Editorial: Kenneth Mejía, un mensaje desvirtuado

El embrollo al que se metió Kenneh Mejía distrae y desvirtúa el buen mensaje con que se presentó, las raíces de su crítica y el alcance de su visión

Kenneth Mejia

Kenneth Mejia Crédito: Cortesía


A partir de 2020 los activistas de izquierda de Los Ángeles – la socialdemocracia estadounidense – se convirtieron en una fuerza poderosa en las elecciones locales, después de casi siete décadas en el desierto electoral. Algunos de sus representantes se postularon a puestos electorales y algunos de ellos ganaron. Su popularidad local emanaba de la promesa de grandes cambios en el enfoque del Ayuntamiento en materia de policía y desamparo, justicia social y solidaridad con los inmigrantes.

Los social demócratas

El partido DSA-LA tuvo logros históricos. En 2024, sus candidatos ocupaban cuatro de los 15 escaños en el concejo municipal de Los Ángeles: Nithya Raman (Distrito 4), 2020; Eunisses Hernández (Distrito 1), 2022; Hugo Soto-Martínez (Distrito 13), 2022 e Ysabel Jurado (Distrito 14), 2024. 

En 2022, Kenneth Mejía, entonces demócrata, con el respaldo de DSA-LA ganó la contraloría de la ciudad de Los Ángeles. 

Los nuevos candidatos estaban en buen camino. Es que los grandes cambios eran, y son aún, necesarios. Si bien no llegó a los extremos de los agentes de ICE, la Policía de Los Ángeles tiene su propio historial de violencia policial; es extenso y penoso. 

Y si bien la alcaldesa Karen Bass hizo el esfuerzo de contener el crecimiento de los sin hogar, sucesivas crisis y una concatenación de factores contribuyeron para que los problemas perduraran y parecieran eternos. Mientras que en 2022 LAHSA, la agencia conjunta del Condado y la Ciudad para encargarse de los homeless, contaba 69,144 de ellos en el condado y 41,980 en la ciudad, en 2025 el número creció a 72,308 y 43,699 respectivamente (con un subconteo de 7,200 según una investigación de RAND), pese a miles de millones de dólares invertidos. Solo en 2022, el presupuesto de LAHSA fue de 856 millones de dólares. Además, la ciudad de Los Ángeles gasta directamente entre $600 y $660 millones por año en personas sin hogar.

Ese fue el momento preciso para que un candidato sin renombre, contactos o cargos electos ganara una importante elección. 

Y es ahí en donde posiblemente anotó su mejor logro: la fiscalización, seguimiento y publicación de los gastos redundantes, innecesarios o directamente de fondos disponibles pero no usados en la lucha contra el desamparo. 

Qué hace el contralor de Los Ángeles

El Contralor es un puesto de enorme responsabilidad y repercusión. No le reporta a la alcaldesa ni al Concejo Municipal. Es un puesto independiente. Para eso lo eligen los ciudadanos. 

Su papel es auditar las finanzas de la ciudad, revisar contratos, supervisar la nómina, investigar el desperdicio y perseguir el fraude. Si bien no gestiona el presupuesto municipal, verifica si se gasta justificadamente. Su oficina tiene unos 160 empleados

Produce recomendaciones y conclusiones, y el equipo del alcalde tiene la tarea de ejecutarlas. 

Esto presupone una condición de entendimiento entre ambos departamentos, en beneficio de las finanzas de la ciudad. 

En momentos de crisis, es un puesto que requiere cooperación más que confrontación. Y lo que no requiere es aparecer en los titulares, ni extenderse a cuestiones más allá de su trabajo que requiere su plena atención. 

La elección de Mejía 

Fue en esa repercusión de protestas, en esa ola de entusiasmo, que Kenneth Mejía resultó elegido en 2022, en reemplazo del titular Ron Galperin que se retiraba. 

Aquel 8 de noviembre de 2022, Kenneth Mejía, de 31 años, le ganó a Paul Koretz, de 67, por el puesto de Contralor. 

