Los mexicanos emigran en tiempos de COVID-19

El gobierno estadounidense reconoció  que la migración mexicana hacia Estados Unidos se ubica en los niveles más altos de la última década, debido a la crisis económica generada por la pandemia

Los mexicanos emigran en tiempos de COVID-19
Alfonso Nieto y otros migrantes en la frontera México-EEUU.
Foto: Alfonso Nieto / Cortesía

MÉXICO – A principios de año, Alfonso Nieto y Andrés Santander, no tenían ni el más mínimo deseo de emigrar. Con hijos pequeños, recién nacidos o aún en el vientre de la madre, ambos mexicanos vislumbraban buenos tiempos. El primero, para abrir una zapatería; el segundo, para que el gobierno federal le pagara por su trabajo en la construcción de una carretera.

Pero la vida dio un giro inesperado: llegó la pandemia por el coronavirus, los negocios cerraron, la gente dejó de cobrar, las empresas suspendieron pagos y estos dos hombres oriundos de la sierra queretana, en el centro del país, tuvieron que salir a buscar el pan, un futuro, algo de dinero para sobrevivir y… ¡se fueron a Estados Unidos!

Alfonso y Andrés son el rostro humano de una situación que tiene en alerta al embajador estadounidense en México, Christopher Landau, quien recientemente reconoció que la migración mexicana hacia Estados Unidos se ubica en los niveles más altos de la última década, debido a la crisis económica generada por la COVID-19.

En los últimos años, la migración de personas indocumentadas había bajado mucho. Incluso más mexicanos salían de Estados Unidos de los que entraban, pero este año, con la crisis de salud, los números se dispararon. Aún se desconoce la cifra oficial.

“Para mí es muy importante tratar de buscar formas de promover la migración legal y ordenada, sobre todo con los programas que tenemos para visas especiales para trabajadores que van ahí y trabajan y regresan y yo quisiera realmente ampliar esos programas”, dijo Landau.

Ir y venir es el sueño de la mayoría de los migrantes como Alfonso Nieto y Andrés Santander, quienes prefieren viajar solos a Estados Unidos, trabajar al máximo, ahorrar, y regresar. A Bella Vista, su pueblo natal, donde hacer rendir más los dólares.

“Tener la familia allá no es lo más apto porque el trabajo te absorbe todo el día: te vas muy temprano de la casa y llegas muy noche. Descuidas a la familia y gastas más. Yo tengo dos niños, uno de 10 y otro de tres y dejé a mi esposa embarazada”, dice Nieto. “Lo mejor es vivir el sueño americano en México”.

Alfonso Nieto y su famiia en Querétaro
Alfonso Nieto y su familia en Querétaro. /Foto: Cortesía de Alfonso Nieto

Pero México se puso difícil. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó este jueves una nota técnica en la que alertaba que la tasa de desempleo al final del 2020 podría llegar a ser del 11.7% de la Población Económicamente Activa (PEA).

Esto equivaldría a aproximadamente seis millones de personas además del 44% de la población ocupada que se enfrenta al riesgo de sufrir afectaciones como reducción de horas o salarios.

En EE.UU. aunque la economía ha tenido complicaciones, la situación está menos dramática. Andrés Santander llegó al Norte un jueves y el viernes siguiente empezó a trabajar en la industria de la construcción, colocando aires acondicionados; en México, dejó dos camiones de su propiedad que compró con sus ahorros de trabajo en EEUU.

“Ahora los renté a una empresa privada de mármol y espero que sí me paguen”, aventura.

Entre los drones

Cuando el coronavirus se multiplicó en México y la gente se encerró para ahorrar un poco de dinero, Alfonso Nieto tuvo claro que no iba a ser el año para abrir el negocio de zapatos. Se puso de acuerdo con el coyote del pueblo que conoce desde hace décadas, el mismo que lo ha llevado en cuatro ocasiones a la frontera.

La última vez que había cruzado indocumentado, hace un lustro, todo era más o menos igual que siempre. Los agentes de la patrulla fronteriza rondaban la zona con sus vehículos y los traficantes buscaban sortearlos. “Ahora nos cazan con drones”, precisa. “Todo eso lo complica muchísimo. Nunca había tenido tantos problemas para cruzar”.

El grupo de 13 migrantes (tres mexicanos y 10 centroamericanos) avanzaba lentamente a finales de octubre pasado. Apenas habían pasado el río Bravo, unos metros después de la frontera con Reynosa, Tamaulipas, cuando vieron pasar los drones.

