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Un Super Bowl que fue mucho más que un partido para los latinos

Un gran número de bailarines, dueños de negocios, diseñadores y músicos de Los Ángeles fueron protagonistas del evento

Tommy y Elly Aparicio se casaron durante el espectáculo.

Tommy y Elly Aparicio se casaron durante el espectáculo. Crédito: William Surian | Cortesía

El espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl se convirtió en un momento cargado de simbolismo y emoción colectiva. Mientras millones de espectadores seguían la presentación, la comunidad latina ocupaba el centro del escenario global, misma que contrastaba con la realidad llena de discriminación y odio que enfrentan los inmigrantes hoy en las calles estadounidenses.

No obstante, el domingo 8 de febrero, durante 13 minutos, todas las miradas se centraron en los latinos, muchos de ellos de Los Ángeles, quienes mostraron la diversidad y la resiliencia de su comunidad en un show prácticamente en español.

“Qué rico es ser latino” fueron las palabras con las que comenzó la presentación. Enseguida el artista apareció diciendo: “Titi me preguntó si tengo novia”, mientras se movía entre campos de caña de azúcar, aludiendo al pasado colonial de Puerto Rico. Fue en ese momento cuando los primeros gritos de orgullo se escucharon en los barrios angelinos, inclusive más fuerte que el alarido del estadio después de una anotación entre los equipos Seattle y Patriots.

Algunas de las bailarinas de LA que participaron en el Super Bowl.
Crédito: Vanessa Ferran | Cortesía

Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino de habla hispana en encabezar el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, un momento histórico que se convirtió en una celebración de la cultura latina.

Su presentación, con referencias visuales y musicales a Puerto Rico y Latinoamérica, fue recibida como una afirmación cultural y un mensaje de unidad para millones de espectadores alrededor del mundo.

Durante el espectáculo, Bad Bunny incorporó referencias culturales que resonaron con diversas comunidades latinas, incluyendo la aparición de la taquería Villa’s Tacos, originaria de Los Ángeles, una señal del protagonismo de la cultura latina de esa ciudad dentro de uno de los eventos más vistos del mundo.

Además de la taquería, muchos de sus bailarines y participantes en la escenografía como los vendedores ambulantes, músicos, taqueros y diseñadores eran de esta ciudad.

El más reconocido fue Víctor Villa, propietario de Villas Tacos en Highland Park, quien apareció durante la primera canción mientras Bad Bunny recorría distintos puestos de comida callejera antes de detenerse en el suyo.

Integrantes del Mariachi Divas también se hicieron presentes.
Crédito: Julissa Domínguez | Cortesía

El momento fue captado por muchos angelinos, quienes gritaron al intentar confirmar lo que habían visto: “¡Dios mío, ¿era Villas?!”

Fueron sus letras azules y su logotipo, junto con la energía y la sonrisa características de Villa, los que muchos reconocieron al instante. Ese momento resultó ser muy especial para Villa, quien, antes de convertirse en tres veces campeón de Taco Madness, protagonizar una serie en Netflix y aparecer en el Super Bowl, era simplemente un vendedor ambulante con un sueño.

“Qué gran honor haber formado parte de un momento tan especial”, comentó esa noche en su Instagram, después de tan emocionante experiencia. “Vendimos nuestro primer taco en el patio de la casa de mi abuela en Highland Park hace más de 8 años y siento que cada taco que vendí en el camino me trajo hasta aquí”.

Villa, quien es hijo de padres inmigrantes de Jiquilpan, Michoacán, expresó que este momento no era solo para él, sino también para su familia.

“No habría podido vender ese primer taco si mis padres no hubieran tomado la difícil decisión de dejar su tierra natal en busca de una vida mejor e inmigrar a Estados Unidos. Esto es para todos los inmigrantes que abrieron camino antes que nosotros para que este momento fuera posible”, expresó.

Otra familia de Los Ángeles que celebró en las redes sociales la participación de un ser querido en el Super Bowl fue la de la vendedora de cocos, a quien Bad Bunny saluda al pasar por su puesto. Aún no se ha revelado el nombre de esta tía que se ha convertido en la “Títi” de todos.

Su sobrina Fabiola, creadora de contenido en Los Ángeles, capturó el momento en que su familia reaccionó al ver a su tía en la pantalla. Cuando Bad Bunny dobló la esquina, la emoción de sus familiares se intensificó al ver el cabello castaño oscuro de su tía asomar detrás del puesto de cocos.

“Ella fue la primera en emigrar de El Salvador y luego se casó con un puertorriqueño. Trajo a mi bisabuela, lo que permitió que mi abuelo y mi madre emigraran a Los Ángeles durante la guerra civil”, contó Fabiola en un video de Instagram. “Solo tomó que una persona hiciera un sacrificio y ahora estamos viviendo el sueño americano, haciendo historia con Bad Bunny”.

