Haitianos iban a EE.UU. pero buscan asilo en México… ¡si no hay más!

Migrantes haitianos provenientes de Chile se encuentran en la Ciudad de México en busca de una solicitud de asilo que les permita permanecer en México de manera temporal y después intentar llegar a los Estados Unidos.

Lafontant Nonord es uno de los más de 18,000 haitianos que llegaron a México a pedir asilo.
Lafontant Nonord es uno de los más de 18,000 haitianos que llegaron a México a pedir asilo.
Foto: Gardenia Mendoza / Impremedia

MEXICO.- Sentado sobre la banqueta frente a las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), Lafontant Nonord, de 32 años, es uno de los más de 18,000 haitianos que llegaron a pedir asilo a México en el último año aunque extraña una época de su vida en Chile con su esposa e hija.

A Chile llegó sin visa porque en 2017 este país  no exigían ningún documento a los haitianos y allá se adaptó pronto. “No era una vida complicada”, afirma. 

De hecho, era demasiado simple. Levantarse, ir al taller de carpintería y ponerse a trabajar con el serrucho, los clavos, el martillo y las máquinas para hacer muebles de todo tipo: mesas, sillas, libreros, sillones, cuadros… 

Cumplía con una jornada de ocho horas y tenía un salario que le alcanzaba para tener un pequeño departamento en Santiago, mantener a su familia y alguno que otro paseo hasta que las cosas comenzaron a complicarse con las políticas antiinmigrantes del boyante país otrora de puertas abiertas.

“Poco a poco comenzaron a tratarnos mal, a mirarnos mal en las calles”, recuerda. 

La chilena no una sociedad agresiva ni de ataques directos o alharacas, pero cada día cuchicheaban más, dice. Que ya eran demasiados haitianos, que no tenían papeles, que los servicios de salud y educación estaban perdiendo el orden y pronto colapsarían en un desparpajo similar a los que tiene otros países latinoamericanos.

Lafontant Nonord nunca imaginó que los chilenos saldrían a quemar las pertenencias de migrantes como lo hacen ahora. El hombre para el que siempre trabajó era un señor mayor de pocas palabras que lo trató con gentileza hasta que murió. 

Entonces la familia vendió el taller y el migrante se quedó sin empleo en una coincidencia fatal porque desde 2018 el congreso chileno se puso a legislar en un intenso debate de fuertes discusiones, un proyecto de ley impulsado por el gobierno de Sebastián Piñera.

El plan era pedirles visa a los haitianos para dificultar su ingreso y reducir su alto flujo porque, entre terremotos, huracanes y pobreza, miles y miles se lanzaban del calor del caribe hacia las lluviosas ciudades chilenas y cada vez había más críticas desde la oposición y grupos conservadores.

Lafontant recuerda que en la televisión se repetía el discurso del  “extraordinario incremento” de la migración  y sugería la visa para evitar las redes de tráfico.

“Tenemos conocimiento de empresas en Puerto Príncipe que estaban dedicadas a decirle a los haitianos ‘venda su casa, venda todo lo que tiene, nos paga tres mil dólares y le damos un contrato de trabajo en Chile y usted paga el avión'”, dijo a principios de 2018 el entonces canciller Heraldo Muñoz 

La imposición de la visa se aprobó y así bloquearon las vías directas para el ingreso de haitianos a Chile, no así los otros caminos porque no hay quien pare el hambre, observa Lafontant mientras mira a su esposa comer un poco de fruta e intenta que su hija de dos años se olvide de un dibujo prometido.

Este haitiano de 37 años observó que el arribo de amigos, parientes, vecinos y desconocidos desesperados siguió su curso. Con apoyo económico de las familias, saltaban hacia República Dominicana y de ahí a Guayana, a Surinam o Ecuador, países que no piden más que el pasaporte a los haitianos. 

En Chile las leyes apretaron más. No sólo contra los haitianos sino contra todos los extranjeros (que habían aumentado de 305,000 en 2010 a 1.5 millones al 2020) a quienes dieron un últimatum de regularizarse o ser deportados. 

Para Lafontant empezó así un calvario: tocaba puerta por puerta pero la respuesta era la misma: “traiga sus papeles”.

Migrantes haitianos en las afueras de la sede de la Comar en la CDMX/ Foto: Gardenia Mendoza.

