Reverendo Jesse Jackson, amigo, mentor y voz moral de nuestras luchas
Los Ángeles y nuestra nación son mejores porque este dirigente social caminó entre nosotros
Gil Cedillo con el reverendo Jesse Jackson. Crédito: Cedillo | Cortesía
El pasado 17 de febrero falleció el extraordinario líder político y social que todos conocimos como el reverendo Jesse Jackson. Cuando cerró los ojos para siempre en la ciudad de Chicago, tenía 84 años.
Su carrera política lo llevó a convertirse en uno de los colaboradores más cercanos del incuestionable líder de la lucha por los derechos civiles, el inolvidable reverendo Martin Luther King Jr., a quien acompañó hasta la ciudad de Memphis, Tennessee, para apoyar la histórica huelga de los trabajadores recolectores de basura.
Fue allí, el 4 de abril de 1968, en esa ciudad del sur profundo de los Estados Unidos, donde una bala atravesó el cuello del reverendo Martin Luther King Jr., quien profesó una profunda fe en la eventual conquista de los derechos plenos y en la igualdad para los trabajadores de todas las razas y etnias de esta gran nación, cayó víctima de la violencia que buscaba detener el avance del movimiento por la justicia y la dignidad.
Para 1971, el reverendo Jesse Jackson decidió continuar la lucha a favor de los derechos civiles y lo hizo fundando la organización el Pueblo Unidos Para Salvar a la Humanidad (People United to Save Humanity — PUSH-por sus siglas en inglés).
En 1984 y en 1988 se postuló para abanderar al Partido Demócrata en las elecciones para presidente de la nación, mismas que los republicanos Ronald Reagan y George Bush (padre) terminaron ganando respectivamente.
A lo largo de mi vida en el servicio público y el activismo, he tenido la fortuna de conocer a muchos líderes extraordinarios. Pocos han tenido la valentía moral, la compasión y la influencia duradera del reverendo Jesse Jackson. Para el mundo, fue una figura destacada en la lucha por los derechos civiles y la justicia. Para mí, también ha sido un amigo, un mentor y una presencia moral constante durante más de cuatro décadas.

Conocí al reverendo Jackson a principios de la década de 1980, en una época en la que los movimientos por los derechos civiles, la justicia laboral y los derechos de los inmigrantes no estaban profundamente entrelazados.
Un grupo de jóvenes activistas como Richard Reyna, Jaime Rodriguez, Angela Zambrano, Joel Ochoa Perez, Susan Alva, Juan Jose Gutierrez, yo y muchos otros le brindamos seguridad durante sus visitas y actividades de organización en Los Ángeles.
Bajo el liderazgo del reverendo Jackson y de la Coalición del Arcoíris (Rainbow Coalition-en inglés), él se transformó en una suerte de hilo conductor con el que nos ayudaría a tejer una gran unidad, siempre hablando con claridad sobre las conexiones entre las comunidades, sobre cómo la lucha por la justicia para los afroamericanos, los inmigrantes y los trabajadores era una misma lucha compartida.
Más tarde, volví a apoyarlo cuando marchó por una legislación migratoria justa, reconociendo desde el principio la dignidad y las contribuciones de las comunidades inmigrantes.
En 1988, tuve el honor de ser uno de los siete delegados que apoyaron al reverendo Jackson en la Convención Nacional Demócrata durante su histórica campaña presidencial. Su campaña expandió la imaginación de lo que podría ser la política estadounidense. Para muchos de nosotros, especialmente los jóvenes activistas de color, fue un momento que nos demostró que nuestras voces importaban y que nuestras comunidades pertenecían en el debate nacional.
Nuestra relación se profundizó en los años siguientes, cuando trabajé en el Sindicato Internacional de Trabajadores de los Servicios (SEIU) Local 660. A principios de la década de 1990, el reverendo Jackson conjuntamente con su leal lugarteniente y hombre de su más plena confianza, Jim Franklin, fue una presencia constante en nuestra oficina.
En el 2001, el reverendo Jackson atendió mi llamado para ayudarme a concluir la huelga de choferes miembros de mi sindicato. No solo nos ofreció aliento, sino también liderazgo moral y político en nuestra lucha por las familias trabajadoras del condado de Los Ángeles.
Durante esos años, nos mantuvimos unidos contra la Proposición 187, marchando en la histórica manifestación del 16 de octubre en compañía de Casey Kasam, el Juez Cruz Reynoso, el actor Martin Sheen, Fabian Núñez, Kevin De León, Bert Corona, “Chole Alatorre”, Alicia Flores, Gloria Saucedo, y Juan José Gutiérrez, comprometiéndonos todos a trabajar para proteger la dignidad de las familias inmigrantes.
Luchamos unidos para salvar casi 10,000 empleos en el condado y preservar el sistema de salud pública de esta importante entidad para que los trabajadores no se quedaran atrás. El reverendo Jackson aportó una poderosa voz moral a esas luchas.
Cuando finalmente dejé el SEIU y me incorporé a la política electoral, el reverendo Jackson siguió siendo mi amigo y defensor. Esa lealtad no siempre le convenía políticamente, pero reflejaba quién era y su incuestionable talla de gran líder: alguien que apoya a las personas y a sus principios, no solo a las ventajas políticas.
Estuvo conmigo y con mi familia cuando gané mi primera elección a la Legislatura del Estado de California. Y en 2002, cuando mi esposa falleció de cáncer, el reverendo Jackson estuvo presente de nuevo, ofreciéndome guía espiritual, consuelo y compasión durante uno de los momentos más difíciles de mi vida.
En cada capítulo de mi vida pública, el reverendo Jesse Jackson ha seguido siendo un amigo. Su liderazgo ha moldeado movimientos, pero su humanidad ha moldeado la vida de innumerables personas que han tenido el privilegio de conocerlo.
Estoy profundamente agradecido por su amistad, su claridad moral y su compromiso de toda la vida con la justicia. Los Ángeles, y nuestra nación, son mejores porque el reverendo Jesse Jackson ha caminado entre nosotros, llamándonos a vivir a la altura de nuestros ideales más elevados.
Descanse en paz reverendo Jesse Jackson. Mantengamos Viva La Esperanza (Keep Hope Alive).
Gilbert Cedillo fue senador y asambleísta del estado de California. Concluyó su carrera política luego de servir como concejal de la Ciudad de Los Ángeles por el Distrito 1.