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Tarea urgente, preservar la buena relación México-EEUU

Ante la amenaza latente de Trump de entrar a militarmente a México, es tiempo de unidad en ambos lados de la frontera

Banderas de México y EE.UU.

Las lecciones de la historia nos precisan que para ser, México ha tenido que resistir a EEUU en innumerables ocasiones. Y hoy, no será la excepción. Crédito: Ty Russell | AP

La recién concluida Cumbre “Escudo de las Américas” celebrada en Doral, Florida,  reunió a 11 jefes de gobierno conservadores de naciones latinoamericanas . Fueron convocados por el presidente Donald Trump para crear la Coalición Anti-carteles de las Américas cuyo objetivo principal se logró comprometiendo a todas y a todos los presentes a unir sus recursos militares para abatir el crimen organizado y combatir la influencia “extranjera” en América Latina. En concreto, desmantelar la creciente influencia económica de China y Rusia. 

El presidente Donald Trump, en su calidad de anfitrión, pronunció el discurso de bienvenida afirmando que jamás aprendería el “maldito” idioma español. Un insulto racista, degradante y nefasto que cualquier jefe de Estado con un mínimo de honorabilidad y elemental decencia no se hubiera permitido pasar por alto. Sin embargo, para esos jefes de estado presentes en dicho cónclave, el concepto del honor ha sido sepultado y sustituido por un sometimiento total, y un servilismo patético y repugnante. 

En concreto, el propósito de este cónclave fue coordinar la conspiración continental para acabar con los gobiernos progresistas de Colombia, Brasil y México. Reportes extra-oficiales que se han filtrado en la prensa de los EEUU, dan cuenta de que a puerta cerrada se compartieron numerosos y vulgares ataques de corte personal y político en contra de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo. 

Ponderando las amenazas de intervención militar de EEUU en México disque para eliminar a los narco-terroristas que según Trump gobiernan el país, máxime ahora que se ha pactado y se contaría con el concurso de los ejércitos de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guayana, Honduras, Panamá y Paraguay he llegado a la conclusión que todas y todos los mexicanos en ambos lados de la frontera tenemos que asumir con toda la seriedad lo que estas peligrosas amenazas ameritan.

Desde que el General John “Black Jack” Pershing invadió México, en 1916, para capturar al “Centauro de Norte”, general Francisco “Pancho” Villa, un objetivo militar que no le fue posible alcanzar, ya han transcurrido 110 años. Dicha invasión ocurrió en plena Revolución Mexicana. Ahora se plantea otra invasión para acabar con la 4T.

¿Cómo es posible que Donald Trump insista en invadir militarmente a su socio comercial más importante en el mundo? ¿Cómo es posible que se ponga en peligro una economía integrada, así como interdependiente la una de la otra desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio hoy renegociado y conocido como el TMEC? ¿Acaso no entiende Trump que una acción militar de esa envergadura traería como consecuencia inmediata un colapso generalizado de las economías de Norteamérica? ¿Ignora Trump que al menos seis millones de empleos en EU dependen del comercio con México?


Para no gastar más tinta elaborando argumentos en contra de una posible invasión a México, sustentados sobre lo que constituiría a todas luces una flagrante violación al derecho internacional, y las graves reacciones y manifestaciones populares alrededor del mundo en contra de un claro imperialismo rechazado por la inmensa mayoría de los pueblos del planeta paso a lo siguiente. Una agresión militar estadounidense contra su vecino mexicano, hoy por hoy constituido en una moderna nación democrática y celosa en extremo de su soberanía, regida por una Constitución que obliga a su gobierno presidido por la presidenta más popular del mundo, rechazar con toda la firmeza posible cualquier intento de subordinación o de injerencia extranjera, sin duda traería a ambas naciones consecuencias tan graves que resulta muy difícil de imaginarlas en toda su magnitud. 

Sin embargo, teniendo como antecedente las acciones militares y políticas emprendidas por el gobierno de Trump en Argentina cuando condicionó su ayuda económica a que el electorado favoreciera a los candidatos a cargos en la legislatura de la derecha política de dicha nación. Su intervención en el proceso electoral de Honduras demandando voto a favor de Nasry “Tito” Asfura; la intervención militar en Venezuela para secuestrar de forma ilegal al presidente Nicolás Maduro y su esposa; los repetidos bombardeos a lanchas acusadas de transportar drogas en aguas del Mar Caribe sin presentar prueba alguna que no sea su desacreditada palabra, el bombardeo por parte de los ejércitos de Israel y EU a la nación persa de Irán en medio de negociaciones bilaterales, que a decir de sus protagonistas, se perfilaban a lograr acuerdos “muy importantes” que evitarían la guerra. 

Todo estos acontecimientos me obligan, como ciudadano mexicoamericano, a demandar de los 40 millones de ciudadanos de origen mexicano que residimos y trabajamos en los EEUU a que de inmediato expandamos los trabajos ya en marcha para integrar la más amplia unidad nacional con nuestros 130 millones de hermanas y hermanos mexicanos al sur de la frontera para constituir primero un escudo de protección impenetrable por el imperialismo norteamericano, ni contra México ni contra su gobierno.

Que no quede la menor duda, acabamos de celebrar el Día Internacional de la Mujer. En México contamos con la primera presidenta en toda la historia política de la nación. La presidenta Claudia Sheinbaum está académica y políticamente preparada y de acuerdo a las encuestas más serias de que se disponen en el país cuenta con los más altos índices de apoyo que jamás haya logrado un mandatario mexicano. El último sondeo, de SDP, la ubica con 75% de preferencias. Ningún mexicano digno puede dejarla sola y abandonada a su suerte. Hoy más que en ningún otro momento de la historia que nos tocó vivir las y los mexicanos debemos sumarnos a quienes de forma permanente garantizan la seguridad personal de nuestra mandataria y de nuestra patria mexicana. 

Es de dominio público que Trump ha sido acusado por muchas mujeres de padecer la enfermedad machista de la misoginia y en consecuencia pudiera cometer un mal cálculo político/militar y erróneamente asumir que la presidenta y las formidables fuerzas armadas mexicanas serían fácil presa para el incuestionable poder militar estadounidense. Desde los más profundo de mi ser deseo que esto nunca pase y que ambos pueblos sigamos siendo amigos para siempre. 

Ante la amenaza latente, esgrimida por Trump como una forma de presión y chantaje en contra de México y su pueblo para someterlo a sus designios imperiales, ha llegado el momento de que fortalezcamos la unidad nacional mexicana para la defensa de la soberanía nacional, un quehacer cotidiano para que nuestro compromiso represente un firme y contundente rechazo a cualquier intervención militar que pueda estar considerado el gobierno federal de los EEUU. 

En este momento vale la pena recordarle a Trump y a todas las potencias del mundo, que México le pertenece a su pueblo, a toda su gente y no a superpotencias enloquecidas y obsesionadas por un dominio mundial que ya no será. 

Las lecciones de la historia nos precisan que para ser, México ha tenido que resistir a EEUU en innumerables ocasiones. Y hoy, no será la excepción.

(*) Juan José Gutiérrez es el coordinador de la Coalición Derechos Plenos Para Los Inmigrantes.

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