De vez en cuando conseguía algo mal pagado y en esas estaba cuando llegó la pandemia y tenían que pedir caridad. Luego llegó el demócrata Joe Biden al poder y dijo que las políticas de su antecesor, Donald Trump, eran inhumanas y que él trataría mejor a los inmigrantes.

Así los haitianos empezaron a ver hacia EE.UU. Miles y miles de indocumentados en Chile y Brasil hicieron maletas y pusieron pies en polvorosa.

Rumbo a EE.UU.

Vladimir Joseph, de 37 años,  salió de Chile este mismo año igual que Lafountant, cuando le perdió el miedo a la pandemia y le entró el temor a la deportación hacia Haití, uno de los países más pobres del mundo.

De allá pretende sacar a su esposa y a su hijo que dejó para hacer camino. “Había razones de más para huir”, cuenta mientras espera su turno para solicitar refugio en la Comar. 

Sabe que la paciencia en estos casos es de sabios, que a lo mejor no alcanza turnos porque en la Ciudad de México hay alrededor de 3,000 y 4,000 haitianos queriendo refugio en los últimos días, según calculan algunas organizaciones civiles como Comité Ciudadano en Defensa de los Naturalizados y Afromexicanos ( CCDNAM).

Decide aguantar. Y aguantar significa ir y venir todos los días en espera de una respuesta a la petición de su asilo. Muchos de sus compatriotas tienen que madrugar para esperar su turno porque son pocos trabajadores en la Comar y México ha registrado el arribo de alrededor de 147,000 migrantes sólo en lo que va del año.

¡Esto es el triple de 2020! 

De lo contrario, Vladimir Joseph tendría que exponerse a seguir el camino por su cuenta y arriesgarse a ser deportado desde México como ya ocurrió el 29 de septiembre pasado. 

Migrantes haitianas poco antes de su deportación desde México/Foto: INM

El Instituto Nacional de Migración anunció que había deportado a los primeros 70 indocumentados a Puerto Príncipe que estaban asentadas en la Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Tabasco. Eran 41 son hombres, 16 mujeres y 13 menores de edad. 

Vladimir Joseph dice que él ha pagado miles de dólares en sobornos desde que salió de Chile y no quiere cometer una imprudencia que provoque que lo echen a un paso de la gloria, o sea, la frontera con EEUU. 

Intentó comprar un boleto en la Central Camionera del Norte de la CDMX pero se lo negaron por no tener documentos y por eso busca el asilo de manera oficial pero lo que quiere en realidad es el ticket para salir echando hacia Texas, empezar a trabajar, ahorrar y mandar a traer a su mujer y al niño de 11 años que pronto será adolescente en medio de despelote político (hace poco asesinaron a su presidente), social, económico y de seguridad que tiene su país.

“No se dan cuenta de que no tenemos opción”, sentenció.

Vladimir Joseph aún no tiene respuesta a su petición y mientras tanto rentó un cuarto de hotel que en la colonia Juárez que le cuesta unos 13 dólares por día. Una fortuna para él porque lo paga con sus ahorros. Si la Comar prolonga su veredicto tendrá que pedir dinero a la familia o a las amistades y no quiere hacerlo: ya le pasó en Tapachula. 

Opciones

Cuando los haitianos empezaron a desesperarse porque no les daban asilo en Tapachula (frontera con Guatemala), formaron caravanas. Intentaron avanzar en grupo en tres ocasiones durante el verano pasado pero les cayó encima la Guardia nacional para reprimirles el paso y algunos migrantes fueron pateados y golpeados sin condescendencia. Las imágenes de esas agresiones dieron la vuelta al mundo.

Por eso sorprendió que unos 14,000 haitianos aparecieran de pronto en la frontera entre Ciudad Acuña (de lado mexicano) y Del Río (en EEUU) en los primeros días de septiembre… ¿cómo fue si no los habían dejado pasar por México?

Lo que pasó es que Biden y AMLO se pusieron de acuerdo para dejarlos pasar poco a poco  ya sí agarrarlo y deportarlos desde México o EEUU”, dice Wilner Matelus, líder del Comité Ciudadano en Defensa de los Naturalizados y Afromexicanos, quien a lo largo del 2020 y hasta mediados de 2021 protestó porque los varados en Tapachula sin respuesta a sus peticiones de refugio y asilo.