También representó a la ciudad de Los Ángeles la pareja que se casó en el escenario justo antes de la actuación de Lady Gaga. La pareja de Covina está formada por Elly Aparicio y Tommy, quienes, según varias fuentes, habían invitado originalmente a Bad Bunny a su boda, pero el artista decidió invitarlos al concierto en su lugar.

Diseño de la casa de la abuelita realizado por Federico Laboureau.
Crédito: Federico Laboureau | Cortesía

Otro detalle curioso del ahora icónico espectáculo fue La Casita, una réplica a pequeña escala, de color salmón y amarillo, de una casa tradicional puertorriqueña, utilizada como elemento central del escenario para la residencia de Bad Bunny en Puerto Rico en 2025. El interior de la casita que se mostró en el Super Bowl fue diseñado por Federico Laboureau, propietario del restaurante Fuegos L.A., en Exposition Park, famoso por tener algunas de las mejores empanadas de Los Ángeles.

“Esto es lo que hago cuando no estoy haciendo empanadas”, bromeó al publicar un video de La Casita.

El propietario y diseñador de producción contó que llegó a Los Ángeles desde Argentina hace varios años para trabajar en lo que describió como la meca de la industria cinematográfica. No obstante y ante la disminución de las oportunidades laborales en el cine, decidió abrir un restaurante que ahora se llama Fuegos L.A. para compartir su cultura a través de la comida y obtener ingresos adicionales. Pero en diciembre pasado, recibió una llamada sobre un importante proyecto de diseño de escenografía del cual no le dieron detalles, solo que se tenía que mantener en secreto.

Luego asistió a la primera reunión, en la que le informaron que diseñaría el interior de La Casita para la actuación de Bad Bunny. Su trabajo consistía en transformar el interior de la sala como si fuera el de una abuela latina.

“Para los latinos, la casa es donde todo sucede con la familia y los amigos”, dijo por teléfono. “Me crió una de mis abuelas, así que me inspiré mucho en esos recuerdos y en otras salas similares a la de ella”.

Cuando Bad Bunny irrumpe por el techo en la sala de la casita, se aprecia el trabajo de Laboureau. Los muebles de madera, los platos exhibidos en una vitrina, las figuras religiosas, como una pintura de la Última Cena colgada en la pared junto a fotos de familiares y, por supuesto, el mantel de plástico que muchos recuerdan de sus hogares. Otros detalles pequeños pero significativos incluían la comida sobre la mesa, que cualquier abuela siempre tiene en su casa, y las cortinas florales y el piso decorado; cada detalle resonó con los espectadores.

“Este Super Bowl fue mucho más que un partido; con todo lo que está sucediendo en este país, fue un mensaje que decía: ‘Estamos aquí y no nos vamos’”, dijo el diseñador de escenografía. “Tenemos pasión, tenemos amor; cada detalle del espectáculo fue una representación de nosotros. Fue épico. Todavía se me enchina la piel”.

Tosstones Aponte, cuyo nombre de nacimiento es Jhan Lee Aponte, nacido en San Juan, Puerto Rico, y ahora residente de Los Ángeles, también formó parte del elenco que actuó junto a Bad Bunny. El percusionista agradeció a Dios la oportunidad de actuar junto al legendario artista.

Entre los músicos que participaron en el espectáculo también se encontraban miembros de Mariachi Divas, la mayoría de las cuales tocaron el violín en la canción “Monaco” de Bad Bunny, que comienza con este instrumento de cuerda. Varias de las mujeres que participaron, como Julissa Domínguez, son de Los Ángeles y compartieron en redes sociales lo que ese momento significó para ellas.

También fue parte la bailarina peruana Kandrex Millones, la bailarina y modelo guatemalteca RataGoHard y la bailarina mexicana Daisy, todas ellas talentosas artistas de Los Ángeles.

“Gracias, Bad Bunny; tu música, tu baile, tu cultura y tu identidad esta noche fueron un mensaje de que nuestra presencia es resistencia”, dijo Millones en su publicación de Instagram. “Este momento nos unió a los latinos con orgullo, nuestra diversidad, nuestra historia, nuestro coraje y nuestra resiliencia se celebran hoy y siempre”.

William Surian, modelo y estilista nicaragüense radicado en Los Ángeles, también compartió en redes sociales su participación en el evento. Fue uno de los muchos que desfilaron con una bandera que representaba a las Américas. Durante la interpretación de “Debí Tirar Más Fotos” de Bad Bunny, ondeó con orgullo la bandera azul y blanca de Nicaragua. Al igual que muchos de los presentes, las lágrimas le corrían por el rostro mientras la multitud coreaba y caminaba junto a Bad Bunny, quien finalizó diciendo: “Seguimos aquí”.

“Gracias, Bad Bunny, por mostrar tu corazón, tu música y a tu gente en un momento marcado por redadas, el movimiento ‘ICE out’ y debates nacionales sobre quién pertenece a este país y por qué”, escribió Surian. “Lo que transmitiste, tu voz, tu alegría y tu valentía, nos recordaron que el arte aún conmueve corazones y es algo más grande que el miedo”.

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