window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-laopinion'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

Difícil la recuperación para latinos afectados por el incendio Eaton

Muchos residentes ya no regresarán a Altadena, mientras la reconstrucción de algunos negocios avanzan a paso de tortuga

Trabajadores de construcción reparan una casa en Altadena.

Trabajadores de construcción reparan una casa en Altadena. Crédito: Jorge Macías | Impremedia

“Mota’s Mexican Food”, un pequeño negocio de comida que se ubica en la calle Lincoln es la muestra de la recuperación en Altadena, a un año del incendio Eaton, pero también refleja la resiliencia y la desigualdad que se encontró en una nueva investigación deL Instituto Latino de Política Pública (LPPI) de UCLA.

“El negocio no se quemó, pero pasamos semanas sin abrir el negocio”, dijo Lupe Mota, propietaria del restaurante que abrió sus puertas en 2001. “Tuvimos pérdidas importantes y recuperarse no fue fácil”.

Lupe Mota, originaria de Colotlán, Jalisco, informó que, después del 7 de enero de 2025, tan solo en 15 días tuvo pérdidas que rondaron los $45,000, aparte de toda la mercancía: carne, frutas y verduras que tenía en los refrigeradores del restaurante.

“Todo lo tuve que tirar a la basura. No había electricidad ni agua potable. Era un caos”., dijo. “Luego, también los clientes dejaron de venir por meses… Imagínese las pérdidas”.

La única ayuda que recibió fue $5,000 en un centro de ayuda.

“No fue mucho, pero al menos sirvió para llenar de nuevo el refrigerador”, indicó.

A sus empleados les recortó horas de trabajo. Ellos recibieron ayuda con el pago de una quincena de sueldo, pero perdieron otras dos.

Para fortuna de Lupe Mota, las llamas del incendio Eaton solamente llegaron a dos cuadras de la ubicación de su negocio en la calle Lincoln.

¿Y cómo va la recuperación?

“Ahí va…a paso de tortuga”, dijo. “Lo que más me duele en el corazón son todas las familias que no han podido limpiar su casa o que no han podido cambiar sus muebles o que se tuvieron que ir para siempre de Altadena porque no tuvieron ninguna respuesta de las aseguradoras”.

Lupe Mota (de rojo), propietaria de “Mota’s Mexican Retsurant” en Altadena.
Crédito: Jorge Macías | Impremedia

¿Quién podrá regresar?

El caso de Lupe Mota refleja los hallazgos del seminario virtual titulado “La recuperación de Altadena: ¿Quién podrá regresar?, donde Silvia González, directora de investigación de UCLA dio a conocer que UCLA LPPI está realizando entrevistas con propietarios de pequeñas empresas, por lo que aún no cuentan con un panorama completo, sobre las afectaciones a negocios latinos.

Sin embargo, dijo que, basándose en investigaciones previas sobre la comunidad latina, “sabemos que las empresas latinas en Altadena están teniendo dificultades para recuperarse debido a los retrasos en los pagos de los seguros, a las solicitudes de ayuda confusas o extensas que requieren mucho tiempo, y a las barreras tecnológicas y lingüísticas para acceder a la información y a las solicitudes de subvenciones y préstamos”.

Señaló que algunas empresas con las que han conversado también han expresado su preocupación por los préstamos y subvenciones fraudulentos. 

En un contexto más amplio, enfatizó que investigaciones anteriores del UCLA LPPI sobre emprendedores han demostrado que los latinos enfrentan dificultades para acceder a capital suficiente, lo cual es fundamental para mantener sus negocios abiertos durante las crisis. 

“Estos desafíos incluyen menores tasas de aprobación de préstamos, montos de préstamos más pequeños, tasas de interés más altas, así como acceso limitado a asistencia técnica para la planificación ante desastres”.

Añadió que estos problemas estructurales más amplios dejan a las empresas latinas en una situación vulnerable, incluso antes de que ocurran los desastres, lo que hace que la recuperación sea más lenta y precaria. 

Las instalaciones de Burrito Express fueron de las pocas que no fueron dañadas por el incendio Eaton.
Crédito: Jorge Macías | Impremedia

González enfatizó que, si bien las pequeñas empresas propiedad de latinos y asiático-americanos también tienen dificultades para recuperarse, muchas de ellas vinculadas a propiedades que ahora pertenecen a nuevos dueños, consideró que alrededor de 90 propiedades ocupadas por pequeñas empresas se vendieron en los primeros siete meses posteriores al incendio de Eaton. 

