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Editorial: una oportunidad para la reconciliación

Es imperativo que republicanos y demócratas condenen juntos la violencia política, para detener este vicioso ciclo de polarización, odio y resentimiento.

Hakeem Jeffries propone una enmienda para extender los subsidios de Obamacare en el proyecto de ley de presupuesto.

Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes  Crédito: Mariam Zuhaib | AP

Ayer, el individuo armado que irrumpió en la cena de corresponsales de la Casa Blanca en la noche del 25 al 26 del corriente fue acusado formalmente de varios cargos, entre ellos intento de asesinar al Presidente Trump. El evento marca una escalada en el recurrente fenómeno de violencia política en nuestro país. Un proceso acelerado por la polarización que separa a quienes apoyan y quienes se oponen a Trump. Aunque no tenemos los datos fehacientes que aún están bajo investigación sobre el incidente, se suman a una larga lista de atentados políticos, cometidos tanto contra personalidades republicanas como demócratas.

Se podría establecer que comenzó en 2011, con el atentado que hirió gravemente a la congresista demócrata Gabby Giffords, mató a un juez federal y a una niña de nueve años. En 2017, el tiroteo que hirió al congresista republicano Steve Scalise; el intento de secuestrar a la gobernadora demócrata de Michigan Gretchen Whitmer en 2020. El 6 de enero de 2021, el intento de tomar el Congreso y prevenir la aprobación de la derrota electoral de Trump; en junio de 2022, el atentado contra la vida del Juez de la Suprema Corte Brett Kavanaugh, un conservador, y luego el ataque a martillazos que hirió al esposo de la entonces presidenta demócrata de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi. 

A partir de 2024 la frecuencia de los actos de violencia aumenta. En julio y septiembre de ese año, dos atentados contra Donald Trump de los que afortunadamente salió ileso. El año pasado, alguien incendió la casa del gobernador demócrata de Pennsylvania Josh Shapiro; el 14 de junio de 2025 un asesino mató a Melissa Hortman, presidenta demócrata de la Asamblea Legislativa de Minnesota y a su esposo en su casa. El 10 de septiembre un francotirador terminó con la vida de Charlie Kirk, un conocido activista conservador, fundador de Turning Point USA. 

La situación amenaza con salir fuera de control. La violencia política asume una vida propia, más allá de la capacidad del gobierno – de cualquier gobierno – de contenerla. 

No podemos dejar que la violencia política se normalice. 

Si hay un rayo de esperanza en esta situación, es que la reacción mesurada de Trump tras el atentado permite pensar en una salida de reconciliación y cooperación renovadas entre ambos partidos de gobierno. Inicialmente se temía que Trump aprovechara el momento para lanzar ataques contra sus numerosos oponentes, como ha hecho repetidamente. Pero no fue así. 

Sí, es difícil para ambos bandos decir la verdad, porque hasta ahora muchos de los políticos que nos representan consideran que esta situación conduce a su elección y reelección, y se niegan a criticar la violencia cuando viene de su propio lado. En consecuencia, decenas de millones de estadounidenses consideran justificada la violencia política para acabar con la presidencia de Trump, lo mismo que otras decenas de millones que quieren mantenerlo en el poder a toda costa, como lo confirma una encuesta de NPR de octubre pasado. 

La influencia negativa de nuestros líderes se refleja en esta encuesta de PRRI de hace tres meses, según la cual “dos tercios de los estadounidenses (67%) creen que la falta de condena de la retórica violenta por parte de los líderes políticos contribuye en gran medida a las acciones violentas en la sociedad”.

Sí, vivimos lo que expertos como el profesor Robert Pape llaman “la era del populismo violento”. 

Pero ahora estamos en un momento de gracia, que puede durar poco. Quizás unos días. 

El 3 de noviembre, en menos de 190 días, si nada cambia, tendremos las elecciones de mitad de término. Millones de estadounidenses la ven como una última oportunidad para defender su visión de la nación, como lo muestra una encuesta de NBC de marzo de 2026. Es imperativo entonces que el liderazgo demócrata – el más indicado para hacerlo es el congresista Hakeem Jeffries, líder de la minoría demócrata en el Congreso – solicite una reunión con el Presidente con el único objeto de que ambos, republicanos y demócratas, condenen juntos y públicamente la violencia política, para detener este vicioso ciclo de polarización, odio y resentimiento. Para que las diferencias se solucionen en la casilla de votación. Esta conversación es esencial. Esta es nuestra primera prioridad. 

En esta nota

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