Un dron UAS Vader del prototipo MQ-9 Reaper o Predator B,  fabricado por la empresa aeronáutica General Atomics tiene un precio aproximado de $16 millones de dólares y vuela a unos 18 pies (5.5 metros) de altura. Su uso ha sido reconocido por la Patrulla Fronteriza.

Oficialmente se calculó que en 2009, los drones ayudaron a la captura de alrededor de 50,000 migrantes en la frontera, un 6% del total de las aprehensiones de indocumentados.

En 2020 detuvieron, entre otros, a 12 compañeros de Alfonso Nieto. Sólo él logró escapar. Fue cuestión de minutos desde que pasaron los drones hasta verse rodeados por seis patrullas y un helicóptero que empezó a sobrevolar sobre sus cabezas.

Todos los migrantes corrieron hacia atrás, como queriendo volver a México. Alfonso, en cambio, fue para adelante hasta perderse en el cerro.

Años atrás, cuando la tecnología de los celulares no existía, este migrante de 32 años tenía altas posibilidades de extraviarse en el semidesierto y morir de hambre y de sed. Ahora, sólo tuvo que mandar su ubicación en tiempo real al coyote y éste lo volvió a guiar hasta el lugar donde llegó para recogerlo.

Andrés Santander tuvo una experiencia similar. No vio ningún dron, pero en cuanto el grupo e indocumentados con el que viajaba pisó suelo estadounidense, la patrulla de ICE los comenzó a perseguir. Todos corrieron. De pronto se vio él solo con unas latas de atún, galletas, leche y chocolate en polvo, agua y el celular con el que buscó la forma de salir de la zona y avanzar hacia el norte Hasta Georgia.

Andrés Santander en la frontera México-EEUU
Andrés Santander en la frontera México-EEUU. /Foto: Cortesia Andrés Santander

Covid-19

Que el crimen organizado tiene controladas las fronteras no es un novedad. En 2018, las autoridades fronterizas de lado estadounidense reportaron que los traficantes de indocumentados también usan los drones voladores para vigilarlos como un mecanismo de contraespionaje.

La Patrulla Fronteriza trabaja con más de 30 empresas de tecnología que están desarrollando distintos sistemas en la frontera con México. Este año interceptaron 36 pequeños aviones no tripulados que los espiaban para facilitar la entrada ilegal en el sector de El Paso.

Alfonso Nieto, por su parte, tuvo la experiencia en carne propia,  porque la tecnología de los coyotes lo guió con el GPS para que no se quedara en medio del desierto. Así lo recogieron en un punto seguro y lo llevaron a una bodega.

Hablando aquí y allá se enteró que los cárteles no permiten que las mujeres sean abusadas, no quieren líos de faldas ni con niños ni de ningún tipo, sólo dinero: el negocio de la migración sin papeles.

Al llegar a la casa de seguridad donde esperaría un tráiler que lo sacaría de San Antonio, Texas , tuvo que bañarse y entregar su ropa para que la lavaran. Esperar un tiempo en monitoreo, confirmar que no tenía fiebre ni síntomas del coronavirus. Y finalmente el riesgo mayor: unirse a 40 personas más.

“Aún con esas precauciones hay peligro de enfermarse, pero tenemos que buscarnos la vida”, concluye.

Alfonso Nieto no quiso esperar el tráiler en San Antonio porque había una lista de espera de 22 días. Prefirió caminar y no tener la angustia de que en cualquier momento llegara la migra y lo echaran sin preguntar.

Andrés Santander al llegar a su destino en EEUU
Andrés Santander al llegar a su destino en EEUU. /Foto: Cortesia Andrés Santander

En tiempos de COVID-19, cientos de miles de inmigrantes han sido capturados y echados del país de manera exprés. Las deportaciones están amparadas en el Título 42 de la ley de salud pública creada en 1944.

Actualmente los agentes migratorios no cuestionan ni envían a los sin papeles a los centros de detención. Simplemente los echan, por las restricciones impuestas por el presidente Donald Trump en su intento por frenar la migración, que ha resultado contraproducente porque quienes tienen antecedentes de expulsión no son retenidos.

Hay muchos migrantes que intentan una y otra vez, porque nada más los mandan a la frontera y así es más fácil colarse. Lo están haciendo muchos mexicanos, pero sobre todo centroamericanos. Siempre con el riesgo del contagio en la era del coronavirus.