Impacto del frío: recomendaciones para afrontar las inclemencias del clima
El frío extremo es un fenómeno natural que no puede evitarse, pero sus consecuencias sobre la salud sí pueden minimizarse
Frío en invierno. Crédito: Tero Vesalainen | Shutterstock
Las bajas temperaturas representan cada año un desafío para la salud pública y la seguridad de millones de personas en todo el mundo. El frío extremo puede causar severos problemas de salud, como hipertensión, congelación e hipotermia. Los grupos más vulnerables son los ancianos, niños pequeños y personas con enfermedades preexistentes.
A medida que los patrones climáticos se vuelven más impredecibles y las olas de frío se intensifican en diversas regiones, conocer las medidas preventivas adecuadas se convierte en una necesidad imperativa para proteger la vida y el bienestar de las comunidades.
La exposición prolongada a bajas temperaturas provoca vasoconstricción, es decir, el estrechamiento de los vasos sanguíneos para conservar el calor corporal. Este mecanismo de defensa natural puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente en personas con condiciones cardíacas preexistentes. Simultáneamente, el sistema inmunológico puede debilitarse, haciendo al organismo más susceptible a infecciones respiratorias como gripe, neumonía y bronquitis.
Revisar las condiciones climáticas, limitar el tiempo al aire libre y mantenerse conectado, entre otras, son medidas cruciales para reducir riesgos.
Vestimenta adecuada
Los especialistas coinciden en que la forma de vestir resulta fundamental para protegerse del frío. La técnica de las “tres capas” se ha consolidado como la estrategia más efectiva: una primera capa térmica pegada al cuerpo que absorba la humedad, una segunda capa aislante que retenga el calor corporal, y una tercera capa exterior impermeable que proteja del viento y la lluvia.
Es de primordial importancia no olvidar los extremos del cuerpo, ya que a través de la cabeza, las manos y los pies se pierde una cantidad considerable de calor. Guantes, gorros y calcetines térmicos son accesorios indispensables, no opcionales.
El hogar como refugio térmico
Mantener una temperatura adecuada en el hogar es esencial, especialmente para grupos vulnerables. Los expertos recomiendan mantener las viviendas entre 18 y 21 grados Celsius.
Es importante verificar que los sistemas de calefacción funcionen correctamente y, en caso de utilizar estufas de combustión, asegurar una ventilación apropiada para evitar intoxicaciones por monóxido de carbono.
Sellar ventanas y puertas con burletes puede ayudar a conservar el calor sin comprometer la renovación del aire. Durante la noche, cerrar cortinas y persianas crea una barrera adicional contra el frío exterior.
Alimentación e hidratación: combustible interno
Aunque parezca contradictorio, mantenerse hidratado durante el invierno es tan importante como en verano. El aire frío y seco, sumado a la calefacción, puede deshidratar el organismo sin que la persona lo perciba.
Los profesionales de la salud aconsejan consumir líquidos calientes regularmente, como infusiones, caldos y sopas, que además de hidratar proporcionan calor corporal.
La alimentación debe ser rica en calorías saludables, incluyendo frutos secos, legumbres y carbohidratos complejos que generen energía sostenida. Las comidas calientes no solo nutren, sino que elevan la temperatura interna del cuerpo.
Atención a grupos de riesgo
Los adultos mayores, los niños pequeños, las personas con enfermedades crónicas y quienes viven en situación de calle conforman los grupos más vulnerables ante el frío.
En el caso de los ancianos, su capacidad de termorregulación disminuye con la edad, y pueden no percibir el frío con la misma intensidad que personas más jóvenes, lo que incrementa el riesgo de hipotermia. Los bebés y niños pierden calor corporal más rápidamente debido a su mayor superficie corporal en relación con su peso.
Precauciones en la calle
Cuando resulta inevitable exponerse al frío exterior, planificar las salidas puede marcar la diferencia. Es preferible evitar las horas de temperaturas más bajas, generalmente temprano por la mañana y durante la noche.
Al realizar actividad física en exteriores, el calentamiento previo debe ser más prolongado que en otras épocas del año, y conviene cubrir boca y nariz con una bufanda para evitar que el aire frío irrite las vías respiratorias. Se recomienda optar por ejercicios en interiores o actividades cortas a lo largo del día para mantener la circulación y la flexibilidad.
Las personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica deben extremar estas precauciones, ya que el aire frío puede desencadenar crisis respiratorias.
Señales de alerta
Reconocer los síntomas de hipotermia puede salvar vidas. Los primeros signos incluyen escalofríos intensos, confusión, dificultad para hablar, somnolencia extrema, debilidad y pérdida de coordinación. En casos de congelación, la piel puede volverse blanca o azulada, adormecerse o sentirse inusualmente firme.
Ante cualquiera de estos síntomas, es imperativo buscar atención médica inmediata. Mientras llega la ayuda, se debe trasladar a la persona a un lugar cálido, retirar la ropa mojada y envolver al afectado en mantas, comenzando por el torso.
El frío extremo es un fenómeno natural que no puede evitarse, pero sus consecuencias sobre la salud sí pueden minimizarse significativamente con preparación, información y solidaridad.
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