Señales claras de que tu auto necesita bujías nuevas
Las bujías son pequeñas y económicas, pero su estado puede marcar la diferencia entre un motor eficiente y uno que consume más, vibra y pierde potencia
Motor del Volkswagen Golf GTI. Crédito: Volkswagen. Crédito: Cortesía
En el corazón de cada motor a gasolina ocurre una coreografía precisa: aire, combustible y una chispa exacta en el momento justo. Esa chispa la producen las bujías, piezas que trabajan miles de veces por minuto bajo temperaturas extremas y presiones elevadas.
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Con el paso de los kilómetros, sus electrodos se erosionan, se contaminan con residuos de combustión o simplemente pierden efectividad.
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A diferencia de otras fallas mecánicas que aparecen de forma repentina, el desgaste de las bujías suele ser progresivo y silencioso. El conductor se acostumbra poco a poco a que el auto consuma más, acelere peor o vibre ligeramente, sin notar que el problema está en un componente sencillo de reemplazar.
Ignorar estas señales no solo afecta el rendimiento, sino que también puede acortar la vida útil de piezas mucho más caras, como las bobinas de encendido o el convertidor catalítico.
Aumento en el consumo de combustible sin explicación
Una de las primeras alertas suele aparecer en la gasolinera. Si notas que el tanque dura menos, aunque manejes igual y recorras las mismas rutas, conviene mirar más allá del precio del combustible. Cuando una bujía está desgastada o cubierta de depósitos, la chispa pierde intensidad y la mezcla aire–combustible no se quema por completo.
Ese combustible mal aprovechado se convierte en consumo extra y emisiones innecesarias.
En escenarios avanzados, la pérdida de eficiencia puede acercarse al 30%, una cifra nada despreciable para el bolsillo. Cambiar las bujías en el momento adecuado puede devolverle al motor su comportamiento original y reducir el gasto en cada recarga.

Arranque difícil y vibraciones al estar detenido
Otro síntoma frecuente aparece justo al girar la llave o presionar el botón de encendido. El motor gira, pero tarda más de lo normal en cobrar vida. Muchos conductores culpan de inmediato a la batería, cuando en realidad la chispa es demasiado débil para inflamar la mezcla con rapidez, especialmente en climas fríos.
Una vez en marcha, el problema puede continuar al detenerse en un semáforo o en medio del tráfico. Un ralentí inestable, acompañado de sacudidas en el volante, el tablero o el asiento, suele indicar fallos de encendido intermitentes en uno o varios cilindros.
Además de ser molestos, estos movimientos constantes generan estrés adicional en los soportes del motor y otros componentes. Sustituir las bujías desgastadas suele devolver la suavidad que muchos asocian con un auto recién salido del concesionario.
Pérdida de potencia y respuesta lenta al acelerar
Las bujías también se ponen a prueba cuando se exige más al motor. Si al incorporarte a una autopista o adelantar a otro vehículo sientes que el auto duda, se “ahoga” o responde con retraso, es probable que el sistema de encendido no esté entregando una chispa consistente.
A altas revoluciones, la presión dentro de los cilindros aumenta considerablemente. En ese entorno, una bujía en mal estado puede fallar justo cuando más se necesita.
La computadora del vehículo intenta corregir ajustando la inyección de combustible, pero sin una chispa fuerte la solución nunca es completa. El resultado es una aceleración irregular y menos predecible, algo que compromete tanto el confort como la seguridad.

Tipos de bujías y cuándo cambiarlas
No todas las bujías son iguales ni ofrecen la misma durabilidad. Elegir el tipo correcto es clave para mantener el motor en condiciones óptimas:
- Cobre: excelente conductor eléctrico, pero con desgaste rápido. Su vida útil suele estar entre 20,000 y 30,000 millas.
- Platino: más resistente al calor y a la erosión, con intervalos cercanos a 60,000 millas.
- Iridio: la opción más duradera y común en autos modernos, capaz de superar las 100,000 millas con un rendimiento estable.
El manual del vehículo siempre debe ser la referencia principal, ya que especifica el tipo exacto y el intervalo recomendado según el diseño del motor.
La luz de Check Engine y otras pistas visuales
La electrónica también puede dar aviso. Cuando el testigo de Check Engine se enciende de forma fija, suele indicar un fallo que requiere revisión. Si parpadea, el mensaje es más urgente: existe un misfire severo que puede elevar la temperatura del escape y dañar el convertidor catalítico en muy poco tiempo.
Al realizar el cambio, conviene inspeccionar las bujías retiradas. Su apariencia ofrece pistas valiosas: residuos negros, tonos blancos excesivos o presencia de aceite pueden revelar problemas de mezcla, filtraciones internas o fallos en otros sistemas. Aprovechar este momento para revisar cables o bobinas de encendido es una práctica recomendada que ayuda a prevenir futuras averías.
Las bujías rara vez figuran entre las prioridades de mantenimiento, pero su impacto es desproporcionadamente grande frente a su tamaño y costo. Detectar a tiempo un aumento de consumo, un arranque difícil o una aceleración pobre puede ahorrarte visitas innecesarias al taller y prolongar la vida del motor.
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