Trabajadores latinos en LA se reinventan

Algunas personas que perdieron sus empleos durante la pandemia, se han sumado a la economía informal y ahora son vendedores de comida en las calles

Analy y Fernando González (i) preparan una torta de birria para una clienta. / fotos: Jorge Luis Macías.
Analy y Fernando González (i) preparan una torta de birria para una clienta. / fotos: Jorge Luis Macías.
Foto: Impremedia

Fernando González, un hombre originario de Puebla, México, manejó por muchos años grúas para rescatar a automovilistas cuyos vehículos se descomponían en las calles y autopistas de Los Ángeles.

No obstante, ahora es un experto cocinero que en el Este de Los Ángele vende tacos de canasta, tortas, mulitas, quesadillas y birria al estilo Ocotlán, Jalisco. Delicias que aprendió de la tierra natal de su esposa Analy.

“Había que reinventarse…fue algo obligatorio porque teníamos que sobrevivir por la familia”, indicó.

Este padres de tres hijos junto a su esposa, además de otros vendedores de comida se instalan en las aceras de la intersección de las avenidas Rowan y Cesar Chávez, para ofrecer su comida al aire libre.

“Por la pandemia, hubo un tiempo en que mi esposo se quedó sin trabajo, y aunque ganaba bien lo descansaron”, expresó Analy. “Antes, él había trabajado en una lonchera, así que decidimos abrir nuestro negocio llamado Birria Analy’s”.

En la actualidad, la pareja pone su puesto cada sábado y domingo frente a un supermercado, sobre la acera de la avenida Rowan. Cuentan que tienen permiso de los dueños del lugar para trabajar. Solo les pusieron una condición: no vender lo mismo que la tienda le ofrece al público.

Sus ventas dependen del número de comensales. En un buen día llegan a vender hasta 500 dólares pero en un día “malo”, obtienen de entre 250 a 300 dólares.

En la misma avenida, Carmela Hernández (i) y María Recinos cocinan suculentas pupusas.

Cifras de desempleo

Como Fernando, quien perdió su empleo hace cuatro meses, un total de 613,400 personas no tienen trabajo en el condado de Los Ángeles.

De acuerdo con el más reciente reporte del Departamento de Desarrollo del Empleo (DDE), esta región registra una tasa de desempleo del 12.1%. A nivel estatal, el número de desempleados es de 1,736,300.

A unos cuantos pasos de Fernando y Analy se acomoda Magdalena Calixto, una inmigrante de Uruapan, Michoacán, quien ahora se dedica a vender tacos de canasta, tacos dorados y flautas, además de champurrado y arroz con leche.

Y a usted ¿cómo le va con la pandemia y las ventas?

“¡Ay, ay, ay, pues entre azul y buenas noches!”, respondió “Maguita”, como le dicen de cariño. “Eso significa que hay días en que vendo muy poquito y en otros me va mejor”.

“Ella cocina sabroso, por eso vengo a comprarle”, comentó María González, una clienta de Magdalena.
“Además, todos aquí son gente buena que trabaja solamente para ganarse el pan de cada día”.

Magdalena Calixto vende ahora tacos de canasta.

El problema de los permisos para la venta

A partir del 1 de enero de 2019, con la Ley de venta segura en las aceras (o la SB 946) del senador estatal Ricardo Lara, se legalizó la venta ambulante en todo el estado. La medida fue promulgada por el aquel entonces gobernador Jerry Brown.

Dicha ley limita las infracciones y multas impuestas a los proveedores y es un punto de inflexión en la lucha para proteger a muchas familias migrantes de las deportaciones de la era Trump.

No obstante, algunos vendedores callejeros se quejaron de que han llegado inspectores de salud, acompañados de agentes del Sheriff del condado Los Ángeles (LASD) y que les han tirado su comida a la basura.

“De seguir así me van a volver diabética”, declaró Carolina Hernández, una vendedora de pupusas.

“Cada vez que los vemos [a los agentes] nos toca salir corriendo; vender en la calle tiene su riesgo, pero la necesidad nos obliga”.

Hernández no es la propietaria del negocio. Su patrón es quien debe pagar las multas que les aplican. Cuenta que no cuentan con un permiso oficial de venta de comida en la calle por lo que lo hacen de manera ilegal.

“Nosotros nos involucramos cuando negocios del área, que pagan impuestos y cumplen con las regulaciones sanitarias de la Administración Federal de Alimentos (FDA) o que tienen franquicias, nos dejan saber sobre las ventas ilegales”, dijo a La Opinión el sargento Reginald Hoffman, de la Estación Este de Los Ángeles del LASD.

“La segunda ocasión en que intervenimos es cuando nos los requiere el Departamento de Salud del condadoy vamos a lo que ellos llaman revisión de vendedores, pero nosotros nunca tiramos la comida de nadie”, aseguró.

Sin embargo, en medio de la pandemia por el COVID-19 —de grandes proporciones en cuanto a infecciones y muertes— los rostros de la economía subterránea de Los Ángeles son precisamente los vendedores ambulantes que operan en las calles.

De un total de 50,000, al menos 10,000 se dedican a la venta de comida, según datos de la organización Inclusive Action for the City.

“Con tiempos difíciles y sin precedentes para tantos angelinos, StreetsLA continúa trabajando en asociación con los vendedores ambulantes para garantizar su salud, seguridad y cumplimiento [de normas] durante la pandemia”, reconoció Adel Hagekhalil, gerente general de Streets LA.

“Con una campaña activa de educación y divulgación, ahora hemos emitido casi 1,000 permisos para ayudar a estos empresarios a operar legalmente”.

Gustavo Padrón, dueño de Mariscos “El Chaka” y extrabajador del sector de la construcción, declaró que también se vio obligado a reinventarse, “porque me descansaron y todo se vino abajo”.

Él, ahora un vendedor de ceviche y el original aguachile de camarón estilo Sinaloa, junto a los demás comerciantes dice que poco a poco se están levantando económicamente. “Agradecemos a la comunidad que nos apoya”, dijo.

Gustavo Pardo (i) en pleno proceso de freír unos tacos de camarón.