Editorial: La seguridad en las Ciudades Santuario

Una comunidad para ser segura necesita tener confianza en la policía. Eso no lo quieren entender los que hacen politiquería con inmigración

Imagen de archivo de una manifestación a favor de las Ciudades Santuario.

Imagen de archivo de una manifestación a favor de las Ciudades Santuario. Crédito: AP

Hay un mito que se repite constantemente para justificar la agresiva política migratoria de la Administración Trump. Se utiliza un argumento falaz para afirmar que las llamadas “ciudades santuarios” son una incubación de la violencia y el crimen en los centros urbanos; cuando en realidad, no solo tienen menos delitos que otras ciudades, sino que contribuyen a una mayor seguridad.

La decisión de una agencia policial de no arrestar indocumentados por el solo hecho de serlo, permite que esa persona pueda denunciar un crimen o recurrir pidiendo ayuda a las autoridades sin el temor a ser deportado. Esta garantía contribuye a la seguridad colectiva.

Un caso significativo es el del inmigrante Axél Sánchez Toledo en Palm Beach, Florida. Allí el padre de familia, separado de su esposa, estaba preocupado por el bienestar de su hija de cuatro años de edad. El actuó como se suele hacer en estos casos. Llamó al 911 y pidió a las autoridades si podían comprobar el estado de la niña.

Sánchez Toledo nunca recibió esa información. Los agentes del Sheriff lo arrestaron por indocumentado. Florida es un estado ejemplo de la colaboración que se desea entre las autoridades migratorias y las locales, según el programa 287(g). El contrato convierte a la policía en un agente migratorio.
En el caso de Sánchez Toledo, tal como se permite en Florida, hay agentes hacen funciones de ICE en una patrulla normal. Ya nadie pensó en la niña ni en la preocupación del padre.

La prioridad que se da a la detención de un indocumentado está por sobre todo lo demás. Esto responde a la fantasía nacionalista que desde Washington dice los inmigrantes “es gente que viene con el propósito de arruinar el país”, cuando la inmensa mayoría viene a trabajar, prosperar y crear una mejor vida.

No hay nada mejor que datos para combatir mentiras.

Un estudio de la Universidad de Stanford comparó las estadísticas de más de 200 condados “santuarios” entre 2010 y 2015. El resultado fue que las deportaciones de delincuentes no violentos, no aumentan los índices de delincuencia. “Las políticas de santuario sí desempeñan una función protectora, pero no suponen el coste para la seguridad pública que afirman sus detractores,”concluye el estudio.

Otros estudios de la Universidad de New Mexico, de Stanford y del Center for American Progress revelan que la tasa de criminalidad en “ciudades santuarios” con gran porcentaje de inmigrantes es menor al de otras ciudades que trabajan con ICE.

Ante la falta de datos que confirmen la posición de sus críticos, ellos apelan a la emoción, mostrando casos donde la víctima es estadounidense y el perpetrador indocumentado. Se quiere mostrar que eso es lo normal cuando suele ser una excepción.

Una comunidad para ser segura necesita tener confianza en la policía. Eso no lo quieren entender los que hacen politiquería con inmigración.

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