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El miedo los motiva a naturalizarse

Decenas vencen el temor a las redadas y la desidia e inician el proceso para volverse ciudadanos de EEUU

“He visto las detenciones de la gente. Me entristece ver como los golpean y los tiran al piso. No quiero que eso le pase a mi esposo…Hasta yo estoy en riesgo”: Teodora Muñoz, esposa de Francisco Muñoz.

“He visto las detenciones de la gente. Me entristece ver como los golpean y los tiran al piso. No quiero que eso le pase a mi esposo…Hasta yo estoy en riesgo”: Teodora Muñoz, esposa de Francisco Muñoz. Crédito: Fotos: Jorge Luis Macías | Impremedia

Después de luchar por varios años, Omar Álvarez, un guatemalteco de 50 años pudo convencer a sus padres, Augusto y Zoila Marina, ambos de 77 años para que dieran el paso final e iniciaran los trámites de naturalización en Estados Unidos.

“Mis padres se convencieron del peligro que podrían enfrentar, luego de que les conté mi experiencia con ICE”, dijo Omar, un trailero del puerto de Los Ángeles.

Omar, nacido en Quetzaltenango, Guatemala y sus padres acudieron a una clínica de ciudadanía en la preparatoria Belmont, la cual fue organizada por la doctora Rocío Rivas, vicepresidenta de la Junta Directiva del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles (LAUSD), en colaboración con El Rescate, United Teachers Los Angeles (UTLA), la Federación de Maestros de California (CFT), ¡LiUNA!, el Consejo Laboral para el Avance Latinoamericano (LCLAA), el Consejo Vecinal de Westlake North y SALEF.

“Desde que iniciamos esta iniciativa conjunta en 2024, nuestras clínicas han ayudado a más de 500 miembros de la comunidad a completar sus solicitudes de ciudadanía, ofreciendo apoyo gratuito y de alta calidad a familias de todo Los Ángeles”, declaró la doctora Rivas.

‘Eran como unas hienas”
Omar narró a La Opinión que, en el transcurso de la semana, numerosos agentes de Inmigración estuvieron revisando documentación federal de los camioneros, particularmente su credencial de identificación para trabajadores (TWIC).

“Tuve miedo. Pánico. Se dejaron venir como hienas. Me acorralaron. Eran unos 10 los que rodearon mi camión. Me acorralaron”, dijo Omar, quien es ciudadano estadounidense naturalizado. “Yo acababa de ir por una carga”.

Debido a su experiencia, Omar logró convencer a sus padres de buscar la protección contra una deportación, independientemente de que ambos posean una “mica” o tarjeta verde de residencia.
“Yo obtuve la residencia gracias a mis padres. Y tan pronto como cumplí los tres años con mi tarjeta comencé el proceso de la ciudadanía. Nunca esperé a que se me venciera la tarjeta y gracias a Dios todo salió bien”.

Omar lamenta que “el presidente que tenemos [Donald Trump tenga atemorizados a todos los países, y lo peor, ya no respeta la integridad física de las personas con la migración. A mí me pidieron mi tarjeta TWIC en el puerto y hasta me preguntaron por mi pasaporte y donde había nacido. Cuando la mujer latina de ICE que me hizo todas esas preguntas vi que todo estaba en regla me dejaron ir”.

Otros camioneros, sin embargo, no corrieron la misma suerte, según el testimonio de Omar.

“A los latinos y asiáticos nos paraban en el puerto, pero a los gabachos [estadounidenses] los dejaban ir sin problema”, añadió.

Directivos de El Rescate y otras organizaciones comunitarias defensoras de los inmigrantes siguieron adelante con las clínicas de ciudadanía en Los Angeles.

Su padre, Augusto Álvarez dice ahora que su mayor anhelo es lograr la naturalización.

“No había dado el paso por desidia, pero veo que es necesario hacerse ciudadano”, comentó el hombre de la tercera edad.

Medidas restrictivas
En efecto, la necesidad se incrementó a raíz de las medidas restrictivas que ha implementado imponiendo la administración del presidente Donald Trump a los inmigrantes, incluyendo la reciente cancelación de todos los programas de Permisos de Reunificación Familiar (FPR) para extranjeros de Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití y Honduras, y sus familiares inmediatos.

Aunado a ello, se suman la orden emitida por la oficina de los Servicios de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos (USCIS), -por instrucciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS)- que canceló abruptamente ceremonias de ciudadanía para algunos inmigrantes en Boston e Indianápolis.
Desde el 2 de diciembre, USCIS detuvo los trámites de inmigración para personas de 19 países considerados de “alto riesgo”, incluidos Afganistán, Cuba, Haití, Somalia y Venezuela.

