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¿Quieres rendir plenamente?: esto debes comer antes de ejercitarte

Comprender qué comer, cuánto y cuándo puede ser la clave para aprovechar al máximo cada entrenamiento

¿Quieres rendir plenamente?: esto debes comer antes de ejercitarte

El gym es uno de los lugares predilectos para ejercitarse. Crédito: BearFotos | Shutterstock

La alimentación pre-entrenamiento se ha convertido en uno de los temas más debatidos en el mundo del fitness y la nutrición deportiva. Cada vez más personas buscan optimizar su rendimiento físico, ya sea para alcanzar objetivos estéticos, mejorar su salud cardiovascular o simplemente sentirse con más energía durante sus rutinas de ejercicio.

Sin embargo, la información disponible suele ser contradictoria: mientras algunos expertos recomiendan entrenar en ayunas, otros defienden la importancia de consumir alimentos específicos antes de la actividad física. Esta confusión lleva a muchos deportistas aficionados a cometer errores que pueden afectar negativamente su desempeño o incluso provocar malestares durante el entrenamiento.

Lo cierto es que la ciencia nutricional ha avanzado significativamente en los últimos años, proporcionando evidencia sólida sobre cómo diferentes nutrientes afectan el rendimiento deportivo. Los carbohidratos, las proteínas y las grasas juegan roles específicos en la preparación del cuerpo para el esfuerzo físico, y el timing de su consumo puede marcar la diferencia entre una sesión productiva y una experiencia frustrante.

Comprender qué comer, cuánto y cuándo puede ser la clave para aprovechar al máximo cada entrenamiento, evitar la fatiga prematura y acelerar la recuperación muscular.

El combustible correcto en el momento preciso

La regla de oro para alimentarse antes del ejercicio comienza con entender el tiempo disponible antes de entrenar. Los nutricionistas deportivos coinciden en que el momento de la comida determina qué tipo de alimentos son más apropiados. Si dispones de dos o tres horas antes de tu sesión, una comida completa que incluya carbohidratos complejos, proteína magra y una pequeña cantidad de grasas saludables es la opción ideal. Un ejemplo clásico sería pechuga de pollo con arroz integral y vegetales, o un sándwich de pavo en pan integral con aguacate.

En cambio, si el tiempo es limitado y solo cuentas con 30 a 60 minutos antes del entrenamiento, la estrategia cambia radicalmente. En estos casos, los carbohidratos de rápida digestión se convierten en tus mejores aliados. Un plátano maduro, una tostada con mermelada, o incluso una pequeña porción de avena instantánea pueden proporcionar la energía necesaria sin causar molestias digestivas durante el ejercicio. La clave está en mantener bajas las cantidades de fibra y grasa, nutrientes que ralentizan la digestión y pueden provocar pesadez o malestar estomacal.

Carbohidratos: la gasolina de alto octanaje

Los carbohidratos merecen especial atención cuando hablamos de rendimiento deportivo. Estos macronutrientes se convierten en glucosa, la principal fuente de energía para los músculos durante ejercicios de intensidad moderada a alta. Cuando los niveles de glucógeno muscular están bajos, el cuerpo simplemente no puede mantener la intensidad del esfuerzo, manifestándose en fatiga temprana, mareos o falta de concentración.

Para entrenamientos de resistencia o sesiones cardiovasculares prolongadas, consumir entre 30 y 60 gramos de carbohidratos aproximadamente una hora antes puede marcar una diferencia sustancial. Opciones como frutas frescas, barras energéticas bajas en fibra, o incluso un pequeño bowl de cereal con leche baja en grasa funcionan perfectamente. Para quienes practican deportes de fuerza o entrenamientos de alta intensidad por intervalos, combinar estos carbohidratos con una pequeña cantidad de proteína, como yogur griego con frutas, puede ofrecer beneficios adicionales al preparar los músculos para el estrés mecánico que enfrentarán.

