Fases del luto: cómo entender el proceso y empezar a superarlo
No se trata de una lista de casillas a cumplir. Lejos de ser un mapa exacto, las fases funcionan más como una guía orientativa de las emociones
Familia llora una pérdida en un funeral. Crédito: PeopleImages | Shutterstock
Perder a alguien querido —o incluso atravesar otras formas de pérdida, como el fin de una relación, un trabajo o la salud— desata un proceso emocional complejo que no sigue un guion fijo. Especialistas en salud mental coinciden en que conocer las etapas del duelo no sirve para “apurarlo”, sino para comprender que lo que se siente, por intenso que sea, forma parte de un proceso humano y transitable.
Durante décadas, el modelo más citado para describir el duelo fue el que propuso la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross en 1969, pensado originalmente para pacientes terminales y luego extendido a cualquier tipo de pérdida. Sus cinco fases —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— siguen siendo un punto de referencia habitual en libros, terapias y conversaciones cotidianas sobre el duelo.
Sin embargo, la propia psicología del duelo ha matizado mucho ese esquema con el paso de los años. Hoy existe consenso entre profesionales de la salud mental en que estas fases no son lineales ni obligatorias: no todas las personas las atraviesan, no siempre aparecen en ese orden y es común ir y volver entre ellas, incluso experimentar varias a la vez. No se trata de una lista de casillas a cumplir. Lejos de ser un mapa exacto, funcionan más como una guía orientativa de las emociones que suelen aparecer tras una pérdida significativa.
Las cinco fases más conocidas
Negación. Es habitual que, en un primer momento, la mente se resista a asimilar la magnitud de lo ocurrido. Frases como “esto no puede estar pasando” son una forma de amortiguar el impacto inicial y darle al cuerpo y a la mente tiempo para procesar la noticia.
Ira. Cuando la negación empieza a ceder, suele emerger el enojo: hacia la circunstancia, hacia uno mismo, hacia terceros o incluso hacia la persona fallecida. Es una reacción normal frente a la sensación de injusticia o de pérdida de control.
Depresión o tristeza profunda. Se trata del momento en que el dolor se hace más presente y consciente. Puede manifestarse con cansancio, desinterés por actividades cotidianas, aislamiento o llanto frecuente. Es importante distinguir esta tristeza propia del duelo de un cuadro de depresión clínica, que requiere atención profesional específica.
Aceptación. No significa “estar bien” ni olvidar, sino llegar a un punto en que la pérdida se integra en la propia historia de vida, permitiendo retomar la rutina y proyectar el futuro sin que el dolor lo ocupe todo.

¿Y si el duelo no encaja en este esquema?
Investigaciones más recientes, como las de la psicóloga estadounidense Lucy Hone o el trabajo del médico George Bonanno sobre resiliencia, han mostrado que muchas personas no atraviesan un proceso tan estructurado: algunas se adaptan con relativa rapidez, otras oscilan durante mucho tiempo entre momentos de dolor agudo y otros de normalidad. Esta variabilidad es completamente normal y no debería generar culpa ni la sensación de estar “haciendo mal el duelo”.
Primeros pasos para empezar a transitar el luto
Los especialistas suelen coincidir en algunas recomendaciones generales para quienes atraviesan una pérdida:
- Permitirse sentir. Reprimir el dolor o intentar “seguir como si nada” tiende a prolongar el proceso en lugar de acortarlo.
- Hablar de lo ocurrido. Compartir recuerdos y emociones con personas de confianza ayuda a procesar la pérdida, aunque cada persona tiene su propio ritmo para hacerlo.
- Mantener ciertas rutinas. Sostener hábitos básicos —horarios de sueño, alimentación, alguna actividad física— da una estructura útil cuando todo lo demás se siente inestable.
- Evitar decisiones drásticas en caliente. Cambios importantes de vida tomados en medio del dolor agudo pueden añadir más inestabilidad de la necesaria.
- Buscar apoyo profesional cuando el dolor no cede. Si la tristeza se vuelve incapacitante, se prolonga de forma muy intensa durante meses o interfiere gravemente con la vida diaria, la consulta con un psicólogo o psiquiatra puede marcar una diferencia real.
Un proceso que no se “supera” de una vez
Más que hablar de “superar” el duelo como un punto final, muchos terapeutas prefieren hablar de aprender a convivir con la pérdida.
El objetivo no es borrar el dolor, sino que, con el tiempo, deje de ocupar el centro de la vida cotidiana y la persona pueda volver a proyectarse hacia adelante, cargando el recuerdo sin que este la paralice.
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