Fieles se reencuentran con la Virgen de Guadalupe

El 2020 no permitió la procesión pero este año, la comunidad católica acude a agradecerle por la salud

El anda de la Virgen de Guadalupe estuvo rodeada de flores, carrozas y rezos en el evento que se llevó a cabo en el Este de Los Ángeles. / fotos: Jorge Luis Macías.
El anda de la Virgen de Guadalupe estuvo rodeada de flores, carrozas y rezos en el evento que se llevó a cabo en el Este de Los Ángeles. / fotos: Jorge Luis Macías.
Foto: Impremedia

La procesión religiosa número 90, y que es la más antigua de Los Ángeles, reunió este domingo a más de 10,000 fieles católicos en las calles del Este de Los Ángeles, que homenajearon, agradecieron y se reencontraron con la Virgen de Guadalupe, luego de que el evento de 2020 quedara cancelado por la pandemia.

Con cánticos alegres para la “Morenita del Tepeyac” y rezando el rosario —algunos lo hicieron incluso en Náhuatl—católicos de numerosas parroquias de la Arquidiócesis de Los Ángeles, desfilaron a pie y a bordo de decenas de carros alegóricos que causaron la admiración de los feligreses apostados en las aceras.

Con el tema “Nuestra Señora de Guadalupe: Siempre adelante en misión y esperanza”, la procesión y la misa oficiada en el estadio del Colegio del Este de los Ángeles (ELAC) conmemoró además el 490 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe.

Después que se suspendió la procesión de 2020, debido a la pandemia, este año se reunió solo una tercera parte del contingente que normalmente desfila y quienes acuden a las banquetas de bulevar Cesar Chávez para ver el evento.

“Es triste lo que vivimos el año pasado; algunos amigos míos murieron por el coronavirus, dijo MaríaFélix, una mujer de Zacatecas, integrante de la Danza Azteca de la Parroquia La Soledad quien ha participado durante cinco años consecutivos.

Grupos de baile y hasta mariachi participaron de la procesión.



El arzobispo José H. Gómez también se sumó a este sentir y manifestó su emoción porque el pueblo católico de Los Ángeles se haya podido reunir en persona de nuevo en este evento.

“Es una gran alegría que podamos estar aquí en persona y poder orar por quienes aún están sufriendo”, expresó el arzobispo a La Opinión.

Tras estas palabras se dispuso a bendecir las imágenes de la Virgen de Guadalupe y la de San Juan Diego, el indígena mexicano a quien, según la tradición, la virgen se le apareció cuatro veces -la primera el 9 de diciembre de 1531 en el cerro del Tepeyac, en la Ciudad de México.

Las familias asistentes ondearon banderas de México al paso de los diversos grupos de danzantes, de las bandas de música y del mariachi; aunque también hubo devotos centroamericanos, como Lesbia Vicente y su esposo Edgar Ecuté, ambos originarios de Retalhuleu, Guatemala.

“La Virgen nos protege a todos. Ella es una madre que no tiene fronteras”, resaltó Lesbia, mientras que su hija ondeaba la bandera de Guatemala.

Lesbia Vicente y su familia, quienes son de Guatemala, dijeron ser creyentes de la Morenita del Tepeyac.

Agradecida con el milagro de vida

A la celebración y procesión, que fue establecida por católicos mexicanos que huyeron de la persecución del gobierno mexicano durante la Guerra Cristera en 1931, acudió María Aranda, una mujer mexicana de 56 años que imploró la intercesión de la Virgen de Guadalupe para sanar de un linfoma folicular (cáncer) que le fue detectado en enero de 2004.

“Yo no quería morir y le pedí a mi ‘Morenita’ hermosa de Guadalupe que me ayudara y su hijo Jesús, me salvo”, comentó la mujer “guadalupana” de Whittier.

María relató que el cáncer invadió sus glándulas y pulmones y que estuvo a punto de colapsar por los litros de líquido canceroso que los médicos extrajeron después de su cuerpo.

Tras sesiones de quimioterapia y de su firme fe, María se aferró al rezo del rosario y confiada en Dios, expresó que la Virgen intervino para otorgarle el favor pedido. “Solo quiero dar gracias al milagro que Dios obró en mi vida”.

De igual manera, y para conservar su fe católica y mantener la tradición, varios padres inmigrantes vistieron a sus hijos como san Juan Diego.

Uno de ellos fue Víctor Martinez, originario de Pachuca, Hidalgo, con su pequeño Isaac, de 3 años; lo mismo hicieron los esposos Moisés Martínez y Brenda Galindo con su bebé, Ezequiel de tan solo 18 meses. “Hay que enseñarles a amar a la Virgen desde pequeñitos”, dijo Moisés. “Así nos enseñaron nuestros padres”.

