El largo camino de Ramona Gardens a City Hall

Maria “Lou” Calanche: "Mi experiencia en política me enseñó que la rueda que rechina es la que recibe el aceite". Moraleja: hay que hacer ruido. 

Una vista desde la cima del parque en Ramona Gardens.

Una vista desde la cima del parque en Ramona Gardens. Crédito: Isaac Ceja | Impremedia

Cuando decimos “futuro” lo imaginamos venturoso, tecnológicamente asombroso. Pero el futuro es también el presente postergado. Es el presente que se le olvidó mejorar. 

A veces, pasado, presente y futuro se entremezclan, con un resultado que no alimenta las esperanzas. 

El proyecto residencial Ramona Gardens cuya construcción comenzó el 16 de marzo de 1940 era una importante parte de la lucha contra la pobreza y el crimen contenía en sí tantas esperanzas que en su inauguración participó el gobernador de California de aquel entonces, Culbert Olson. 

La esperanza llevó a que los mejores arquitectos participaron en su construcción, incluyendo a Lloyd Wright, el hijo de Frank. Y todavía se pueden apreciar las decenas de murales que harían del lugar un centro urbano especial, esplendoroso. Eran algunos de los más importantes exponentes del arte chicano en el país. 

En 1982, después de ser arengados por el presidente Ronald Reagan,  los residentes pintaron todos los 500 edificios residenciales. Para la ocasión, dicen que la pandilla de los Hazard Grande trajo a rivales de las clicas Avenidas, Dogtown y Garrity  para trabajar en el proyecto. O sea, en son de paz.

Pero la esperanza, o la ficción, terminó ahí. Ramona Gardens fue por décadas sinónimo de decaimiento, pobreza, violencia pandilleril, más pobreza, desesperanza. 

En 1990, el Washington Post relataba que el LAUSD bajo su programa Centro de Educación y Trabajo Alternativo (AEWC) tuvo que crear una escuela para 30 alumnos dentro de los proyectos. La mayoría de ellos eran miembros de la pandilla local Hazard Grande y no podían ir a la escuela regular, la Lincoln High, porque allí imperaban las pandillas Clover y Eastlake.

A un lado de Ramona Gardens pasa la autopista I-10 interestatal federal. Una hilera de barreras de concreto a la altura de la cintura, rematadas con malla metálica (chain link fencing) la separa de las casas. Nada más. Sin vegetación, sin muro sólido, sin distancia significativa. Una receta infalible para enfermedades, asma, cáncer de pulmón, etc.

Según la tabla demográfica del Departamento de Vivienda federal (HUD) sobre vivienda pública en Los Ángeles, en 2020 Ramona Gardens tenía 595 unidades registradas. El 92% de  su población eran latinos, 5% afroamericanos, 1% blancos y 2% de otras etnias. Sí, el porcentaje de afroamericanos es sorprendentemente bajo, lamentablemente, para un barrio así de pobre. Es que quienes allí vivían se fueron, por las relaciones tensas con la mayoría hispana. En 1992, las casas de dos familias afroamericanas fueron atacadas con bombas incendiarias. Ellos y los residentes afroamericanos restantes ya no volvieron.Y de sus 1,800 residentes, 700 eran niños. El 64% de los hogares estaban por debajo del nivel de la pobreza, y de hecho,  ganaban menos de 20.000 dólares al año. Imposible que alcance. Para el resto del condado la proporción de pobreza era de 15%. La diferencia es abismal.

Ramona Gardens fue por años una imagen de fracaso. 

Pero muchos residentes pensaron otra cosa. 

Aquí nació y creció Maria “Lou” Calanche, en un hogar compartido con su abuela y otros familiares.

Después de graduarse de la Lincoln High, pasó a la Universidad Loyola Marymount, donde obtuvo un BA en Ciencias Políticas. En la Universidad del Sur de California (USC) completó su Maestría en Administración Pública. 

Teniendo 19 años, organizó un programa de softbol para niñas para recuperar el espacio deportivo del que se había apoderado la pandilla. 

Salió del barrio. Pero esta es una historia de ida y vuelta, no de abandono. De retorno, para servir a la comunidad.

Cuando Calanche volvió al complejo emblemático de su infancia para visitar a su madre que aún vive allí, se dio cuenta de lo poco que progresó el barrio. De que era necesario un cambio. Que ella misma debía iniciarlo. 

Esa visita la devolvió a sus raíces con herramientas nuevas. 

Aquí reunió en 2007 a una decena de mujeres del vecindario, ávidas de cambio – “las diez señoras”, las llamaba. 

Lo que querían era simple: mejor educación para sus hijos y comunicación con los agentes de LAPD. Es decir: esperanza y supervivencia. 

Al año siguiente tomó una decisión difícil. Dejó su puesto de tiempo completo enseñando ciencias políticas en East Los Angeles College para construir Legacy LA, una organización de desarrollo juvenil que surgió de ese grupo de diez señoras y que hoy es reconocida a nivel nacional.

Pasaron 20 años.

Calanche es una líder comunitaria del Este de la ciudad, una educadora, una activista por el desarrollo de la juventud. 

En 2013 el entonces alcalde Eric Garcetti la nombró miembro de la Junta de Comisionados de la Autoridad de Vivienda de la Ciudad de Los Ángeles (HACLA). En 2020, Garcetti la nombró quinto miembro de la Comisión de Policía de Los Ángeles, llamándola “una voz vital por la justicia para el liderazgo de la ciudad en la vigilancia policial del siglo XXI”. Además, es la directora ejecutiva de ExpandLA, un intermediario entre las familias con niños que necesitan esa ayuda y una red de medio millar de organizaciones sin fines de lucro que les proveen servicios extracurriculares. 

Porque organizar, vale, explica: “Mi experiencia en política me enseñó que la rueda que rechina es la que recibe el aceite”. Moraleja: hay que hacer ruido. 

Y ahora, a los 56 años, es candidata a concejala de la ciudad de Los Ángeles por el Distrito 1, que incluye a varios de los vecindarios eminentemente hispanos de la ciudad: Pico Union, MacArthur Park, Elysian Park, Lincoln Heights, Montecito Heights, Cypress Park, Chinatown. Participa en una de las contiendas electorales más reñidas de la ciudad, con una fuerte titular que se postula a la reelección. En un distrito densamente poblado por inquilinos, inmigrantes y familias de clase trabajadora. Que necesitan gente como ella. 

Las elecciones  ya empezaron y culminarán el 2 de junio.  

El proyecto de Ramona Gardens, aunque sumido en la pobreza, es una especie de espejo de los problemas que aquejan al Los Ángeles popular, latino o aframericano, al Los Ángeles pobre. A los inmigrantes indocumentados o no, que configuran una ciudad dentro de la ciudad. Los problemas están a la vista. Solo hay que enumerarlos y darle prioridades en la lista del futuro que uno quiere que sea presente: faroles rotos, miles de personas sin casa, insuficientes viviendas que no alcanzan ni encimandose, la seguridad de los peatones, el acceso a espacios verdes, las multas de estacionamiento. Y más y más.

Pero también es un modelo de superación, de esfuerzo comunitario, de la respuesta que frente a la desesperanza puede proporcionar la unión de la gente. Calanche muestra el camino, o bien su camino. Dice a los votantes en su sitio de internet: “Prometo estar presente, no sólo en los cortes de cinta, sino también cuando las cosas se pongan difíciles… Y prometo ser honesta  contigo”. 

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