El calor extremo está elevando el costo de la electricidad y poniendo en mayor riesgo a las embarazadas

El calor extremo ya no solo cambia cómo vivimos el verano, también se está convirtiendo en un problema de salud que afecta a las mujeres y a sus bebés

El calor extremo también puede empeorar la calidad del aire.

El calor extremo también puede empeorar la calidad del aire. Crédito: Adam Gray | Amazon

El aire acondicionado lleva encendido desde temprano.

Les recuerdas a tus hijos que hoy no pueden jugar afuera porque hace demasiado calor. Llenas las botellas de agua antes de salir de casa y revisas la calidad del aire antes de que vayan al entrenamiento. Unas semanas después llega el recibo de la luz… y es más alto que el del verano pasado.

Para millones de hogares, esta ya es la nueva realidad del verano.

Como mamá, sé que estas decisiones no se sienten políticas. Se sienten personales. ¿Cómo protegemos a nuestros hijos cuando el aire no es saludable, la casa se calienta demasiado y mantenerla fresca cuesta cada vez más?

Para muchas madres latinas, especialmente quienes están embarazadas, estas preocupaciones tienen aún más peso. El calor extremo ya no solo cambia cómo vivimos el verano. También se está convirtiendo en un problema de salud que afecta a las mujeres, a sus bebés y a toda la familia.

Cuando sube la temperatura, también aumenta el riesgo

El calor extremo no solo hace que los días sean más difíciles. También puede empeorar la calidad del aire.

De acuerdo con el informe State of the Air 2026 de la American Lung Association, el 44 % de las personas en Estados Unidos vive en lugares donde la contaminación del aire alcanza niveles poco saludables.

Respirar ese aire puede provocar dificultad para respirar, ataques de asma, irritación en los pulmones y dolor en el pecho. Los niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas, quienes trabajan al aire libre y las personas con enfermedades respiratorias o del corazón son quienes enfrentan mayores riesgos

Como explica la Dra. Juanita Mora, neumóloga y vocera de la American Lung Association, cuando aumentan las temperaturas también aumentan los riesgos para quienes ya tienen problemas respiratorios, especialmente los niños y las mujeres embarazadas.

En muchas comunidades latinas estos riesgos se viven todos los días.

Algunas personas viven cerca de autopistas con tráfico constante de camiones, aeropuertos o zonas industriales donde la contaminación suele ser mayor. Otras trabajan en la construcción, la agricultura, el mantenimiento de jardines o el transporte, empleos donde pasar horas bajo el sol es parte de la rutina.

Imagine a una mujer embarazada que vive cerca de una carretera muy transitada. Durante el verano no solo enfrenta temperaturas más altas; también respira un aire más contaminado mientras intenta proteger su salud y la de su bebé.

Para un niño con asma, un día con mala calidad del aire puede significar perderse el entrenamiento de fútbol o quedarse dentro de casa en lugar de salir a jugar.

El costo de mantenerse a salvo

Con los veranos cada vez más calurosos, el aire acondicionado dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad de salud.

Esto es especialmente cierto para mujeres embarazadas, niños con problemas respiratorios, personas mayores con enfermedades del corazón y quienes dependen de equipos médicos que funcionan con electricidad.

Pero mantenerse a salvo tiene un costo.

Cada verano, miles de familias reciben recibos de electricidad más altos y deben tomar decisiones muy difíciles.

¿Prendemos el aire acondicionado o compramos menos comida?

¿Pagamos la luz o dejamos otra cuenta para después?

Para algunas familias, estas decisiones incluso pueden terminar con el corte del servicio eléctrico. Nadie debería tener que elegir entre proteger la salud de su familia y mantener sus finanzas a flote.

Lo que empieza como una ola de calor termina afectando el presupuesto del hogar.

¿Quién decide cuánto pagamos por la electricidad?

Muchas personas saben que el recibo de la luz aumentó. Lo que pocas saben es quién autorizó ese aumento o cómo pueden participar antes de que esas decisiones se tomen.

Cuando una compañía eléctrica quiere aumentar sus tarifas, alguien tiene que aprobar esa solicitud.

En muchos estados, esa responsabilidad recae en las comisiones de servicios públicos, organismos gubernamentales que supervisan a las empresas de electricidad, revisan las propuestas de aumento de tarifas y deciden qué proyectos de energía pueden desarrollarse.

Aunque muchas personas nunca han escuchado hablar de estas comisiones, sus decisiones afectan directamente el bolsillo de millones de familias.

También influyen en si se invierte en energías más limpias o en proyectos que pueden aumentar la contaminación y elevar aún más los costos de la electricidad.

Las compañías eléctricas llegan a estas reuniones con abogados y especialistas.

Muchas veces, las familias que pagarán esos aumentos no están presentes.

Eso significa que quienes toman las decisiones escuchan principalmente una sola voz.

La buena noticia es que las comunidades sí pueden participar. Asistir a audiencias públicas, enviar comentarios, hacer preguntas o trabajar junto a organizaciones comunitarias son formas de hacer que las necesidades de las familias también sean parte de la conversación.

Qué puede hacer para proteger a su familia

Aunque resolver este problema requiere cambios en las políticas públicas e inversiones a largo plazo, hay medidas que pueden ayudar a reducir los riesgos durante las olas de calor.

Crédito: Cortesía

Un problema que llega hasta la puerta de nuestra casa

Con frecuencia hablamos del cambio climático pensando en políticas nacionales o acuerdos internacionales.

Pero para muchas madres latinas sus efectos se viven en la vida diaria.

Es el niño que no puede salir a jugar porque el aire está contaminado.

Es la mujer embarazada que vive cerca de una autopista y se pregunta si el aire que respira puede afectar a su bebé.

Es la persona que trabaja al aire libre bajo temperaturas cada vez más extremas.

Es el recibo de la luz que cada mes deja menos dinero para cubrir otras necesidades.

Cada verano trae nuevos récords de temperatura. Pero detrás de esas cifras hay decisiones cotidianas que millones de familias enfrentan todos los días: proteger la salud de sus hijos, mantener fresca la casa sin poner en riesgo el presupuesto y respirar un aire limpio.

Comprender cómo el calor extremo afecta la salud y conocer quién toma las decisiones sobre la energía y la calidad del aire es un primer paso para que más comunidades puedan prepararse, participar y proteger a sus familias.

(*) Liz Hurtado, Senior Manager de Participación Comunitaria y Alianzas de EcoMadres.

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