¿Tu mente imagina accidentes y tragedias? No estás solo y tiene una explicación
Pensar en accidentes o tragedias de forma repentina es más común de lo que parece y la psicología explica por qué ocurre
Imaginar tragedias o accidentes repentinos puede provocar ataques de ansiedad o altos niveles de estrés. Crédito: Yourphotopie | Shutterstock
Expertos en psicología señalan que imaginar accidentes y tragedias repentinas, incluso sin motivos aparentes, es mucho más común de lo que parece. Incluso, aclaran que por sí solas no indican un problema de salud mental.
Un asalto, una muerte trágica, un derrumbe o un accidente doméstico peligroso. ¿Te ha pasado? La Asociación Americana de Psicología los denomina “pensamientos intrusivos” y explica que representan un mecanismo del cerebro para anticipar posibles amenazas.
Por muy perturbadores que sean en el momento, antiguamente su función original era favorecer la supervivencia. Sin embargo, estos pensamientos intrusivos han evolucionado en la sociedad actual, por lo que generan ansiedad, estrés o una preocupación innecesaria.
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¿Por qué el cerebro imagina los peores escenarios?
Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano está programado para detectar riesgos antes de que ocurran. Durante miles de años, anticipar un ataque, un accidente o cualquier amenaza aumentaba las posibilidades de sobrevivir.
Según estudios científicos, ese sistema de alerta continúa funcionando en la actualidad, aunque los peligros cotidianos sean muy distintos. Como consecuencia, la mente puede elaborar escenarios negativos de forma automática, incluso mientras realizamos actividades tan comunes como conducir, caminar por la calle o esperar que un familiar llegue a casa.
Los psicólogos llaman a este fenómeno catastrofización, un patrón mental que lleva a asumir el peor desenlace posible aunque existan pocas evidencias de que vaya a suceder.
¿Qué favorece la aparición de estos pensamientos?
Diversos factores pueden hacer que los pensamientos intrusivos aparezcan con mayor frecuencia.
Uno de ellos es el estrés. Cuando una persona atraviesa periodos de presión laboral, problemas económicos o conflictos personales, el cerebro permanece en un estado de mayor vigilancia y tiende a exagerar los riesgos.
La falta de sueño también desempeña un papel importante. Dormir poco reduce la capacidad para regular las emociones y facilita que las preocupaciones se intensifiquen.
Además, quienes padecen ansiedad o han vivido experiencias traumáticas pueden desarrollar una mayor tendencia a imaginar accidentes, enfermedades o tragedias como una forma involuntaria de prepararse para lo peor.
Algunos especialistas también explican este fenómeno mediante la llamada “ilusión de control”. El cerebro cree, de manera inconsciente, que pensar repetidamente en un posible problema permitirá afrontarlo mejor si algún día ocurre, aunque en realidad no exista evidencia de que eso reduzca el riesgo.
¿Cómo manejar los pensamientos intrusivos?
Los especialistas en psicología humana recomiendan no luchar constantemente contra estos pensamientos, ya que intentar eliminarlos por la fuerza puede hacer que aparezcan con mayor frecuencia.
En cambio, resulta más útil reconocer que se trata únicamente de una idea pasajera y cuestionar su veracidad. Preguntarse si existen pruebas objetivas de que ese escenario realmente ocurrirá ayuda a disminuir su impacto emocional.
También pueden ser útiles técnicas de respiración, ejercicios de atención plena (mindfulness) y enfocarse en el momento presente para reducir el estado de alerta del sistema nervioso.
Si estos pensamientos se vuelven persistentes, generan un elevado nivel de ansiedad o interfieren con el trabajo, el descanso o las relaciones personales, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud mental.
Un psicólogo o psiquiatra, dependiendo del caso, puede identificar la causa y ofrecer estrategias eficaces para aprender a gestionarlos sin que afecten tu calidad de vida.
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