Elon Musk admite en juicio que Grok se entrenó con modelos de OpenAI
El multimillonario reconoció que su compañía utilizó los modelos de IA de OpenAI sin autorización para entrenar a Grok
La destilación masiva de modelos de IA es una práctica mal vista dentro de la industria y ya ha sido denunciada por algunas compañías Crédito: Shutterstock
Pocas veces en la industria tecnológica una declaración judicial revela tanto de una sola vez. Eso es justamente lo que acaba de ocurrir luego de que Elon Musk reconoció ante un tribunal federal en California que xAI utilizó modelos de inteligencia artificial de OpenAI para entrenar las primeras versiones de Grok, su chatbot estrella.
Lo más curioso es que esta admisión no salió de una filtración ni de una investigación periodística, sino de la propia boca de Musk, durante el juicio que él mismo inició contra Sam Altman y OpenAI.
La escena es difícil de ignorar. El hombre que se presenta como uno de los críticos más duros de OpenAI, que acusa a Altman de haber traicionado la misión original de la compañía al convertirla en una entidad con fines de lucro, terminó confesando que su propia empresa sacó ventaja de los modelos de su rival para construir Grok desde cero. La ironía no podría ser más evidente.
La técnica que todos usan pero nadie confiesa
Durante su testimonio, uno de los abogados le preguntó a Musk directamente si xAI había aplicado la técnica de destilación sobre modelos de OpenAI para entrenar a Grok. Musk primero respondió que esa es una práctica generalizada en toda la industria, esquivando el foco de la pregunta. Pero cuando le insistieron con un simple “¿significa eso un sí?”, respondió con una sola palabra: “Parcialmente.”
La destilación, para los que no están familiarizados con el término, es básicamente un proceso mediante el cual un modelo de IA más pequeño aprende a imitar el comportamiento de uno más grande. El modelo “alumno” absorbe los patrones de respuesta del modelo “profesor”, reproduciendo sus predicciones y capacidades sin necesariamente acceder a sus datos de entrenamiento directos. En otras palabras, puedes construir una IA competente espiando cómo responde otra IA a miles de preguntas.
El problema es que compañías como OpenAI y Anthropic llevan tiempo denunciando esta práctica, especialmente cuando viene de empresas chinas que crean modelos de código abierto casi tan capaces como los suyos, pero a una fracción del costo. Lo que nadie había confirmado abiertamente hasta ahora es que los propios laboratorios estadounidenses también se aplican esta técnica entre sí. Musk acaba de romper ese silencio sin que nadie le obligara.
Un juicio contra OpenAI que termina exponiendo a xAI
El juicio en el que ocurrió esta revelación es el que Musk interpuso en 2024 contra OpenAI, Sam Altman y Greg Brockman, acusándolos de desviar la misión fundacional de la organización, que originalmente nació como una entidad sin fines de lucro comprometida con desarrollar IA para el beneficio de la humanidad. Según Musk, Altman y sus socios lo traicionaron buscando beneficios económicos a sus espaldas, algo que el propio Altman niega categóricamente.
El caso se extenderá durante aproximadamente un mes e incluye testimonios de figuras relevantes del mundo tech, entre ellos Satya Nadella, director ejecutivo de Microsoft. Pero la declaración de Musk ya se robó los titulares antes de que el juicio llegue a sus momentos más intensos. Porque básicamente el demandante terminó dando munición al demandado sin que nadie se lo pidiera.
Y por si fuera poco, más tarde en su testimonio, Musk fue preguntado por una declaración que hizo el verano pasado, en la que presumió que xAI pronto superaría a cualquier empresa del mundo salvo Google. Su respuesta fue sorprendente: colocó a Anthropic en el primer lugar del ranking de inteligencia artificial, seguido de OpenAI, Google y los modelos chinos de código abierto, y describió a xAI como una empresa mucho más pequeña, con apenas unos cientos de empleados.
¿Dónde está la línea entre aprender y copiar?
Esta es la pregunta que queda flotando después de todo este episodio. Musk argumentó que usar otras IAs para validar la tuya propia es una práctica habitual en la industria, y técnicamente tiene razón en que la destilación no está explícitamente tipificada como ilegal en la mayoría de jurisdicciones. Lo que sí puede ocurrir es que viole los términos de servicio de las plataformas, que generalmente prohíben el uso sistemático de sus APIs y chatbots para entrenar modelos competidores.
El Frontier Model Forum, una iniciativa en la que participan OpenAI, Anthropic y Google, ya trabaja en mecanismos para detectar y frenar los intentos de destilación masiva, que generalmente se manifiestan como consultas sospechosas en grandes volúmenes a los modelos. Sin embargo, si los propios laboratorios líderes están usando esta técnica entre sí, el debate se vuelve mucho más complejo de lo que parecía.
Lo que este episodio deja claro es que la carrera por la inteligencia artificial no es tan limpia como los comunicados de prensa hacen parecer. Detrás de los anuncios de benchmarks récord y las declaraciones sobre seguridad responsable, las empresas se observan, se copian y aprenden unas de otras, a veces de formas que sus propias políticas no permitirían a los usuarios externos. Elon Musk, casi sin quererlo, acaba de confirmar lo que muchos ya sospechaban.
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