“La mayoría de estas propiedades estaban ocupadas por microempresas con menos de cinco empleados”, informó e indicó que, si bien actualmente no cuentan con datos sobre empresas propiedad de latinos, ya que no existe un directorio de este tipo de negocios, “sabemos que las microempresas son el tipo de negocio que suelen operar los latinos, lo que sugiere que las ventas de propiedades posteriores al incendio podrían estar afectando particularmente a estos emprendedores”.

El quinto incendio más mortífero

En la evaluación de recuperación para todo el condado de Los Ángeles, Gabby Carmona, analista de investigación séñior de UCLA LPPI, manifestó que el incendio Eaton pasará a la historia como el quinto incendio forestal más mortífero (19 muertos) y el segundo más destructivo de California (14,000 acres y 10,500 estructuras quemadas).

Los cinco incendios más mortíferos de California son, según el número de víctimas mortales: Camp Fire (2018) con más de 85 muertes, el incendio de Griffith Park (1933) con 29 muertes, el incendio Tunnel Fire (1991) con 25 muertes, el incendio Tubbs Fire (2017) con 22 muertes y el incendio Eaton (2025) (19 muertes), que puso en riesgo de desplazamiento a más de 200,000 personas.

Sobre la magnitud del impacto y quiénes fueron los más afectados y cómo ha sido realmente la recuperación para la comunidad en general, Carmona mencionó que casi el 70% de los hogares no blancos eran dueños de sus casas antes del incendio, lo que incluye una larga historia de propiedad de viviendas multigeneracional entre la comunidad afroamericana que se remonta a la década de 1960. 

“Altadena también albergaba una sólida economía local con entre 1,000 y más de 4,000 empresas privadas. Pero al mismo tiempo, esa diversidad conllevaba ciertas vulnerabilidades que influyeron en cómo los residentes experimentaron el incendio y sus consecuencias, así como en las dificultades posteriores que surgieron durante la recuperación”.

Agregó que, si bien Altadena a menudo se describe como una comunidad relativamente próspera, la desigualdad era significativa antes del incendio: uno de cada seis residentes vivía por debajo del doble del umbral de pobreza federal, con una representación desproporcionada de latinos entre los hogares de menores ingresos. 

“Los costos de la vivienda también representaban una carga importante para las familias; aproximadamente el 17% de los residentes tenían una carga severa de costos de vivienda, lo que significa que destinaban más del 50% de sus ingresos a la vivienda”, afirmó. “Y esa proporción era aún mayor entre los inquilinos, y lo que es crucial, la mayoría de las empresas y negocios en esa zona no eran microempresas, ya que a menudo empleaban solo de una a cuatro personas”.

Con certeza, los expertos no pudieron decir cuántos residentes o propietarios de vivienda afroamericanos, latinos y asiático-americanos nunca regresarán a Altadena.

“Hay muchos factores clave que influyen en esas decisiones que aún se están desarrollando. Los pagos de seguros, los costos de reconstrucción, los plazos de los permisos y las circunstancias personales son y seguirán siendo factores que impiden que las familias tomen decisiones. Y sabemos, por otras catástrofes, que, en última instancia, los propietarios tardarán entre 3 y 5 años en reconstruir y regresar a sus hogares”, dijo a La Opinión.

Basada en datos del UCLA IPPL, indicó que la mayoría de los dueños de las propiedades que fueron destruidas o gravemente dañadas por el incendio aún no han tomado ninguna decisión, aunque aseguró que siete de cada 10 propietarios afectados permanecen en la incertidumbre; no han vendido, no han puesto a la venta su propiedad ni han solicitado un permiso de reconstrucción. 

“La ausencia de acciones públicas sugiere que muchas familias todavía están sopesando sus opciones”, advirtió. “Al mismo tiempo, los retrasos prolongados y las crecientes presiones financieras aumentan el riesgo de que muchos finalmente sientan que carecen de los recursos necesarios para regresar”.

Quienes sí pudieron continuar su vida y su negocio adelante fueron los esposos Will y Dayanira Orozco, propietarios del restaurante Burrito Express de la avenida Washington.

“No nos llegó el fuego, gracias a Dios; solamente cerramos pocos días”, dijo Will. “Pero, a Alma, la hermana de mi esposa sí se le quemó su casa por completo, y con el agua de una piscina alcanzamos a salvar la casa de mi hermana Eunice”.

En esta nota

Incendios Los Angeles
Contenido Patrocinado