Vladimir Joseph reveló que en EE.UU. tiene familia tanto en Nueva York como en Florida. Allá están  sus hermanas, tías, sobrinos, primos. “Sé que mi vida va a ser mejor allá, se gana en dólares, hay trabajo”.

Vladimir Joseph/Foto: Gardenia Mendoza

Por eso tomó el camino por 10 países al salir de Chile. Por eso atravesó la selvática frontera entre Colombia y Panamá —conocida como el Darién— donde muchos han muerto y unos 16,000 haitianos aún esperan flexibilización para pasar. “Para mi no fue tan complicado porque la familia me ayudó y pude pagar camiones y extorsiones”. 

Otros no han tenido la misma suerte y han muerto en el camino. A él le espera la prueba de llegar al norte, aunque Estados Unidos volvió a cerrar la puerta. 

El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) dijo que se habían encontrado casi 30,000 migrantes haitianos en Del Río en las últimas dos semanas y que no quedaba ninguno en el campamento desde la penúltima semana de septiembre.

Más de 12,000 de ellos tendrán la oportunidad de presentar su caso de asilo ante jueces estadounidenses, mientras que unos 8,000 regresaron voluntariamente a México y 2,000 fueron expulsados a Haití. Otros detenidos esperan conocer su destino.

“Por miedo a ser deportados, como ocurrió en Texas, muchos haitianos prefieren ir a las grandes ciudades de México y pedir refugio o asilo aquí, en Monterrey, Guadalajara, CDMX”, precisa Metelus.

En México, sin embargo, hay pocas posibilidades. El año pasado, de todas las solicitudes de asilo que se resolvieron formalmente, solo el 22% de los casos haitianos obtuvieron la aprobación, en comparación con el 98% de los venezolanos, el 85% de los hondureños, el 83% de los salvadoreños y el 44% de los cubanos. 

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido claro en la postura oficial. Por un lado piensa dar refugio a algunos (no ha dicho cuántos), pero dice que no quiere que el país se vuelva un gigantesco “campamento” y por eso iniciaron las deportaciones y ha negado presupuesto del Estados para instalar albergues en la ruta migratoria.

Hasta ahora, la ayuda en la travesía haitiana ha sido sustentada por la sociedad civil. El mayor apoyo se concentra ahora en Casa Indi, en Monterrey,  un refugio fundado y administrado por un sacerdote Felipe de Jesús Sánchez, que hasta ahora contabiliza alrededor de 2,000 haitianos. 

El presidente mexicano argumenta que está buscando la forma de que estos migrantes permanezcan en resguardo, 

“que no les falte nada aquí, pero ellos lo que quieren es llegar a EEUU” y, por ello, dio algunos consejos para que EEUU invierta en Haití y para que  la Organización de las Naciones Unidas ponga orden en el caos político de la isla.

“Hay un completo desgobierno en Haití, no se puede olvidar eso. No se puede solo atender a inmigrantes haitianos que, por necesidad y por la violencia salen de su país”, y agregó: “la ONU se está tardando”.

El canciller mexicano, Marcelo Ebrard recordó que EEUU ha enviado mensajes contradictorios  de apertura hacia los migrantes como la ampliación hasta el 2023 del programa TPS que brinda un estatus de protección temporal a quienes ya están en EEUU.

Por otro lado, EEUU ha dicho que “no tiene las puertas abiertas” y a través de diversos funcionarios ha recordado que siempre el país mantiene el título 42 para limitar el asilo, esto es 

una excepción en la ley de salud del país, que permite restringir la entrada de extranjeros por vía terrestre por motivos sanitarios (incluso para quienes tienen visa).

“Los están engañando”, dijo finalmente sobre las redes de tráfico de personas que estarían detrás de la migración haitiana necesitada de una mejor vida.

Para evitarse dolores de cabeza, el haitiano Lafontant ha decidido quedarse en México. No quiere mucho, asegura: “sólo un trabajo de carpintero y con eso me quedaré agradecido con el país”

—¿No temes a la inseguridad?—se le pregunta.

 Lafontant Nonourd se ríe con picardía.

—Cualquier cosa es mejor que Haití.

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