Rocha Moya: prueba de fuego para Sheinbaum
La presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra ante un escenario de "perder-perder"
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, aseguró que la Presidenta Claudia Sheinbaum le apoya. Crédito: Getty Images
La solicitud del gobierno de Donald Trump para extraditar al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, junto a otros nueve funcionarios estatales, no es solo un trámite judicial; es un misil directo contra la Cuarta Transformación (4T). Por primera vez en la historia moderna, Washington pone en la mira no a capos escondidos en la sierra, sino a políticos de alto nivel en pleno ejercicio de sus funciones.
Esta crisis deja al descubierto la asignatura pendiente del gobierno mexicano: su laxitud frente a la narcopolítica. Aunque la narrativa oficial insiste en la soberanía, la realidad fáctica —alimentada por detenciones espectaculares realizadas por Estados Unidos como la de Ismael “El Mayo” Zambada— indica que los hilos del poder local en Sinaloa están peligrosamente atados con los del Cártel.
La presidenta Claudia Sheinbaum se encuentra ante un escenario de “perder-perder” donde cada camino tiene un tremendo costo político:
Si accede a la extradición, será blanco de ataques internos. Los sectores más radicales de Morena la tildarán de “entreguista” y de ceder ante el imperialismo estadounidense. Más grave aún, enviaría un mensaje de vulnerabilidad al interior de su partido: nadie está a salvo. Esto podría fracturar la cohesión de la 4T en un momento donde la unidad es su mayor activo.
Si decide proteger a Rocha Moya bajo el escudo de la soberanía o la falta de pruebas, la administración Trump no tardará en etiquetar a su gobierno como cómplice o “narcoestado”. Esto no se limitaría a retórica; pondría en riesgo el T-MEC, la estabilidad del peso y la seguridad fronteriza, pilares de la economía mexicana.
Hasta ahora, Sheinbaum ha optado por el manual clásico de la política mexicana: ganar tiempo. Al turnar el caso a la Fiscalía General de la República (FGR) y exigir pruebas contundentes, la presidenta busca enfriar los ánimos y construir una narrativa de debido proceso. Sin embargo, el tiempo es un lujo que la Casa Blanca de Trump no suele conceder.
La estrategia de la “pausa” tiene fecha de caducidad. El caso de Sinaloa se ha vuelto indefendible ante la opinión pública. Las inconsistencias sobre lo ocurrido el día de la captura del “Mayo” y el asesinato de Héctor Melesio Cuén, principal enemigo político de Rocha Moya, han dejado al gobernador de Sinaloa en una posición de vulnerabilidad absoluta.
Llegará el momento en que Sheinbaum deba elegir entre la lealtad partidista a un gobernador cuestionado o la viabilidad del Estado mexicano frente a su socio comercial más importante.
Actuar contra Rocha Moya y los funcionarios señalados no debería verse como una claudicación ante EE.UU., sino como una limpieza necesaria en casa. Para que la 4T sobreviva a largo plazo, debe demostrar que su compromiso con la justicia es superior a sus compromisos de grupo. Al final del día, la estatura de Sheinbaum como estadista se medirá por su capacidad de cortar los lazos que asfixian a Sinaloa, incluso si eso significa sacrificar piezas clave de su propio tablero.