Escuelas Comunitarias en Acción: Las escuelas públicas chárter ayudan a las familias 

Estas instituciones apoyan la salud mental de los estudiantes, conectan a las familias con recursos y trabajan de la mano con la comunidad

Las escuelas chárter no solo se enfocan en lo académico, también apoyan la salud mental y emocional de los estudiantes y sus familias.

Las escuelas chárter no solo se enfocan en lo académico, también apoyan la salud mental y emocional de los estudiantes y sus familias. Crédito: CCSA | Cortesía

La vida de Sintia Popovac cambió de la noche a la mañana cuando el incendio en Palisades destruyó su hogar y dejó a su familia sin estabilidad. 

De pronto, ella y sus dos hijas—Jessica, estudiante de preparatoria, y Rebecca, en sexto grado—tuvieron que empezar de nuevo. 

Pero encontrar una nueva escuela no se trataba solo de inscribirlas en un lugar cercano. Sus hijas necesitaban apoyo emocional y una comunidad que entendiera por lo que estaban pasando. 

Esa búsqueda las llevó a Bright Star Schools, una red de escuelas públicas chárter en Los Ángeles que operan bajo el modelo de escuelas comunitarias—un enfoque que está marcando una diferencia real para las familias. 

Entonces, ¿qué significa ser una escuela comunitaria? 

Significa que la escuela se enfoca en mucho más que lo académico. Apoya la salud mental de los estudiantes, conecta a las familias con recursos y trabaja de la mano con la comunidad para ayudar a cada estudiante a salir adelante. 

Para familias como la de Sintia, eso puede cambiarlo todo. 

Su hija menor, Rebecca, ha enfrentado desafíos importantes. Vive con ansiedad, migrañas severas y un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Muchos días, asistir a la escuela resultaba abrumador, y faltaba con frecuencia. 

En escuelas anteriores, eso traía consecuencias disciplinarias. 

Pero en Stella Middle Charter Academy, parte de Bright Star Schools, la respuesta fue distinta. 

En lugar de asumir lo peor, sus maestros hicieron una pregunta sencilla pero poderosa: 

¿Qué está impidiendo que Rebecca venga a la escuela? 

Esa pregunta abrió la puerta a conversaciones honestas entre la familia y la escuela. 

“Te quita el estrés,” dice Sintia. “No solo te dicen que tu hija está fallando. Te preguntan cómo pueden ayudar.” 

El personal escolar no se acercó con advertencias. Se acercó con apoyo, incluyendo consejería y acceso a un Centro de bienestar donde Rebecca puede tomar un momento para recuperarse y regresar al salón cuando esté lista. 

Bright Star atiende a una población estudiantil en la que más del 90 por ciento es considerada socioeconómicamente desfavorecida. Los desafíos son reales, y la respuesta también lo es. 

Ana Martínez, directora ejecutiva de Bright Star Schools, lo explica de manera sencilla: los datos no se utilizan para etiquetar a los estudiantes. Se utilizan para entenderlos. 

Hoy, Sintia dice que la diferencia es clara. Su hija no solo asiste a la escuela con más regularidad. Se siente vista y apoyada. 

Y no es la única. 

En Stella Middle, el ausentismo crónico ha disminuido, una señal de que más estudiantes están asistiendo porque se sienten respaldados cuando lo hacen. 

Porque muchas veces, lo que parece un problema académico tiene raíces más profundas. 

Un estudiante que tiene dificultades en clase puede necesitar lentes. 

Un estudiante que falta a la escuela puede estar lidiando con ansiedad. 

Una familia que no está involucrada puede estar enfrentando inestabilidad económica o de vivienda. 

Las escuelas comunitarias entienden eso. 

También entienden que incluso los estudiantes con alto rendimiento necesitan orientación. 

La hija mayor de Sintia, Jessica, siempre ha sido aplicada. Pero como muchos estudiantes de familias inmigrantes, no sabía cómo navegar el camino hacia la universidad. 

Sintia, quién nació en Guatemala, valora profundamente la educación. Pero entender el sistema educativo en Estados Unidos no siempre es fácil. 

“Quiero que vayan a la universidad,” dice. “Pero no sé cómo guiarlas.” 

En Bright Star, esa brecha se resuelve. 

Jessica participó en un programa que apoya a estudiantes de alto rendimiento de comunidades desatendidas. Recibió orientación sobre las opciones universitarias y visitó distintos campus. 

Por primera vez, pudo ver con claridad su futuro. 

Ese es el impacto de una escuela que realmente ve a sus estudiantes, no como números, sino como personas. 

En todo California, más escuelas están adoptando el modelo de escuelas comunitarias, y muchas de ellas son escuelas públicas chárter: gratuitas, abiertas a todos y diseñadas para responder a las necesidades reales de las familias. 

En Bright Star Schools, el 96 % de los padres reporta estar satisfecho con la educación de sus hijos. Eso es resultado directo de escuchar, apoyar y trabajar en conjunto con las familias. 

Cuando una escuela se toma el tiempo para entender a cada estudiante, todo cambia. 

Un niño deja de ser un problema que resolver. 

Se convierte en una persona a quien apoyar. 

Y para familias como la de Sintia, eso hace toda la diferencia. 

(*) Myrna Castrejón es la presidenta y directora ejecutiva de la Asociación de escuelas chárter de California (CCSA).  

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