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Inauguran RAMP L.A. en Boyle Heights: buscan empoderar a jóvenes

El centro de recursos amplía las oportunidades para empoderar a los jóvenes que tuvieron un encuentro con el sistema judicial

Joe Aguilar, Erasmo Reyes y Roberto Luca, cofundadores de RAMP L.A.

Joe Aguilar, Erasmo Reyes y Roberto Luca, cofundadores de RAMP L.A.  Crédito: Jorge Luis Macías | Impremedia

Tres directores de una organización sin fines de lucro que, alguna vez en sus vidas estuvieron involucrados en el sistema judicial celebraron la apertura del Restorative Academic Mentorhips’s Program (RAMP L.A./ Programa de Mentorías Académicas Restaurativas de Los Ángeles) en el área de Boyle Heights para proporcionar apoyo y recursos a jóvenes y adultos que probablemente tuvieron la misma experiencia que ellos. 

“Hace 10 años, durante una reunión que tuvimos después de haber sido liberados, nos comprometimos a que haríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance para empoderar a individuos a buscar una vida con propósito, en lugar de tomar decisiones pobres como las que nosotros tomamos”, dijo Roberto Luca, cofundador y director ejecutivo de RAMP L.A. 

“El campus de RAMP L.A. proporcionará un lugar seguro a los miembros de la comunidad para perseguir oportunidades que los guie hacia una carrera universitaria, con la ayuda del personal de una carrera, algunos de los cuales también fueron parte del sistema [judicial]”, añadió. 

Roberto Luca superó grandes retos en la vida.

Después que han cumplido su sentencia, en el campus de RAMP L.A. se involucra a jóvenes y adultos a través de la prevención y servicios de apoyo, ofreciéndoles alternativas positivas, mentoría y recursos que les ayude a reducir su exposición e involucramiento en el sistema, la indigencia y violencia en la comunidad. 

De hecho, uno de ellos, Joshua Jones, de 33 años, quien fue liberado de prisión apenas hace dos semanas estaba programado para una entrevista de trabajo como agente de bienes raíces. 

“Estoy emocionado por esta gran oportunidad”, dijo Jones, hijo de madre mexicana y padre afroamericano, quien durante una parte de su vida de involucró en pandillas y terminó encarcelado por 17 años. 

“Muchas veces, circunstancias difíciles combinadas con decisiones de vida desafortunadas guían a las personas hacia la actividad de pandillas y crímenes callejeros. Lo sé, porque estuve ahí”, dijo Joel Aguilar, director de programas del campus y cofundador de RAMP L.A. 

Aguilar supervisará los programas en el campus de RAMP L.A., cuyas instalaciones servirán como un centro comunitario gratuito, con servicios accesibles enfocados en la sanación, crecimiento y desarrollo profesional. 

Alberto Gómez, director financiero de la organización explicó que el presupuesto anual de la organización supera los 10 millones de dólares y es financiado en parte por el condado de Los Ángeles y San Francisco y otros condados. 

El programa asigna mentores de vida a jóvenes exdelincuentes, ayudándoles a adaptarse y evitar la reincidencia. 

“El 70% o más de los alumnos que vienen al programa se gradúan con éxito” afirmó Gómez. “Cuando llegan a nuestro programa reconocen que quieren una mejor vida que la vida que han tenido, pues no es la que quieren para ellos y su familia”. 

Si bien el campus de RAMP ofrece oportunidades para llevar una vida con propósito, la organización también proporciona una vivienda segura y estable a las personas tras su encarcelamiento, apoyando su transición de regreso a la comunidad mediante servicios integrales que incluyen rehabilitación, educación, mentoría y capacitación para la inserción laboral. 

“Después de haber permanecido “dentro” —en un entorno sumamente estructurado— durante tanto tiempo, lo más difícil para las personas recién liberadas es encontrar una vivienda segura y asequible, así como aprender a vivir en el “exterior” y a afrontar los desafíos de la vida en un contexto donde las oportunidades de reintegración pueden ser escasas”, declaró Erasmo Reyes, uno de los tres cofundadores de RAMP L.A. 

RAMP L.A. administra y opera seis viviendas destinadas a personas que han sido liberadas del sistema penitenciario: tres ubicadas en el área central de Los Ángeles y otras tres en el Valle de San Fernando. 

Estas instalaciones ofrecen alojamiento residencial a miles de hombres y mujeres, brindándoles además los servicios sociales complementarios dentro de un entorno residencial seguro, con el fin de fomentar una mayor reintegración social. 

Erasmo Reyes se preparó académicamente en prisión.

Reyes, un exitoso contratista de la construcción, supervisó el desarrollo de estas seis viviendas gestionando su financiación a través de inversiones locales y empleando a numerosas personas recién liberadas mediante un programa de aprendizaje diseñado para enseñarles valiosas habilidades laborales. Asimismo, contribuyó a la creación de RAMP Housing con el objetivo de gestionar el proceso de construcción. 

“Al mirar hacia atrás, constatamos que RAMP LA no nació en una sala de juntas, sino a partir de las experiencias vividas por tres personas que debieron navegar por las complejidades del sistema de justicia. Surgimos con una misión singular: fomentar una comunidad basada en la justicia restaurativa que empodere a las personas para prosperar a través de la vivienda terapéutica, la educación y la mentoría”, dijo Reyes. “Nosotros somos el ejemplo vivo y palpable de este exitoso enfoque de sanación”. 