Koretz parecía destinado a la victoria; había sido concejal de la ciudad de West Hollywood, miembro de la Asamblea Legislativa de California de 2000 a 2006, después concejal de Los Ángeles entre 2009 y 2022. En esos puestos fue un reconocido progresista. 

Pero la campaña de Mejía fue plena de originalidad. Ganó con sorpresa y juventud, con un núcleo de activistas dedicados y profesionales que luego lo acompañó a las oficinas de la Contraloría. Fue una campaña picaresca: el candidato aparecería vestido de Pikachu, el roedor mascota de las series Pokemon, o escondido entre las ramas. Usó TikTok y las redes sociales de manera masiva y accesible. Sus perros corgis fueron característica de su trayectoria. 

En ese momento de la historia de Los Ángeles, cuando estalló el escándalo de las grabaciones racistas en el Concejo Municipal, se hizo popular personificando la protesta. No importó que Koretz fuese quizás el primer concejal en demandar la renuncia de Kevin de León, Gil Cedillo y Nury Martínez. A él también lo salpicó el escándalo. Mejía, en cambio, gozó de la condición de outsider.

El 12 de diciembre de 2022 asumió el puesto rodeado de curiosidad y simpatía, lleno de promesas. Había ganado los comicios por más de 20 puntos. Había obtenido la mayor cantidad de votos de cualquier candidato a contralor en la historia de la ciudad. Precisamente, ganó porque era un desconocido.  Fue la opción del descontento.

Los que saben 

¿Cumplió Mejía? 

Si hay alguien que puede entender y analizar las acciones del titular, son los que ya fueron contralores de la ciudad, en distintas épocas. Ellos saben, más allá de las listas de éxitos que aparecen en los sitios de los candidatos. 

Rick Tuttle, de 1985 a 2001; Laura Chick, de 2001 a 2009 y Wendy Greuel, de 2009 a 2013. Y cada uno de ellos se opone a la reelección de Mejía. Junto con Galperin, también estuvieron contra su elección en 2022.

Recientemente, dijo de él Chick: “Durante casi tres años, [Mejía], elegido para ser el perro guardián de los contribuyentes, ha ladrado ruidosamente pero ha hecho poco para mejorar la ciudad o las vidas de su gente”. En suma, conocen los detalles y no creen que su labor benefició a la ciudad.

Es que da la impresión de que durante su gestión Mejía consideró a los líderes de la ciudad como rivales, truhanes, insertos en una cruzada para engañar a la gente y derivar presupuestos injustificables. La confrontación lo fue todo. Y si bien los casos individuales muestran errores y quizás favoritismo, eso no justifica desvirtuar o desmantelar todo el aparato de gobierno de la ciudad. 

Es decir: Mejía, en ningún momento pensó en construir coaliciones.

Mejía y Bass

Es emblemático el choque entre Mejía y Bass, quien se opuso a que el Contralor auditara el desempeño de Inside Safe, su programa insignia de atención a homeless

Para salir del atolladero, Mejía propuso en octubre pasado una enmienda a la constitución (chárter) de la ciudad que le permitiera auditar programas dirigidos por otros funcionarios electos sin necesidad de su aprobación.

La colaboración entre ambos funcionarios decayó con el tiempo. A instancias de la alcaldesa, el Concejo Municipal le recortó a Mejía el presupuesto un 15%, con una pérdida de 27 posiciones. 

Para Mejía la oposición a él se debe a que está haciendo su trabajo. Para Bass, a su incapacidad para colaborar. Es lo que hace que su fiscalización sea finalmente ineficaz y el conflicto, ruidoso. 

La campaña de Mejía no parece haberse interrumpido nunca en los últimos tres años, con sus métodos nada ortodoxos, su originalidad mediática y su simpatía personal. 

Al hacerlo, desdeñó el balance, la estabilidad, la colaboración. 

La paradoja que señalan sus críticos ahora es que esa misma energía que le granjeó apoyos como outsider, tan efectiva para ganar, resultó ser un obstáculo para gobernar.

Presupuesto deficitario

Buscando las aristas negativas, Mejía se volcó a analizar las secuelas del déficit presupuestario de la ciudad de Los Ángeles, que era de casi mil millones de dólares, agravado por los costos de los incendios, 287 millones por responsabilidades legales, y problemas estructurales de ingresos, procesos demográficos y otros impedimentos. 

