No es un acto de magia, es asesoría y trabajo

Cambiar el rumbo académico de los estudiantes por uno más positivo: el desafío de City Year.

No es un acto de magia, es asesoría y trabajo
Addy Gutiérrez, miembro de City Year desde el año pasado, asesora en materias como precálculo, inglés y ciencias computacionales.
Foto: City Year / Cortesía

Isabel Martínez no sabía que a su hijo, Matthew Torres, los maestros lo sacaban del salón de clases y lo dejaban en el pasillo. El niño, que acababa de comenzar la secundaria, tenía problemas para adaptarse a su nueva escuela, y además necesitaba educación especial.

Isabel Martínez no sabía que a su hijo, Matthew Torres, los maestros lo sacaban del salón de clases y lo dejaban en el pasillo. El niño, que acababa de comenzar la secundaria, tenía problemas para adaptarse a su nueva escuela, y además necesitaba educación especial.

“El primer año, sobre todo, fue muy desafiante por la transición [de la primaria a la secundaria]”, dijo Martínez. “Sus grados no eran buenos, tenía C o menos de C”.

Matthew Torres con miembros de City Year en la celebración de su cumpleaños en 2019. Foto: Cortesía City Year

Fue hasta finales del sexto grado cuando Matthew comenzó a ponerse al corriente con sus clases, y cuando inició el séptimo grado, Martínez vio con alivio que su hijo empezó el año con firmeza. La materia de matemáticas era con la que más problemas tenía.

La solución para la situación de Matthew no fue un acto de magia, fue una labor conjunta entre maestros, Martínez y miembros de City Year de Los Angeles, una organización sin fines de lucro que está inmersa en 26 escuelas del condado de Los Angeles, incluyendo Boyle Heights, Inglewood, Pico Union y Watts.

En total, 225 jóvenes de entre 18 y 24 años –edad que deben tener a la hora de presentar su solicitud– trabajan en planteles de primaria, secundaria y preparatoria como tutores o mentores de estudiantes. Como parte de City Year, una filial de AmeriCorps –cuyos miembros solían enfocarse en ofrecer asesoría para ayudar a los estudiantes a graduarse–, ahora no solo ayudan a los alumnos con las materias escolares, sino que también han servido como apoyo psicológico, especialmente en este año en el que los chicos llevan más de seis tomando clases de manera virtual; eso sin tomar en cuenta los meses del ciclo escolar pasado.

Este es el segundo año de Addy Gutiérrez como miembro de City Year, y lamenta que solo ha podido conocer a los estudiantes con los que trabaja de manera virtual. Aún así, ha logrado importantes cambios en algunos de los alumnos.

“Los estudiantes saben que estoy ahí, que siento cariño por ellos”, dijo. “Estoy ahí porque quiero ser maestra y porque quería ayudar a los estudiantes”.

Addy entra todos los días al Zoom de la preparatoria Mendez y está al pendiente de cuatro clases. Al principio del año a los chicos les extrañaba su presencia, pero ahora ya no solo están acostumbrados, sino que saben que ella es un recurso al que pueden acudir cuando tienen alguna duda sobre precálculo, inglés, biología y ciencias computacionales, las materias en las que Addy asesora.

Su labor consiste en reforzar a través del chat de la clase los conceptos que explican los maestros. También está disponible en los recesos y durante el programa de enseñanza de después de clases.

Pero a veces, Addy, de 23 años, no solo tiene oídos para las preguntas sobre las clases, sino para asuntos personales por los que pasan los estudiantes.

“Hablan de lo que está pasando en su casa o de si están teniendo un mal día”, dijo. “Si no pueden atender a la clase me lo comunican y yo aviso lo que pasó [a los maestros]; a veces estamos ahí para escucharlos”.

Los cambios se ven poco a poco, dijo Addy. Por ejemplo, había una chica que al principio era muy reservada, pero a la que Addy le mandaba mensajes con frecuencia, hasta que la joven comenzó a prender su cámara.

“Es un paso chiquito, pero es porque estar frente a una cámara todo el día es difícil”, dijo Addy, quien espera conseguir su credencial como maestra de matemáticas en un futuro cercano.

En ese sentido, Emily Mundo, quien coordina a los nueve miembros de City Year de la secundaria Mendez –incluyendo a Addy–, dijo que esta organización ofrece apoyo académico, emocional y de comportamiento a los estudiantes.

“Creemos que es lo más importante para asegurar una ayuda integral”, dijo.

Por su parte, Addy, quien como miembro de City Year gana un estipendio de 735 dólares cada dos semanas, lamenta que debido a la pandemia no ha podido tener contacto físico con los estudiantes que asesora, algo que Matthew Torres tuvo la fortuna de tener en sus años en la secundaria Hollenbeck. Su mamá incluso dijo que su hijo podía ir con su asesor durante la hora del almuerzo.

“[Su asesor] dejaba de comer para explicarle a mi hijo si tenía alguna duda”, dijo conmovida.

Matthew, de 14 años, irá el próximo año a la preparatoria Mendez. Para entonces es posible que las clases sean presenciales de nuevo. Y también es posible que Addy y los otros miembros de City Year estén ahí para ayudarlo, algo que hace sentir muy bien a Isabel Martínez.

“Si no hubiera sido por ellos la historia [de Matthew] sería totalmente diferente”, dijo Martínez. “Pero lo ayudaron a entenderse a sí mismo, y a mí también a entenderlo”.