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Un factor clave de la larga vida es ayunar, pero no de cualquier forma, afirma experto

Entre las principales "zonas azules", con notables niveles de longevidad, están Okinawa, Icaria, Cerdeña, Loma Linda (California) y la península de Nicoya

Un factor clave de la larga vida es ayunar, pero no de cualquier forma, afirma experto

Hábitos sanos y ambientes naturales facilitan la longevidad. Crédito: Mulevich | Shutterstock

El periodista, escritor e investigador Dan Buettner es uno de los mayores estudiosos en el mundo de las “zonas azules”, regiones donde la población presenta una notable longevidad. Aunque sugiere que la esperanza de vida no se debe solo al territorio donde se habita, sino también a los hábitos de vida en estas localidades.

Entre las principales “zonas azules”, Buettner apunta a Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California, Estados Unidos) y la península de Nicoya (Costa Rica).

Es de destacar que las personas en estas zonas no buscan activamente la longevidad, sino que sus rutinas naturales contribuyen a una vida más saludable, explicó Buettner en el podcast ZOE. Los cambios de entorno son necesarios para facilitar decisiones más saludables de manera inconsciente, desestimando la idea de que las dietas restringidas o cambios provisionales sean efectivos a largo plazo.

Alimentación y salud: un enfoque natural

La alimentación es uno de los factores más influyentes en la longevidad. Alimentos localmente producidos y una dieta basada en plantas son esenciales.

Buettner señala que realizar este cambio de dieta temprano puede sumar años a la vida, especialmente al alinearse con ritmos circadianos al comer durante el día y descansar por la noche. La importancia del desayuno también se destaca como parte de una rutina diaria saludable. Resalta que el ayuno es importante, pero más hacerlo como debe ser: “La mayoría de los datos sugieren que 12 horas es el mínimo”, aconseja el experto, para que cumpla al 100%.

Tradiciones alimentarias en las zonas azules

Los hábitos alimenticios varían entre las “zonas azules”. Buettner apunta que en Icaria los habitantes disfrutan de aceitunas y pan de masa madre, mientras que en Costa Rica consumen frijoles, arroz y aguacate.

Estas elecciones dietéticas reflejan un enfoque saludable que está vinculado a su longevidad.

Investigaciones sobre “zonas azules” y longevidad

Las investigaciones recientes sobre las “zonas azules” cuestionan su validez científica y exploran factores genéticos y de estilo de vida más allá de los hábitos tradicionales. Se están realizando revisiones sistemáticas y estudios escépticos para validar la longevidad extrema reportada.

Estudios recientes. Una revisión sistemática de 2015-2025 analiza factores de longevidad en zonas como Okinawa, Cerdeña, Nicoya e Ikaria, incluyendo investigaciones en México sobre centenarios. Artículos de 2024 destacan controversias, como posibles fraudes estadísticos o endogamia genética, en lugar de solo dieta y comunidad.

Cuestionamientos actuales. Publicaciones en Science (2024) y NYT examinan si las “zonas azules” se basan en datos fiables o en exageraciones, impulsando investigaciones genéticas y demográficas para confirmar edades reales. En España, se estudian áreas como la Alpujarra y Girona como posibles nuevas zonas.

Impacto del clima y el ambiente natural

El clima y el ambiente natural influyen significativamente en la longevidad de las zonas azules, aunque su impacto es más indirecto que directo, fomentando estilos de vida saludables. Estas regiones, como Okinawa, Icaria o Nicoya, comparten entornos que promueven actividad física diaria y dietas basadas en productos locales frescos.

Clima moderado. Las zonas azules suelen tener climas templados y suaves, sin extremos de calor o frío intensos. Por ejemplo, el Mediterráneo en Icaria (Grecia) o el clima subtropical en Okinawa (Japón) facilitan caminatas diarias, jardinería y agricultura, actividades que mantienen a los habitantes activos hasta edades avanzadas.

Entorno natural verde. La abundancia de naturaleza —montañas, costas y vegetación— fomenta el contacto constante con el aire puro y reduce el estrés. Estudios vinculan áreas verdes con menor mortalidad (hasta 41% menos en ciertas enfermedades), y en estas zonas, la jardinería comunitaria es común incluso en nonagenarios.

Interacción con estilos de vida. El 80% de la longevidad se atribuye a factores ambientales y hábitos, no solo a la genética; el paisaje invita a moverse naturalmente (a pie o en bicicleta) y provee alimentos como legumbres y verduras. Esto contrasta con zonas urbanas sedentarias, potenciando una vida funcional y larga.

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