Ucrania despliega un “mini-tanque” robot capaz de aguantar 45 días en el frente de batalla
Ravlyk es capaz de resistir fuego pesado enemigo y disparar con precisión mientras es manejado a distancia por un operador en una zona segura
Ravlyk es capaz de montar en su chasis una ametralladora pesada lo que ofrece una alta capacidad de fuego, algo clave al enfrentarse en las primeras líneas de combate Crédito: Shutterstock
Ucrania acaba de demostrar algo que suena a videojuego, pero pasa en la vida real. Un robot terrestre pequeño, armado y sin tripulación se quedó “anclado” en primera línea durante 45 días. Y ojo, porque en esta ocasión no te voy a hablar de drones voladores. Esto es más bien un mini-tanque (o un “caracol” blindado) que hace el trabajo sucio mientras los humanos operan desde lejos.
No es un dron, es un caracol con ametralladora
El protagonista se llama Ravlyk, que en ucraniano significa “Caracol”. El nombre engaña. Este vehículo no tripulado fue desplegado todos los días en un sector estratégico del frente, en plan rutina de guerra y no como demo para la cámara. Es decir, no estamos ante una máquina que apareció un día, disparó un par de ráfagas y se volvió a casa. La idea es justo la contraria. Ser capaz de resistir y estar en el frente de combate donde tradicionalmente debería haber mayor rotación de tropas.
La Tercera Brigada de Asalto, a través de su unidad robótica de ataque NC13, fue la que lo puso a trabajar en serio. Y aquí hay un matiz importante. Cuando una brigada “operativa” adopta un sistema así y lo sostiene en el tiempo, ya no es solo innovación por innovación. Es una señal de que el robot encaja en un hueco real del campo de batalla. Cubrir una posición, negar el avance y forzar al enemigo a gastar recursos para neutralizarlo.
La lógica, además, es bastante directa. Si puedes defender una posición con una máquina, entonces no expones soldados a un lugar donde cae artillería, te cazan drones o te pillan en fuego cruzado. Y eso es exactamente lo que presumen. El Ravlyk permitió reducir las bajas humanas al mínimo en esa zona concreta. En guerra, esa frase vale más que cualquier ficha técnica o nota de prensa.
Cómo funciona, control remoto desde un lugar seguro
Aquí no hay magia negra ni autonomía total estilo “se volvió consciente”. El Ravlyk se controla en remoto. Los soldados lo operan desde una posición segura gracias a la plataforma DevDroid TW 12.7. Eso es, básicamente, el sistema que permite mandar el robot al frente sin mandar contigo el cuerpo. Y aunque suene “simple”, lo complicado de verdad no es solo mover un vehículo a distancia. Es hacerlo en un entorno donde hay interferencias, amenazas constantes y muy poco margen de error.
En combate, el robot se enfrentó a ataques rusos diarios, incluyendo fuego cruzado. Su defensa principal fue una ametralladora integrada. Este punto es clave para entender su rol. No es un dron para “asomar la cámara” y retirarse, sino un sistema que puede responder al contacto, sostener un punto y presionar a cualquiera que intente acercarse. Es la diferencia entre vigilar una esquina y convertir esa esquina en un sitio incómodo para el enemigo.
También hay un componente de “dureza” que no se puede pasar por alto. El reporte menciona que el Ravlyk soportó impactos de drones rusos y fuego de artillería. Aun así, completó la misión. Ese detalle lo eleva de gadget curioso a herramienta con valor táctico. Porque en el frente real, la tecnología que no aguanta golpes dura lo que dura el primer ataque serio.
Qué puede hacer en combate y por qué esto cambia el juego
El Ravlyk no está pensado solo para plantarse como torreta con ruedas. Según lo publicado, puede infiltrarse para mantener una posición o participar en tareas de reconocimiento en zonas peligrosas. Traducido, puede entrar donde nadie quiere entrar, mirar, aguantar y, si toca, disparar.
Y eso abre una lista de posibilidades muy concretas dentro de un conflicto como el de Ucrania.
- Mantener una posición: Convertir un punto del mapa en una “zona negada” donde moverse cuesta caro.
- Reconocimiento bajo riesgo: Asomarse a zonas peligrosas sin mandar personas y reducir el costo humano de “ir a mirar qué hay”.
- Presión psicológica y operativa: Obligar al enemigo a reaccionar, gastar munición y buscar contramedidas, incluso aunque el robot sea pequeño.
Lo más interesante es el modo de uso que deja entrever la historia. Ucrania empezó a utilizarlo como parte de un programa de pruebas, pero el desempeño superó lo esperado. Y cuando un prototipo deja de ser prototipo en mitad del barro, normalmente significa una sola cosa. Van a venir más. No necesariamente el mismo modelo exacto, pero sí la misma idea. Vehículos pequeños, sin tripulación, diseñados para ocupar espacios peligrosos durante más tiempo del que un humano podría aguantar en condiciones seguras.
Este movimiento encaja con una estrategia más amplia. Ucrania está invirtiendo fuerte en drones y sistemas robotizados para sustituir soldados en puntos críticos del frente. La propia brigada lo vendió como un punto de inflexión en la guerra tecnológica. También lo remató con una frase muy de era-IA en Telegram. Lo llamaron “el punto de no retorno”.
La lectura rápida, y un poco incómoda, es esta. Si antes el dron volador era el símbolo de esta guerra, ahora el robot terrestre viene a reclamar su lugar. Porque no solo observa o golpea y se va. Puede quedarse. Y en una guerra de desgaste, quedarse —aguantar días, semanas, y seguir operando— es casi una superpotencia.
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