Narcos mexicanos adquieren uno de cada dos fusiles Barret vendidos en EE.UU., según un informe
Debido a su poder de destrucción, el fusil Barrett calibre .50 se ha convertido en uno de los rifles más letales en manos del crimen organizado en México
El informe sostiene que el rifle calibre .50 “se ha convertido en una de las armas preferidas de los cárteles”. Crédito: X/@BarrettRifles | Cortesía
La organización Stop US Arms to Mexico advirtió que más de la mitad de los rifles Barrett calibre .50 vendidos legalmente en el mercado civil de Estados Unidos podrían terminar traficados a México cada año.
El cálculo, basado en cifras oficiales de producción y decomisos, apunta a que alrededor de 1,700 fusiles de este tipo cruzan ilegalmente la frontera, una cantidad que equivaldría a más de uno de cada dos de los que se comercializan para civiles en territorio estadounidense.
El dato adquiere relevancia por el perfil del arma. El Barrett calibre .50, diseñado originalmente para uso militar, tiene capacidad para disparar con precisión a más de un kilómetro, perforar blindaje y derribar aeronaves de vuelo bajo. Por su potencia —comparable a la de una ametralladora Browning .50— se ha convertido en uno de los rifles más letales en manos del crimen organizado en México.
En entrevista con el sitio SinEmbargo, el coordinador de Stop US Arms to Mexico, John Lindsay-Poland, explicó que en 2023 el fabricante produjo 5,903 rifles calibre .50, de los cuales aproximadamente la mitad fue destinada a fuerzas armadas y corporaciones policiales. Esto deja un mercado civil relativamente reducido. Sin embargo, al contrastar ese universo con los decomisos en México, la organización sostiene que el volumen traficado podría representar más de la mitad de las ventas civiles anuales.
El Ejército mexicano reportó el decomiso de 140 rifles Barrett calibre .50 en 2025. No obstante, el mismo año se decomisaron 10,689 armas de fuego en total, cifra que —según estimaciones citadas en el informe— representa menos de una décima parte de las aproximadamente 135,000 armas que ingresan ilegalmente cada año desde Estados Unidos. Bajo esa proporción, los 140 fusiles Barrett confiscados serían solo una fracción del total realmente traficado.
El análisis estima que el número real podría ascender a 1,768 rifles Barrett calibre .50 por año. “Si la proporción entre armas confiscadas y traficadas se mantiene, el total sería 11 o 12 veces mayor que lo decomisado”, afirmó Lindsay-Poland. El informe subraya que se trata de una proyección basada en datos oficiales, no de una cifra definitiva del flujo ilícito.
La relevancia de estos rifles no es nueva. En junio de 2020, un comando atribuido al Cártel Jalisco Nueva Generación utilizó armas calibre .50 en el atentado contra el entonces secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, Omar García Harfuch. El ataque evidenció el poder de fuego alcanzado por los grupos criminales.
El secretario de la Defensa Nacional de México, Ricardo Trevilla Trejo, informó que durante la actual administración se han incautado 18,000 armas, de las cuales entre 77% y 78% provienen de Estados Unidos. Entre ellas figuran 215 fusiles Barrett calibre .50, además de ametralladoras y lanzagranadas.
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió revisar la información publicada por The New York Times sobre el uso de munición calibre .50 fabricada en la planta Lake City Army Ammunition Plant, propiedad del Gobierno estadounidense, y solicitó un esclarecimiento a Washington.
También documentaron que cartuchos calibre .50 producidos en esa planta han sido hallados tras ataques en México. Aunque parte de la munición perforante fue restringida por el Congreso de Estados Unidos en 2000, la producción comercial continuó bajo esquemas que permitieron a contratistas vender al mercado civil. Según Lindsay-Poland, la munición calibre .50 puede adquirirse sin verificación de antecedentes en varios estados.
Una investigación del diario Milenio reveló que organizaciones criminales adquieren armas y cartuchos a través de compradores con licencia, fragmentan los envíos, eliminan números de serie y trasladan las piezas hacia estados fronterizos como Arizona y Texas para facilitar su cruce a México.
En 2017, un ciudadano estadounidense se declaró culpable de comprar al menos 54 armas automáticas —la mayoría rifles Barrett calibre .50— para entregarlas a intermediarios que las venderían a cárteles.
El informe también identifica a Arizona como un corredor clave. Entre 2023 y 2024, 14 de los 15 códigos postales estadounidenses donde se compraron más armas posteriormente confiscadas en México se ubicaron en ese estado. En Sonora, entidad fronteriza con Arizona, se registró el mayor número de decomisos en 2024. La organización advierte que la preferencia de los traficantes por ese mercado ha crecido de forma sostenida.
Para Stop US Arms to Mexico, el problema responde a una dinámica de oferta y demanda. Mientras en México existe un mercado criminal dispuesto a pagar por armamento de alto poder, en Estados Unidos persiste una oferta amplia y regulaciones que permiten la venta civil de rifles diseñados para la guerra.
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