La proteína: más allá del músculo

Aunque tradicionalmente se asocia la proteína con la recuperación post-entrenamiento, su consumo previo al ejercicio también tiene ventajas documentadas. Ingerir proteína antes de entrenar puede ayudar a reducir el daño muscular durante la sesión, estimular la síntesis proteica incluso durante el ejercicio, y proporcionar aminoácidos disponibles para los músculos cuando más los necesitan. Sin embargo, la cantidad y el tipo de proteína deben ser cuidadosamente seleccionados.

Las proteínas de fácil digestión son las más recomendadas en este contexto. Un batido de proteína de suero, huevos revueltos, o un pequeño puñado de frutos secos pueden complementar perfectamente la comida pre-entrenamiento sin sobrecargar el sistema digestivo. Es importante recordar que las proteínas requieren más tiempo de digestión que los carbohidratos, por lo que si la sesión de ejercicio está próxima, la cantidad debe ser moderada, idealmente entre 10 y 20 gramos, para evitar molestias gastrointestinales que puedan interferir con el rendimiento.

Hidratación: el nutriente olvidado

Ninguna estrategia nutricional pre-entrenamiento está completa sin considerar la hidratación adecuada. Incluso una deshidratación leve del 2% puede reducir significativamente el rendimiento físico, afectar la termorregulación corporal y aumentar la percepción del esfuerzo. Lo ideal es comenzar el proceso de hidratación al menos dos horas antes del ejercicio, consumiendo aproximadamente 500 mililitros de agua.

En las rutinas matutinas, cuando el cuerpo viene de horas de ayuno nocturno, la hidratación cobra especial relevancia. Un vaso de agua al despertar, seguido de líquidos constantes hasta el momento del entrenamiento, ayuda a restaurar los niveles óptimos de hidratación. Para sesiones que superan los 60 minutos o se realizan en ambientes calurosos, considerar bebidas con electrolitos puede ser beneficioso, aunque para entrenamientos regulares de duración moderada, el agua simple es suficiente.

Errores comunes que te sabotean

Uno de los errores más frecuentes es consumir alimentos ricos en grasas o fibra excesiva poco antes de entrenar. Una comida pesada con hamburguesas, frituras o grandes ensaladas crudas puede permanecer en el estómago durante horas, causando incomodidad, náuseas o incluso reflujo durante el ejercicio. Estos alimentos tienen su lugar en una dieta equilibrada, pero el momento pre-entrenamiento no es el adecuado para ellos.

Otro error común es el exceso de cafeína. Aunque un café moderado puede mejorar el rendimiento y la concentración, consumir demasiada cafeína puede provocar nerviosismo, ansiedad o problemas gastrointestinales que arruinen la sesión de entrenamiento. Un espresso o una taza de café negro 30-45 minutos antes del ejercicio suele ser suficiente para obtener beneficios sin efectos adversos. Igualmente problemático es llegar completamente en ayunas a entrenamientos intensos, una práctica que puede funcionar para ejercicios suaves, pero que resulta contraproducente cuando se busca maximizar el rendimiento.

Entrenamiento personalizado

Si bien las recomendaciones generales son un excelente punto de partida, la nutrición pre-entrenamiento óptima es profundamente personal. Factores como la hora del día, el tipo de ejercicio, la duración, la intensidad planificada y la tolerancia individual a diferentes alimentos deben considerarse. Algunas personas pueden entrenar perfectamente con el estómago lleno, mientras que otras necesitan al menos dos horas de digestión para sentirse cómodas.

La experimentación inteligente es clave. Llevar un registro de qué alimentos funcionan mejor, en qué cantidades y con cuánto tiempo de anticipación puede revelar patrones valiosos. También es importante ajustar la estrategia según los objetivos específicos: quienes buscan pérdida de grasa pueden beneficiarse de entrenamientos matutinos con un desayuno ligero, mientras que aquellos enfocados en ganancia de fuerza necesitarán asegurar reservas completas de glucógeno. La consistencia en estos hábitos alimenticios es lo que finalmente se traduce en mejoras sostenidas del rendimiento deportivo y en resultados visibles a mediano y largo plazo.

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