La comunidad latina y su nuevo liderazgo en la era Trump
Sara Hernández como modelo del nuevo activista forjado por la realidad en la era Trump: el que se compromete y actúa
Sara Hernández, presidenta de la Junta Directiva de los Colegios Comunitarios de Los Ángeles. (Cortesía) Crédito: Cortesía
Buscando la sorpresa, agentes armados llegan en camionetas sin identificación ni placas, al carwash de la esquina, o a un campo de fresas, o a un callejón sin salida. Bajan blandiendo armas. Bloquean las salidas. Con la cara cubierta, uniformes disímiles, gritan ¡policía!, detienen al azar a quien puedan, porque, dicen, no tienen documentos migratorios. Los ordenan en fila, contra la pared, mirando el cemento; los esposan con bridas de plástico, que en Amazon se venden por $4,59 el centenar.
Ataques, redadas, calumnias: la nueva realidad
Desde que Donald Trump inició su segundo período presidencial el 20 de enero, esta escena se ha repetido centenares de veces. Su repetición creó una nueva realidad para la comunidad latina. En Estados Unidos en general y en California en particular.
Detrás de cada detención y desaparición de un carwashero en Van Nuys, o un jornalero en Home Depot, o un obrero en una construcción en Pasadena, hay una familia que se queda sin sustento y sumida en la desesperación; muchos ni siquiera saben en dónde está su ser querido (nota: este es el sitio de ICE para localizar personas).
Aparece la solidaridad. Organizaciones, ONGs y fondos de emergencia, individuos con recursos o información o aliento o dinero, iglesias y grupos de oriundos.
Entre ellos están los nuevos líderes de la comunidad, los que la llevarán de ahora en adelante para enfrentar este ataque.
Porque el modelo de dirigente que nos llevó hasta aquí en nuestra historia es insuficiente para enfrentar el ataque de Trump. Ese modelo basado en integración y complacencia está roto.
Un nuevo modelo de líder se está forjando en la calle. Es quien lucha contra la desesperación y organiza a la gente sumida en una lucha desigual: sin violencia, sin recursos, sin derechos, contra la brutalidad desatada de un estado autoritario.
No hay marcha atrás
La caza de latinos quebró el contrato que tenía la comunidad con el estado. Un contrato en el que una parte se comprometía a trabajar, pagar impuestos, obedecer la ley, tener y criar hijos saludables y útiles, estudiar y avanzar. A cambio, el estado proporcionaba protección, oportunidades de trabajo, educación o vivienda, acceso a la legalización, naturalización y voto. Y el derecho a llamarse “american”. Ya no.
Para detener esa corriente oscura y tenebrosa necesitamos a los nuevos dirigentes de la comunidad latina. Y aquí están. Llamando a sus conocidos porque el sábado habrá una marcha contra ICE en el vecindario: Vengan, les dice. Preparan pancartas, panfletos; se comunican y organizan y agregan gente a la resistencia.
El ejemplo de Sara Hernández
Por necesidad, también la naturaleza del candidato a puestos electos en California cambia. Se basa menos en las vías políticas tradicionales y más en el servicio directo a la comunidad.
Cada fin de semana, uno de ellos, Sara Hernández, en compañía de un grupo de voluntarios visitan las puertas de las casas de familias migrantes. Les abren la puerta, y ellos informan a los residentes sobre sus derechos constitucionales durante los encuentros con las autoridades migratorias.
Consejos que salvan vidas
Pero, ojo, esta no es una acción de campaña ni es un evento para la prensa.
Sí, Hernández es candidata a curul en el Senado de California por el Distrito 26. Fue la primera en postularse, hace justo un año. Ahora son cinco los precandidatos demócratas para el puesto. En junio se celebrará una elección primaria. En noviembre, uno de los dos finalistas reemplazará a la titular María Elena Durazo.
Sí, quiere que la gente vote por ella.
Pero aquellos a quien visita no votan, porque no pueden votar. Muchos de ellos son indocumentados. Entonces, no son visitas normales, a sus “constituyentes”. Está ahí porque es ahí donde se necesita su presencia.
Sara Hernández proviene del Valle de Salinas, donde sus padres eran abogados de derechos civiles para Asistencia Legal Rural de California.
Su trayectoria la pone en una categoría que si bien no es nueva, puede llegar a ser predominante, obligada. La nueva cara del liderazgo latino.
Hernández tiene una Licenciatura en Políticas Públicas de la Universidad de Duke y una Maestría en Educación de la Universidad Loyola Marymount.
Ha sido maestra de escuela intermedia en el Distrito Escolar de Los Ángeles, lo que ella califica como su trabajo más difícil. Y el más consecuente.
Ahí, cuando era maestra, fundó una organización sin fines de lucro para estudiantes de bajos recursos: Helping Young People Excel (Ayudando a los jóvenes a sobresalir) o HYPE, que en 2015 se integró a YES o Young Eisner Scholars, una organización activa en varios estados.
Siempre adelante, obtuvo un Doctorado en Derecho de la Facultad de Derecho de Loyola. Es abogada en temas de vivienda y medio ambiente.
También estuvo entre los fundadores de DTLA Strong, una organización de base en defensa de los residentes del centro de Los Ángeles.
Con el ardor del servicio a la comunidad como guía, en 2017 se postuló para un curul en el Congreso en representación del Distrito 34 de Los Ángeles, en las elecciones especiales del 6 de junio en reemplazo del titular de aquel entonces Xavier Becerra.
