La crisis de la RAM va a hacer peores las fotos de tu próximo móvil y los fabricantes ya lo saben

La escasez de memoria DRAM no solo encarece los móviles: también podría hacer que las fotos de tu próximo smartphone sean peores. Te explicamos por qué

Los fabricantes de teléfonos están intentando hacer frente al aumento de la memoria RAM reduciendo las prestaciones de sus cámaras

Los fabricantes de teléfonos están intentando hacer frente al aumento de la memoria RAM reduciendo las prestaciones de sus cámaras Crédito: Shutterstock

El precio de las memorias RAM subió más de un 50% en precio durante el último año, y tu cámara será una de las primeras víctimas. Si creías que esta crisis solo iba a hacerte pagar más caro el teléfono, prepárate: también va a degradar la calidad de las fotos que saques con él. Y lo más inquietante es que muchas marcas ya están tomando decisiones silenciosas al respecto.

Lo que tienes que saber antes de seguir:

  • La escasez de memoria DRAM está impulsada principalmente por la demanda de inteligencia artificial
  • Las memorias ya representan hasta el 40% del coste de fabricación de un smartphone de gama baja
  • Algunos fabricantes están reduciendo el tamaño del sensor fotográfico para compensar costes
  • Más IA en el software no compensa del todo un sensor más pequeño

Esta no es una fluctuación pasajera del mercado. Es un cambio estructural que está sacudiendo toda la cadena de fabricación de dispositivos móviles desde principios de 2026, y sus consecuencias van mucho más allá del precio final en tienda. 

Por qué la RAM tiene tanto que ver con las fotos que tomas

Aquí viene la parte que mucha gente no sabe, y que los fabricantes prefieren no publicitar: la cámara de tu móvil depende directamente de la RAM para funcionar bien. No es solo cuestión de cuántos megapíxeles tiene el sensor. El verdadero trabajo ocurre después de que pulsas el botón.

¿Por qué? Porque funciones como el procesamiento HDR, el zoom computacional, el modo retrato con IA y el procesado de archivos RAW necesitan mover enormes cantidades de datos en tiempo real, y todo ese flujo pasa por la RAM. Lo mismo ocurre con la grabación de vídeo en 4K o con los algoritmos que mejoran las fotos en condiciones de poca luz. 

Sin memoria RAM suficiente —o con RAM más lenta porque se abarató para reducir costes—, esos procesos se ralentizan, pierden calidad o directamente dejan de estar disponibles.

Fíjate en lo que está pasando con el Samsung Galaxy A57 5G: su precio de lanzamiento es notablemente más alto que el del A56, pero el salto en hardware fotográfico no es proporcional. La explicación está en los márgenes: el incremento en el coste de la RAM se está absorbiendo en algún sitio, y ese sitio suele ser el sensor o la óptica. 

En cambio, Samsung tomó una decisión diferente con el Galaxy A37 5G, donde mejoró el sensor principal —pasando de 1/1,96 a 1/1,56 pulgadas— para justificar ante el consumidor el alza de precio. Pero esa no es la norma, sino la excepción.

La trampa silenciosa: sensores más pequeños para compensar costes

El movimiento que más preocupa al sector viene de las propias cadenas de suministro. Filtradores con historial sólido de aciertos, como Fixed Focus Digital, sugieren que la tendencia hacia sensores fotográficos cada vez más grandes podría estar llegando a su fin. La lógica es brutal en su simplicidad: si fabricar el teléfono ya sale más caro por la DRAM y la memoria NAND, algo tiene que ceder. Y ese “algo” es el sensor.

La diferencia entre un sensor de alta gama y uno más modesto no siempre es obvia para el usuario promedio, especialmente si la marca lo compensa con software más agresivo y algoritmos de IA mejorados. Pero para quienes fotografían en serio —buena dinámica de color, capturas nocturnas reales, vídeo con rango de color amplio— la degradación sí se nota, por mucho que la IA intente disimularlo

Marcas como Qualcomm y MediaTek están presionando para que sus chips procesen más con menos memoria disponible, y Apple lleva años optimizando su pipeline fotográfico para exprimir cada byte de RAM. Pero incluso con esas optimizaciones, hay un límite físico que el software no puede superar.

Más IA, menos sensor: el trueque que no te van a contar

El escenario más probable para lo que queda de 2026 es este: sensores fotográficos más modestos compensados con mayor procesamiento de inteligencia artificial. Es una apuesta técnicamente interesante —el software pesa cada vez más en la fotografía móvil—, pero también es una forma elegante de recortar en hardware sin que el usuario lo note de inmediato.

La situación de fondo es esta: los mismos chips de memoria que van dentro de tu teléfono son los que necesitan los centros de datos que hacen funcionar ChatGPT, Gemini y todos los modelos de IA que usas a diario. Esa demanda no para, el suministro está apretado, y compañías como SK Hynix ya han admitido que la escasez podría extenderse hasta finales de 2027

Para la gama de entrada, el panorama es especialmente preocupante: las estimaciones del sector apuntan a que las memorias podrían representar hasta el 40% del coste total de fabricación de un smartphone barato hacia finales de este año. Eso deja muy poco margen para invertir en un buen módulo de cámara, y aún menos para competir en precio.

¿Estás dispuesto a pagar más por un móvil que saca peores fotos que el modelo anterior? Porque en muchos casos, eso es exactamente lo que el mercado te va a ofrecer en los próximos meses, aunque nadie en la presentación de producto te lo vaya a decir con esas palabras.

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