Clima de terror general
A juicio de Salvador Sanabria, director ejecutivo de El Rescate, la baja afluencia de personas a las clínicas de naturalización, -aun cuando se realizan en el interior de escuelas como en la preparatoria Belmont- obedece a que el DHS anunció la congelación de los procesos de asilo de ajustes migratorios de 19 nacionalidades.

“Aun cuando muchas personas cumplen con todos los requisitos para tramitar la naturalización dicen: “si me van a poner bajo la lupa de sus aventuras autoritarias ¿para qué me voy a hacer ciudadano?”.

Sanabria indicó que, además, “el clima de terror general” existe no solo entre los inmigrantes, sino también entre los mismos ciudadanos que se han visto afectados por las redadas de inmigración.

“No vamos a detenernos”
“Antes llegaban como 100 o 200 personas. Se llenaba el auditorio de las escuelas para que las personas recibieran asesoría gratuita, pero en las últimas tres clínicas de ciudadanía ha disminuido el número de solicitantes”, dijo la doctora Rocío Rivas. “Nosotros no nos vamos a detener de ayudar a nuestra comunidad”.

La doctora Rocío Rivas, vicepresidenta de la Junta Escolar del LAUSD colaboró para que la clínica de ciudadanía se llevara a cabo en la preparatoria Belmont.

Por su parte, Xóchitl Cobarruvias, presidente del Consejo Laboral para el Avance Latinoamericano del Capítulo de Los Ángeles (LCLAA) manifestó que “esta administración [de Trump] ha querido poner temor a nuestra gente inmigrante y en nuestra comunidad y junto con El Rescate, abogados y de diferentes grupos y organizaciones queremos mandar un mensaje a nuestra comunidad de que no están y que hay solidaridad con ellos en la lucha, hasta que se haga justicia”.

“Yo soy una inmigrante originaria de Tala, Jalisco y se lo que es tener miedo”, dijo la lideresa. “Ese miedo nos tiene que armar de valor para luchar con valentía y solidaridad. Debemos educar a nuestra comunidad sobre la importancia de ser ciudadanos, después que se registren como votantes porque su voto es poder para hacer el cambio”.

Según datos de PewResearch.org durante el año fiscal 2024, un total de 818,500 inmigrantes que vivían como residentes legales permanentes en Estados Unidos completaron el proceso de ciudadanía a través de la naturalización.

Una promesa a su difunta esposa
El guatemalteco Daniel Reyes, de 57 años hizo una promesa a su esposa Sandra Portillo, antes de que ella perdiera la batalla contra un cáncer de colon, en 2023: buscaría hacerse ciudadano de Estados Unidos.

“Pasé ocho años pensándolo, pero al final pensé que tenía que cumplirle a ella”, dijo. “Ser ciudadano me daría la oportunidad de votar y poder tener todos los derechos civiles que ofrece este país”.
Daniel contó a La Opinión que, por suerte, se salvó de una redada de inmigración que sucedió en una tienda de Home Depot, en junio, en el área de Westlake.

“Fui a comprar algo a la tienda y los vi a distancia [a los agentes de ICE] pero me abstuve de decirles algo”, narró. “Incluso a mí me estaban pidiendo papeles, pero como les dije que si no traían una orden de arresto [firmada] de un juez o algo por el estilo, no podía darles información”.

“Se me pusieron muy, muy cerquita, intimidándome con las armas”, añadió. “Por eso también decidí que me quiero hacer ciudadano; debo proteger a mi hija Rachel y a mi nieto…también quiero andar libre en la calle, sin riesgo”.

“Como hienas se me vinieron encima”: Omar Álvarez, un camionero guatemalteco que trabaja en el puerto de Los Los Ángeles, donde tuvo un encuentro reciente con agentes de inmigración.

Justo Salvador Solano Suarez, un mexicano de 68 años, expresó que “no me quedaba de otra más” que someter su solicitud de naturalización.

“Toda la vida me dediqué a trabajar para mi familia, y ahora, divorciado, estoy solo”, mencionó, al tiempo que derramaba algunas lágrimas.

“No quería venir [a la clínica de ciudadanía] pero tuve que vencer el miedo de que me agarraran y me deporten”, dijo el hombre.

Por su parte, Teodora Muñoz, de 64 años, ciudadana desde 2008 finalmente pudo convencer a su esposo, Francisco, de 71, que venciera la desidia y aplicara para la ciudadanía.

“He visto las detenciones de la gente. Me entristece ver como los golpean y los tiran al piso”, dijo la mujer entre sollozos. “No quiero que eso le pase a mi esposo…Hasta yo estoy en riesgo”.

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