¿En qué se diferencia el seguro de vivienda y la garantía de vivienda?
Conoce las diferencias entre el seguro de vivienda y la garantía de vivienda, qué cubre cada uno y cuándo conviene tener ambos en Estados Unidos
Las diferencias entre un seguro y una garantía de vivienda te ayudará a ahorrar mucho dinero. Crédito: Shutterstock
Cuando algo falla en casa, la primera duda suele ser a quién llamar y qué tipo de protección aplica. Muchos propietarios en Estados Unidos confunden el seguro de vivienda con la garantía de vivienda, pensando que ambos cubren lo mismo. Sin embargo, aunque los dos buscan proteger tu hogar y tu bolsillo, funcionan de maneras muy distintas y están pensados para situaciones completamente diferentes.
La diferencia principal está en el tipo de problema que cubre cada uno. La garantía de vivienda se enfoca en el desgaste natural de los sistemas y electrodomésticos del hogar. El seguro de vivienda, en cambio, actúa frente a eventos inesperados como incendios, robos o tormentas. Lejos de competir, ambos pueden complementarse para ofrecer una protección más completa.
Una garantía de vivienda es una cobertura opcional. Sirve para reparar o reemplazar sistemas y aparatos cuando dejan de funcionar por el uso normal y el paso del tiempo. Si el aire acondicionado falla por antigüedad o el lavavajillas deja de encender, el proveedor de la garantía envía a un técnico para evaluar y resolver el problema, a cambio de una tarifa por servicio.
El seguro de vivienda cumple un papel distinto y, en la mayoría de los casos, obligatorio. Si tienes una hipoteca, el prestamista exige esta póliza. Su objetivo es protegerte ante pérdidas financieras causadas por accidentes repentinos o desastres. Incendios, robos, vandalismo o daños por viento suelen estar cubiertos dentro de este tipo de seguro.
En cuanto a la cobertura, la garantía de vivienda suele incluir sistemas esenciales como calefacción y aire acondicionado, plomería y electricidad. También cubre electrodomésticos como refrigerador, horno, lavadora y secadora. Algunos planes permiten agregar coberturas extra, como piscinas, bombas de pozo o filtraciones limitadas en el techo.
El seguro de vivienda protege la estructura de la casa, incluyendo paredes, techo y garaje. También cubre tus pertenencias personales, como muebles, ropa y aparatos electrónicos. Además, incluye responsabilidad civil, que ayuda a pagar gastos legales si alguien se lesiona en tu propiedad, y costos médicos para invitados heridos.
Otra diferencia clave es el origen del daño. La garantía responde al desgaste normal. El seguro solo cubre daños accidentales o repentinos. Por ejemplo, si el sistema eléctrico falla por antigüedad, aplica la garantía. Si un incendio daña la cocina, entra el seguro.
El costo también marca una gran distancia. Una garantía de vivienda puede costar entre $420 y más de $1,000 dólares al año, más una tarifa por servicio que suele ir de $65 a $125 dólares por reparación. El seguro de vivienda es más caro. En promedio, los propietarios pagan alrededor de $2,500 dólares al año, aunque el monto varía según la ubicación y el perfil del asegurado.
Saber cuándo presentar un reclamo evita frustraciones. Si el aire acondicionado deja de funcionar por uso, corresponde a la garantía. Si una tubería se rompe y provoca una inundación, es un reclamo del seguro. Entender esta diferencia ayuda a ahorrar tiempo y dinero.
No todos los propietarios necesitan ambos. El seguro es casi siempre obligatorio. La garantía depende de tu situación. Puede ser útil en casas antiguas, para compradores primerizos o cuando no hay ahorros suficientes para reparaciones inesperadas. Sin embargo, no siempre conviene.
“No siempre vale la pena contratar una garantía de vivienda, especialmente en casas nuevas con garantías del fabricante o para propietarios que prefieren ahorrar y autoasegurar las reparaciones”, afirma el abogado Seann Malloy a USA Today.
Elegir bien implica analizar la edad de la vivienda, el estado de los sistemas y tu capacidad de afrontar gastos imprevistos. Conocer estas diferencias te ayudará a tomar mejores decisiones y ahorrar en el proceso.
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