Niños con atuendos alusivos a la fecha.
Algunos asistentes tenían la ropa bordada con la imagen de la virgen.

Del rencor al perdón

El padre Filiberto Cortéz, quien se ordenó como sacerdote en 2020, no solo es devoto de la Virgen de Guadalupe por seguir su ministerio, sino por el pasado de dolor y rencor que había en su vida y que logró dejar atrás.

Sus padres emigraron a Estados Unidos. Él tenía 3 años y se tuvo que quedar en México con sus dos hermanos: José, el más pequeño y Juan Manuel, el mayor.

En el Rancho La Guadalupe, en el municipio Chiautla de Tapia de la zona mixteca, su hermano José se enfermó, y aunque del pueblo lo llevaban a un médico, el niño murió en el camino.

“Tenía dolores en el estómago y nos dijeron que algo se le había reventado por dentro”, dijo el ahora pastor asociado de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, ubicada en Northridge.

Aquella muerte provocó en Filiberto un gran resentimiento contra sus padres y contra la Virgen de Guadalupe.

“Cuando mi hermanito murió, yo pensaba que nos habían abandonado y no entendía que ellos se habían venido a [EEUU] a buscar un mejor futuro para nosotros”, dijo el padre “Fili”. “Tenía rencor contra las mujeres en general; pensaba que si una mamá, que era la persona que nos debería criar nos había abandonado, qué podría esperar de una novia o una esposa”.

Creció con esos pensamientos y a los 11 años, en 1987, sus padres lo trajeron a Estados Unidos.

Sin embargo, a medida que aprendía más de la Virgen de Guadalupe, comenzó a pedirle a ella que renovara su espíritu y lo volviera puro como el espíritu del niño que solía tener y que lo ayudara a perdonar a su mamá.

Tan grande fue su conversión que, en 2011 sintió el llamado y a los 44 años recibió el sacramento del orden
sacerdotal.

“Cuando me consagré, le pedí a la Virgen que me ayudara a crecer en el amor”, dijo. “Si iba a predicar sobre ella, no tendría sentido si en mí existiera aquel rencor, pero cuando Dios me encontró ella me ayudó a sanar mis heridas como humano”.

El padre Filiberto fue el coordinador de los deportistas que realizaron una carrera desde la Misión de San Gabriel al Colegio del Este de Los Ángeles, durante la 90 procesión y misa correspondiente al 490 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe.

El padre Filiberto Cortéz cuenta cómo las experiencias que vivió lo acercaron a la Virgen de Guadalupe.

Afirmó que, en la actualidad, gracias a la Virgen de Guadalupe ha experimentado la sanación de su corazón.
Hoy, él y su madre son los mejores amigos.

“Si pudieras mirar dentro de mi corazón verías una relación repleta de tanto amor como el que no te puedes imaginar”, dijo. “Y en este proceso la Virgen de Guadalupe me ha ayudado a crecer en el amor a la humanidad, a mi mamá, al prójimo y a mí mismo”.

Ese amor es el mismo que no comprendía y que tuvo su madre Epifania, quien le contó que desde el vientre lo había consagrado a la Virgen de Guadalupe.

“Mi madre me dijo que a los ocho meses de embarazo yo no me movía y pensaba que me había muerto”, recordó.

“Ella le dijo a la Virgen que, si nacía vivo, me vestiría como san Martín de Porres”, contó. “Nací bien y [mi mamá] me hizo el hábito del santo para mí, y su amor que no entendía y sus sacrificios, además de la Virgen fueron lo que me llevó a ser sacerdote”.

“La reforma migratoria es urgente”

El arzobispo Gómez, quien es ferviente defensor de los inmigrantes manifestó durante el evento con relación al Plan C de inmigración de liderazgo demócrata que “realmente esperamos una reforma migratoria comprensiva”.

“Lo que necesitamos urgentemente es una reforma que responda a las necesidades de todos”, dijo. “Estados Unidos es líder en inmigración en el mundo, y el Papa Francisco dijo que todos somos hijos de Dios”.

El llamado Plan C crearía un nuevo programa migratorio para casi siete millones de indocumentados -sobre todo jóvenes DACA y trabajadores agrícolas- que viven en Estados Unidos desde antes del 1 de enero de 2011.

De avanzar en el Congreso en el marco del paquete de reconciliación del presupuesto de gasto social de la Administración del presidente Joe Biden y de convertirse en ley, quienes califiquen recibirían un amparo temporal contra la deportación, obtendrían un permiso de trabajo y autorización para viajar al exterior.