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Aumento de peso, fatiga, hasta visión borrosa: los síntomas del consumo excesivo de azúcar

El acné, la inflamación y el envejecimiento prematuro están relacionados con un proceso llamado glicación, producto del consumo de azúcar

Aumento de peso, fatiga, hasta visión borrosa: los síntomas del consumo excesivo de azúcar

Vivo ejemplo del consumo en exceso de azúcar y carbohidratos. Crédito: Elena Babanova | Shutterstock

El azúcar se ha convertido en uno de los ingredientes más omnipresentes en la dieta moderna, infiltrándose no solo en postres y bebidas, sino también en alimentos procesados insospechados como salsas, panes y productos enlatados.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo promedio de azúcar en muchos países occidentales supera ampliamente las recomendaciones de no más de 25 gramos diarios, alcanzando en algunos casos el doble o triple de esta cifra.

Este exceso silencioso está generando una crisis de salud pública que va más allá de la obesidad, manifestándose en una variedad de síntomas que muchas personas no asocian directamente con su consumo de azúcar, desde el cansancio crónico hasta problemas visuales que pueden indicar condiciones más graves.

El cuerpo bajo los efectos del exceso

Cuando una persona consume azúcar en cantidades excesivas de manera sostenida, su organismo comienza a enviar señales de alarma a través de diversos síntomas que, aunque parecen independientes, están profundamente interconectados por alteraciones metabólicas. El azúcar, particularmente en su forma refinada y en los jarabes de alta fructosa presentes en bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, desencadena una cascada de efectos fisiológicos que impactan múltiples sistemas del cuerpo humano.

El aumento de peso es quizás la manifestación más visible y conocida del consumo excesivo de azúcar. Cuando ingerimos carbohidratos simples, estos se convierten rápidamente en glucosa en el torrente sanguíneo, provocando picos de insulina. Esta hormona, producida por el páncreas, actúa como una llave que permite a las células absorber la glucosa para usarla como energía. Sin embargo, cuando hay más glucosa de la que el cuerpo necesita, la insulina facilita su conversión en grasa, que se almacena principalmente en el abdomen, las caderas y otros tejidos adiposos.

“El problema no es solo el consumo de azúcar visible en dulces y postres, sino el azúcar oculto en productos que consumimos diariamente sin sospecharlo”, explican nutricionistas consultados. Un simple yogur de sabores puede contener hasta seis cucharaditas de azúcar, mientras que una lata de refresco puede superar las diez. Esta acumulación diaria imperceptible es lo que genera el aumento de peso progresivo que muchas personas experimentan sin comprender su origen.

La paradoja de la fatiga energética

Resulta paradójico que el azúcar, considerado durante décadas como fuente de “energía rápida”, sea precisamente uno de los principales causantes de la fatiga crónica. Este fenómeno se explica por el mecanismo de montaña rusa glucémica que experimenta el organismo ante el consumo de azúcares simples.

Tras ingerir alimentos ricos en azúcar, se produce un pico rápido de glucosa en sangre que genera una sensación temporal de energía y bienestar. El cerebro libera dopamina, creando una respuesta de placer que puede volverse adictiva. Sin embargo, este pico es seguido por una caída brusca cuando la insulina hace su trabajo de manera agresiva, transportando el azúcar fuera del torrente sanguíneo. Esta caída, conocida como hipoglucemia reactiva, provoca cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y antojos de más azúcar, perpetuando un ciclo vicioso.

Las personas que consumen regularmente alimentos y bebidas azucaradas pueden experimentar múltiples ciclos de estos picos y caídas a lo largo del día, lo que resulta en una fatiga persistente que no se alivia con el descanso nocturno. Además, el exceso de azúcar puede interferir con la calidad del sueño, alterando los ritmos circadianos y dificultando las fases de sueño profundo necesarias para la verdadera recuperación energética.

Cuando la vista se nubla

Uno de los síntomas menos conocidos, pero más alarmantes del consumo excesivo de azúcar, es la visión borrosa. Este problema ocular puede manifestarse de forma temporal o, en casos más graves, indicar el desarrollo de condiciones crónicas como la diabetes tipo 2.

El mecanismo detrás de este síntoma involucra cambios en los niveles de líquido del ojo. Cuando hay niveles elevados de glucosa en sangre de manera sostenida, el cristalino del ojo puede hincharse debido a la acumulación de líquido, alterando su capacidad para enfocar correctamente. Este efecto es reversible en las primeras etapas si se reduce el consumo de azúcar y se estabilizan los niveles de glucosa.

Sin embargo, la visión borrosa también puede ser una señal temprana de resistencia a la insulina o prediabetes, condiciones que, si no se atienden, pueden evolucionar hacia la diabetes tipo 2. En esta enfermedad, los niveles crónicamente elevados de azúcar en sangre pueden dañar los pequeños vasos sanguíneos de la retina, condición conocida como retinopatía diabética, una de las principales causas de ceguera en adultos.

Los oftalmólogos reportan un aumento en consultas por visión borrosa entre pacientes jóvenes y de mediana edad, muchos de los cuales desconocen que sus hábitos alimenticios pueden estar afectando su salud visual. Los exámenes revelan con frecuencia niveles elevados de glucosa que nunca habían sido detectados.

Otros síntomas de alarma

Más allá de los tres síntomas principales, el consumo excesivo de azúcar genera una serie de manifestaciones adicionales que a menudo pasan desapercibidas o se atribuyen a otras causas. La piel es uno de los órganos que más refleja los efectos del azúcar: el acné, la inflamación y el envejecimiento prematuro están relacionados con un proceso llamado glicación, donde las moléculas de azúcar se adhieren a las proteínas de colágeno y elastina, deteriorando su función.

El sistema inmunológico también se ve comprometido. Estudios científicos han demostrado que el consumo de azúcar puede reducir temporalmente la capacidad de los glóbulos blancos para combatir bacterias y virus, dejando al organismo más vulnerable a infecciones. Esta es una de las razones por las que las personas con dietas altas en azúcar tienden a enfermarse con mayor frecuencia.

La salud dental es otra víctima evidente del exceso de azúcar. Las bacterias presentes en la boca se alimentan de los azúcares, produciendo ácidos que erosionan el esmalte dental y provocan caries. Además, la inflamación crónica asociada al consumo de azúcar puede contribuir a enfermedades periodontales.

Los cambios de humor, la ansiedad y la depresión también están vinculados con dietas altas en azúcar. El cerebro, aunque representa solo el 2% del peso corporal, consume aproximadamente el 20% de la energía del cuerpo, y es particularmente sensible a las fluctuaciones de glucosa. Los cambios bruscos en los niveles de azúcar afectan la producción de neurotransmisores como la serotonina, influyendo directamente en el estado de ánimo.

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