Aunque su candidatura no prosperó, gozó del apoyo de los líderes más reconocidos de la comunidad.
Ella misma explica a La Opinión en entrevista por escrito lo que la guía: “Mi historia es la historia de tantas familias latinas, arraigada en el sacrificio, la resiliencia y la convicción de que la próxima generación merece más. Como hija y nieta de líderes sindicales y defensores de los inmigrantes y trabajadores migrantes, he tratado de llevar adelante ese legado: defendiendo a los inmigrantes en los centros de detención, ganando casos de asilo y luchando por la dignidad en nuestro sistema de inmigración”.
En el LACCD
Hace cuatro años, Hernández ganó la elección a la Junta Directiva del Los Angeles Community College (LACCD) por un amplio margen contra el titular republicano que había permanecido en el cargo por más de 15 años. Luego fue su vicepresidenta; en diciembre del año pasado la Junta la eligió presidenta del organismo.
El LACCD tiene nueve campus locales y uno remoto, en los que atiende a 200,000 estudiantes, en su mayoría latinos. Muchos de ellos son los primeros en sus familias en cursar estudios superiores. Familias de bajos recursos y altas necesidades.
Al respecto, dice Hernández a La Opinión: “el sueño americano depende de una vivienda estable y de comunidades prósperas; por ello, he sido una firme defensora de la construcción de más viviendas que las familias realmente puedan costear”.
Ese nicho, el de ayudar con recursos a la juventud para que la juventud se ayude, surja y ocupe su lugar en la sociedad, la define.
Además, enseña derecho constitucional en el colegio comunitario Los Angeles Valley College y es miembro de la Junta de Recursos Bibliotecarios de California. Y como si eso fuera poco continúa su trabajo de abogada, colaborando con sindicatos, organizaciones comunitarias y empresariales, en su especialidad de temas ambientales, uso del suelo y de vivienda. Y representa pro bono a inmigrantes de bajos recursos en procesos de asilo y ayudando a estudiantes inmigrantes con la renovación de DACA a través de la Iniciativa para la Libertad de los Inmigrantes del Sur.
La peculiaridad de su labor radica en integrar los nexos entre sus diversas funciones, con el propósito de proporcionar los recursos a su alcance a los miembros más necesitados de nuestra comunidad. Así, por primera vez, el LACCD estaría ofreciendo vivienda a estudiantes de tiempo completo en sus sedes. Los primeros beneficiarios del proceso serían jóvenes egresados del sistema de crianza y cuidado adoptivo.
Dice: “La vivienda no es solo un problema de vivienda? Es un problema de necesidades básicas. Es un problema de matrícula. Nuestros estudiantes no pueden matricularse en nuestras escuelas si no pueden costear la vida aquí; es un problema de transferencia y finalización de estudios”.
Con fondos de la Medida LA aprobada por los votantes en 2022, LACCD asignó este año 500 millones de dólares para la futura construcción o compra de viviendas para estudiantes.
Medios hispanos
Hernández también ha permanecido atenta a la función crucial de los medios latinos para informar y guiar a la comunidad. “Sara fue una de las fundadoras de la Junta Directiva de Latino Media Collaborative y sirvió en funciones durante tres años”, dice de ella Arturo Carmona, presidente del Latino Media Collaborative.
“Como abogada, se desempeñó como asesora principal durante el período de formación de la estructuración de la organización y fue una importante colaboradora en la iniciativa política para asegurar una financiación más equitativa para los medios latinos proveniente de fuentes gubernamentales estatales y locales”, agrega.
Ahora, como candidata al Senado estatal, Hernández se enorgullece por el apoyo de la legendaria líder de los campesinos Dolores Huerta, que a los 95 años sigue su presencia en las luchas de la comunidad. La apoyan la actual supervisora del Distrito 1 del condado, Hilda Solís, la Asociación de Maestros de California, la Asociación de Enfermeras Unidas de California/Unión de Profesionales de la Salud (UNAC/UHCP) y los Teamsters, que en California representa a 250,000 trabajadores de docenas de industrias.
El Distrito 26 incluye reductos de la comunidad latina, tales como el Este de Los Ángeles (95.2% latino); Boyle Heights (9.23%); City Terrace (94.4%) o El Sereno (aproximadamente 80% latino) para un total de 59% de sus 980,000 residentes, de ellos 572,000 votantes registrados.
En todos estos ciclos de servicio a la comunidad, Hernández mantiene el énfasis en el progreso de los estudiantes de nuestra comunidad a través de la creación de recursos que les posibiliten el estudio, un énfasis que adquirió, primero de su familia de activistas y luego en su labor como maestra de escuela.
Dice a La Opinión: “Creo que los candidatos de hoy deben representar una nueva generación de liderazgo latino: arraigada en nuestra comunidad, que ofrezca resultados tangibles sobre el terreno y que luche cada día por nuestro futuro”.
Los próximos meses dirán adónde va la comunidad latina del Sur de California y el país entero. Una alternativa es que el ataque sea tan fuerte y total que sacuda los cimientos construidos por los años de luchas. Se necesita de líderes como estos que están surgiendo ahora, a la vez fogueados en el servicio y comprometidos con la gente más necesitada entre nosotros: las familias de inmigrantes y los de bajos recursos.