué hacer”.

Así, entre la irritabilidad de la mujer que se siente abusada, el desconcierto de los hombres por ser arrojados a espacios poco habitados por ellos (la intimidad del hogar), más la tensión económica y sanitaria que involucra el virus, se forma el cóctel de la violencia doméstica.

En los juzgados

Con base en la experiencia profesional, el abogado Mauricio Morales, experto en derecho familiar y penal, considera que la violencia doméstica, sea verbal, física o emocional se genera en “dos direcciones”.

Cita un ejemplo común de los juicios que ha llevado: “Si la mujer está viendo una telenovela y su pareja le indica que deje de estar viendo dramas porque luego imita lloriqueos, eso la humilla. En contrario y con actitud revanchista, la respuesta muchas veces es que si el hombre está viendo un partido de futbol, ella lo critica diciendo, por ejemplo, que no le encuentra sentido ver a una oncena de babosos corriendo detrás de un balón”.

El litigante observa que, además, hay un asunto jurídico internacional que ha provocado que se incremente más la violencia en lugar de matizarla. Se trata de la ratificación de México a la Convención de Belem do Pará que instruye a los Estados suscriptores para que inmediatamente que tengan conocimiento de una denuncia de violencia de género, dicten una orden de salida del presunto agresor del domicilio conyugal.

“Esto, resulta violatorio de derechos humanos y al debido proceso… y debe reconsiderarse”, advierte. Mientras tanto, sugiere respeto mutuo, dada la condiciones, dados los complicados tiempos, y evitar desenlaces extremos.

Después de que Tania Marsilli llamó al 911, dos policías llegaron al condominio del niño maltratado, pero el papá ya se había ido. Horas después ya no se escuchó a la madre mmi a los niños ni ruido alguno hasta en la noche que regresó el hombre. Y ahí sigue: solo ante la pandemia.