“Mi libertad es Dios”: Roberto Luca 

Roberto Luca, el director ejecutivo de RAMP L.A. pasó 28 de sus 53 años en prisión, donde conoció a sus ahora inseparables amigos, Erasmo Reyes y Joel Aguilar, cofundadores del programa. 

Su madre tenía dos trabajos para mantener el hogar. Su padre estaba ausente. 

Roberto Luca tenía 16 años cuando fue sentenciado a una pena de entre 15 años y cadena perpetua. Tras cumplir dos décadas de su condena, mientras se encontraba en régimen de aislamiento en la Prisión Estatal de Pelican Bay, tuvo una revelación acerca del dolor que había causado a sus víctimas y se propuso enmendarse. Comenzó trabajando para obtener su GED (título de educación secundaria) desde el aislamiento. 

“Tenía 35 años y ni siquiera sabía qué eran las fracciones”, comentó. “No tenía absolutamente ninguna educación”. 

Roberto recibió educación tras las rejas. Los programas por correspondencia cuentan con una larga trayectoria, especialmente en lo que respecta a la obtención del GED. 

Sin embargo, en 2014, California aprobó la ley SB 1391, la cual destinó fondos para impartir clases presenciales dentro de los muros de las prisiones. Fue entonces cuando el Bakersfield College puso en marcha un programa piloto en la Prisión Estatal de Kern Valley, en Delano. 

Roberto recordó que en la prisión conoció a Erasmo Reyes -su amigo inseparable- y pasó algo interesante. 

“Reconocimos que la regamos [nos equivocamos]”, expresó el hombre que, a la edad de 13-14 años era pandillero y ya cargaba una pistola. 

Aquel ambiente era lo único que conocía. No provenía de una familia integral, aunque reconoce que sus padres hicieron lo mejor que pudieron para dirigirlo. 

“Mis padres son inmigrantes, pero también son humanos y no supieron cómo ayudarme a resolver problemas”, expresó Luca. 

También vivía en una época de distribución de cocaína en piedra y encarcelamiento masivo de jóvenes latinos y afroamericanos. 

“Entonces, yo di un mal paso en las pandillas. Ahí encontré a mi “familia” y a los 16 años participé en un acto violento [un asesinato]. Yo manejaba el carro “. 

A los 16 años fue enviado a una correccional juvenil. Después a Folsom State Valley Prison. 

Roberto no tenía miedo. Se creía muy fuerte e inteligente. 

“Nomás por la gracia de Dios sobreviví”, enfatizó. 

Tras 22 años detrás de las rejas, su vida cambió completamente. Para siempre. 

“Tuve un encuentro con Cristo y tuve que caminar mi propio camino y encontrar mi fe a tiempo”, subrayó Roberto. “Ahí, adentro [de la prisión] me hice la promesa de que, antes que otra cosa, iba a ser más reverente con Dios”. 

Poco a poco se fue retirando de las pandillas y del peligro. 

“Ya no tuve miedo de seguir mi propio camino, porque tenía la protección de Dios; haber hablado con Él a solas en mi celda fue cuando tuve la oportunidad de salir de prisión”, contó Roberto. 

La fe que alguna vez perdió la reconquistó. Se dio cuenta de todo lo que había perdido, pero, una vez en libertad, Roberto aseguró que encontró el amor de Dios. 

“Mi libertad es Dios; gracias a Él sé que es la libertad, sé lo que es un ser humano, y en mi corazón, creo que toda la gente tiene que ser tratada como una persona, sin importar tu color o de qué raza seas…Todos deben tener la oportunidad de vivir una vida digna”, argumento Roberto Luca. 

Como la narración del hijo prodigo, Roberto afirma que ha vuelto a la casa del Padre y ahora puede ayudar a quienes se han perdido en el camino. 

A los jóvenes que llegan a RAMP L.A. le toca ensenarles a manejar un automóvil, cómo registrarse para ir al colegio. 

Los enseña cómo limpiar, cómo planchar, cómo hacer comida. 

“Eso es lo que hacemos”, dijo. “Y con esas actividades tenemos esos momentos de compartir nuestra vida y nuestro camino para que ellos y sus familias no pasen por el dolor de ver a uno de sus hijos encarcelado; buscamos impactar positivamente a los jóvenes, a otros adultos y a sus familias”. 

Ahora, Roberto saca fuerzas del sufrimiento que vio en su madre cuando lo visitaba en prisión y no podía sacarlo de allí. 

Y derrama algunas lágrimas. 

“De esos recuerdos saco fuerza, porque no quiero que otro niño u otra madre pase por esos momentos y viva ese dolor…Eso es lo más importante… que no se repita esa clase de dolor”, concluyó. 


Los programas de RAMP L.A. incluyen:

⦁ Habilidades para la vida: Apoyo a la crianza, talleres de regulación emocional y desarrollo del carácter.
⦁ Artes creativas: Arte, pintura, talleres de cocina que apoyen la expresión y el bienestar de los participantes.
⦁ Crecimiento profesional: Capacitación para la preparación laboral, mentoría y apoyo al desarrollo de la fuerza laboral
⦁ Acceso a recursos: Un espacio de bienvenida que provee servicios de apoyo para jóvenes y residentes, proporcionándoles estabilidad, orientación y sentido de comunidad.

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