En abril pasado, la alcaldesa propuso un plan de gasto que incluía más de 1,600 despidos para reducir el déficit, causado por ingresos menguantes. En septiembre se aprobó, pero logrando cerrar el déficit y evitar los despidos “mediante maniobras presupuestarias, días voluntarios no remunerados y transferencia de empleados a otros departamentos de la ciudad”, como lo explicaba Fox11. Pero las causas del déficit perduraron y a fines de febrero se calculaba en $263 millones. Ya estamos a finales de mayo y los números reales cambian vertiginosamente. 

La supuesta solución no había sido más que un parche. 

La oficina del Contralor existe precisamente para ser un fiscalizador sólido y efectivo en este tipo de entorno. Las colisiones personales y de concepto obstaculizaron la auditoría. 

Mejía y Sokoloff

Ahora, Kenneth Mejía enfrenta a Zach Sokoloff. Y la relación entre ambos es un ejemplo de todo lo dicho. 

Desde que surgió la candidatura opositora de Sokoloff, la campaña de Mejía lo atacó por su trabajo supervisando Television City y el Radford Studio Center, dos de los estudios de producción más históricos de Los Ángeles, como gerente de activos, cuando el auge del streaming colapsó y los incentivos fiscales más competitivos en otros estados y países provocaron una caída en los rodajes locales

Lo dicho: Mejía y su equipo son buenos para encontrar los problemas inherentes a nuestro sistema y sacar a relucir fracasos, injusticias e irregularidades. Pero desde afuera. Por eso la respuesta de Sokoloff fue correcta: “Yo le preguntaría si durante su mandato, cuando tenía el poder de ayudar a una industria que claramente estaba en dificultades, ¿hizo algo para marcar la diferencia?”

Al fin de cuentas, las plataformas de ambos candidatos no difieren en mucho. Mejía insiste en la transparencia y en correr el velo de la secrecía. Sokoloff dice que será el auditor de cada dólar malgastado. 

Esto lleva a una interesante conclusión: Mejía es ahora el insider, aquel a quien sus críticos hacen responsable por sus acciones. No es más el outsider, aquel a quien responsabilizan de sus promesas. 

El trabajo del contralor no puede enfocarse en sí mismo. Y la ortodoxia política no puede convertirse en una distracción en vez de una ayuda.  Los Ángeles necesita una coalición de los principales elementos que sostienen a la ciudad.  

Denuncias de comportamiento

Escribo todo esto sin necesidad de adentrarme demasiado en los alegatos sobre conducta censurable de Mejía respecto a sus subordinados, denuncias que emanan de los testimonios de tres de sus colaboradores originales que perdieron sus puestos y lo han acusado, entre otras cosas, de acoso. 

En abril de 2023, el LA Times informó  que según estos ex colaboradores Mejía hizo comentarios sexuales reiterados hacia una joven empleada frente a sus colegas, incluso después de que le pidieran que parara. Que Mejía despidió a su director de tecnología e innovación, Kyler Chin, y a su directora de participación comunitaria, Shekinah Deocares. Y que ambos habían sido miembros clave de su campaña.

Eso es lo que me llama la atención: no es el personal antiguo de la oficina el denunció a Mejía, sino miembros del grupo de activistas de izquierda que hicieron posible su victoria, con un trabajo intenso de campo, llamadas y canvassing.  Estos exvoluntarios de su campaña dicen que el contador de entonces 32 años desdibujó la línea entre amistad y empleo. 

Sin afirmar que los alegatos son veraces y fehacientes: cuando hay acusaciones de abuso sexual, al menos inicialmente, le creemos a las víctimas. Es el punto de partida. 

Desvirtúa el buen mensaje

Y para terminar, si hay algo que lamento en este embrollo al que se metió Mejía, es que distrae y desvirtúa el buen mensaje, las raíces de su crítica y el alcance de su visión. Resultó bueno como propagandista, pero menos como contralor de la ciudad de Los Ángeles. Qué lástima.

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Editorial Elecciones
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