‘Algunos no creen en el COVID, pero yo lo viví’

Miembros de la comunidad hablan de las posibles razones del aumento de casos por coronavirus entre los latinos de California

‘Algunos no creen en el COVID, pero yo lo viví’
Aumentan los casos de COVID en todo el estado.
Foto: Getty Images

Cuando surgió la pandemia por el COVID-19, varios dijeron no creer que fuera cierto. No conocían a nadie contagiado y menos que hubiera muerto a causa del virus.

No obstante, a muchos ya les llegó el momento de entender que esta enfermedad existe tras ver las cifras de contagio, la cantidad de pacientes internados en los hospitales y el número de fallecimientos.

Si bien es cierto algunas personas no presentan síntomas; en otras, estos pueden resultar dolorosos y —peor aún— según reportes médicos, quienes se recuperan pueden quedar con serios problemas de salud, incluyendo altas posibilidades de ataques cardíacos.

Y la comunidad inmigrante latina es una de las de mayor riesgo de contagio.

“Tenía mucho cansancio, dolor de cabeza, tos… Me hice la prueba del COVID-19 pero los resultados demoran una semana”, explica América Hernández, de 37 años, residente de Fresno, en el Valle Central de California —una de las regiones agrícolas más ricas del país en la que trabajan jornaleros migrantes que viven en condiciones de pobreza y marginación.

“Antes de que llegaran los resultados [que fueron positivos] yo me quedé en casa, en cuarentena e informé a mi trabajo”.

Hernández perdió el sentido del olfato y del gusto, otros de los síntomas del coronavirus. Por ello, decidió hacer una estricto régimen de alimentación para fortalecer su sistema inmunológico.

“Ordené muchos jugos verdes, tomé jengibre y chile, preparé caldos, tomé vitaminas D y C, además de mucha agua y tés”, comenta Hernández, nacida en Jalisco, México, y quien trabaja en una agencia proveedora de servicios sociales.

“Me comuniqué con todas las personas con las que tuve contacto para que tomen precauciones y se hagan la prueba”.

No sabe dónde contrajo el virus pero sospecha que se contagió durante un viaje a Chicago. “No estoy segura, en esa oportunidad hasta limpié bien el asiento del avión”, asegura la mujer, quien hoy está bajo cuidado médico.

América Hernández, residente de Fresno, habla de su experiencia con el COVID. / foto: Eduardo Stanley

Hay que ir a trabajar

“Los contagios están aumentando, lo vemos en nuestra comunidad”, comenta José Chávez, de 26 años, nacido en Oaxaca y residente de Madera, al norte de Fresno.

“Un ahijado de mi mamá estuvo mal, no se hizo la prueba pero al menos se aisló y tomó precauciones”.
Agrega que esta persona sufrió con la enfermedad pero finalmente se recuperó.

“Por el tipo de trabajo que hace nuestra gente, en la agricultura o en empacadoras, es difícil cuidarse… No hay distancia social y pocos usan mascarillas”, explicó. “Es difícil aislarse porque la gente necesita el dinero, vive día a día, no puede dejar de trabajar”.

El aumento del contagio también está relacionado a la falta de comunicación, quienes se contagian no siempre lo dicen a sus empleadores por temor a perder el trabajo, aunque sea temporalmente.

“Hay muchos casos entre quienes trabajan en el campo”, asegura Chávez. “Hace un mes murió un conocido, nuestro Gilberto, era jornalero… Se lo llevó el COVID-19”.

Él cree que entre los contagiados hay vergüenza en reconocerlo. “Y creo que el machismo también influye”.

Uno de los problemas en el Valle Central ha sido la lenta o casi nula respuesta de las autoridades.

La ciudad de Fresno es una excepción, ya en marzo pidió a sus residentes que se queden en casa y usen mascarillas. Pero los Supervisores del condado de mismo nombre no hicieron esto, como tampoco las autoridades del condado de Madera, y otros de la región.

Esta actitud de las autoridades locales contribuyó al alto nivel de contagios y muertes en la comunidad latina.

“La religión también es un problema”, dice Chávez. “Recientemente, en un rosario para despedir a un fallecido [vi que] nadie usaba mascarilla y repetían que no había que preocuparse, que no pasaba nada… Esto es una irresponsabilidad”.

Las escuelas ofrecen clases por internet para evitar los contagios. Pero en un medio rural es un desafío cumplir con esta norma.

“Los niños prefieren ir a clases pero no es posible por el peligro del contagio”, dice Zulema Rueda, consejera del Programa Migrante del Departamento de Educación del Condado de Merced.

“Cuando vemos que los niños faltan a las clases virtuales nos comunicamos con ellos, incluso visitamos sus casas”, agrega.

Según Rueda, las escuelas hacen lo posible para ayudar. Sin embargo, hay limitaciones producto del estilo de vida.

Por ejemplo, la mayoría de los niños cuyos padres trabajan en el campo están solos, sus padres trabajan largas horas y no están en condiciones de ayudar a sus hijos.

“Y las personas no quieren decir si se contagian, es un tabú”, explica. Muchos contagiados no se aíslan, siguen trabajando y enferman a sus compañeros.

Rol importante: líderes de fe y empleadores

“Al principio mi comunidad no creía en el COVID-19”, dice Juan Santiago, residente de Madera y originario de Coatecas Altas, un pueblo zapoteco de Oaxaca, México. “Pero con el tiempo, especialmente en mayo, ya empezamos a enterarnos de personas enfermas y de fallecimientos”.

Muchas familias de su comunidad viven en Los Angeles y en Madera.

Dos de los hermanos de Santiago se contagiaron del virus. “Lo contrajeron en el trabajo, en plantas de procesamiento de comida”, asegura. “Uno de mis hermanos no se hizo la prueba pero se cuidó y ya superó lo peor”.

Otro hermano le comunicó a su empleador que tenía los síntomas del COVID-19 y éste le exigió que se haga la prueba y así pudieron atenderlo.

“Los empleadores cumplen un rol muy importante en esta pandemia, ellos deben hacer que se cumplan las normas de seguridad sanitaria”, comenta Santiago.

“Las personas que se contagian no quieren reconocerlo y esto es muy peligroso para la comunidad”.

Otros líderes que pueden cumplir un papel importante son los religiosos, asegura.

“Nuestra comunidad no deja de celebrar bautizos, casamientos… Son reuniones grandes y ocurren muchos contagios. Pero hace poco un sacerdote dijo que no celebraría un bautizo con invitados, solo con el papá y la mamá del bebé. Esto es bueno aunque algunos no lo vean así”.

Por su parte, América Hernández piensa que ya pasó lo peor y que poco a poco se va recuperando. “Hay personas que no creen que el COVID-19 existe, pero yo lo viví, es real… Conozco contagiados, enfermos, la pasan mal. También conozco de muertes”.

Un testimonio importante en momentos cruciales para la salud de nuestra comunidad.